La Rioja

El viaje de cinco ministros a La Rioja que enfureció a Montoro

Todo (como suele pasar en la vida) empezó con un vino y en torno a una mesa. Esta vez fue en La Rioja (seguramente porque no haya mejor lugar en el mundo para hacerlo). Aquel viaje de marzo de 2014 casi clandestino de cinco ministros del Gobierno de Mariano Rajoy, entre bodegas centenarias en Haro y cenas discretas, que sembró las semillas de una oposición interna a Cristóbal Montoro, aflora una década después. Lo que parecía una escapada entre amigos se convirtió en el germen de una fractura dentro de ese Ejecutivo que vuelve a salir a la luz ahora que el que fuera todopoderoso ministro de Hacienda está en el centro de la actualidad, esta vez como imputado. Varios excompañeros, hoy ya fuera de la política, recuerdan en El Mundo aquel viaje como el inicio del distanciamiento con quien acabaría convertido en una figura temida… incluso dentro de su propio gabinete.

Corría 2014 cuando los ministros José Manuel García-Margallo (Exteriores), Jorge Fernández Díaz (Interior), José Manuel Soria (Industria), Miguel Arias Cañete (Agricultura) y Ana Pastor (Fomento) decidieron escaparse juntos a La Rioja con sus parejas. El grupo, todos ellos próximos a Rajoy, se alojó en el Hotel Los Agustinos de Haro, cenó en La Vieja Bodega de Casalarreina y visitó las centenarias bodegas López de Heredia, en dos jornadas enológicas que se planearon con total discreción pero que no pasaron desapercibidas para los cronistas locales.

Aquella escapada no fue solo turística. En torno al vino y las confidencias surgió un núcleo crítico contra la influencia que empezaban a acumular Cristóbal Montoro y su aliada, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, en el Gobierno de Rajoy. Entre copa y copa se consolidó lo que luego sería conocido en Moncloa como el G-5, un grupo que pronto se ampliaría a ocho y cuyo principal punto de fricción era el modo en que se estaba gestionando el poder en el Consejo de Ministros. A Rajoy le costó aceptar que esa reunión tuviera trasfondo político, sobre todo porque incluía a su amiga leal Ana Pastor, pero cuando comenzaron a llegarle quejas de presiones fiscales, filtraciones interesadas y advertencias veladas, entendió que aquello había ido más allá de un simple viaje de amigos.

Tras ese viaje, Montoro, afianzado en su papel de ‘el coco’ del Gobierno, llegó a despertar auténtico terror entre sus compañeros. Algunos afirmaban medio en broma que temían estar siendo vigilados por Hacienda o espiados por el CNI. La desconfianza era tal que las reuniones del Consejo de Ministros se convirtieron en encuentros forzados y saludos protocolarios. El caso más claro fue el del ministro José Manuel Soria, quien denunció presiones relacionadas con su reforma de las renovables y pocos meses después, una filtración acabó con su carrera política tras aparecer su nombre vinculado a sociedades offshore.

Otros miembros del grupo también sufrieron consecuencias: Arias Cañete fue vinculado a empresas petroleras y su esposa apareció en los Papeles de Panamá; García-Margallo quedó aislado en su pulso con Exteriores; y Pastor fue apartada de los círculos decisivos. Todo indicaba que el enfrentamiento interno tenía peajes políticos altos, pero ninguno de ellos acusó nunca directamente a Montoro.

Hoy, muchos de aquellos ministros prefieren no hablar del pasado. Alegan que Rajoy tenía demasiados frentes abiertos como para detenerse en esas batallas internas. La imagen de un Gobierno dividido, con ministros temerosos de ser fiscalizados por su propio compañero, dejó cicatrices profundas. Varios de ellos, aunque ya fuera de la política activa, siguen considerando aquel viaje a La Rioja como el principio del fin. Fue allí, entre barricas y reservas, donde comenzó la resistencia silenciosa a un ministro que ahora afronta, no la crítica de sus compañeros, sino la justicia.

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