Salud

La acumulación de horas ‘salva’ a la Atención Primaria este verano

La acumulación de horas ‘salva’ a la Atención Primaria este verano

Como cada verano, los centros de salud de La Rioja se enfrentan a una situación límite. La Atención Primaria, ya tensionada el resto del año, se ve empujada al límite durante los meses estivales por la combinación de vacaciones, bajas, excedencias y el aumento de población en las zonas más turísticas, en mucho casos municipios pequeños. A pesar de que desde la gerencia de Atención Primaria se insiste en que «la asistencia está garantizada», en la trinchera del día a día los profesionales aseguran que están “trabajando al 150 por ciento”. Los médicos que se quedan deben asumir los cupos de quienes descansan, lo que genera agendas infinitas, menor tiempo por paciente y un agotamiento que se convierte casi en crónico.

En Calahorra, por ejemplo, esta semana solo trabajan 6 de los 15 médicos habituales. Aunque por normativa no puede estar de vacaciones más del 33 por ciento de la plantilla a la vez, la realidad es que hay que sumar a los que están de baja, en excedencia por cuidado de menores o salientes de guardia, haciendo que en algunos casos seis profesionales hagan el trabajo de quince.

Desde la gerencia de Atención Primaria, su responsable Begoña Ganuza ofrece un mensaje de calma: “Este está siendo un verano tranquilo”. Según explica, las 20 zonas básicas de salud están cubiertas, se mantienen los 13 Puntos de Atención Continuada de La Rioja y no ha sido necesario cerrar ningún consultorio. “La asistencia está garantizada”, insiste. Reconoce que hay algo más de acumulación de agendas, pero asegura que no hay pacientes sin atender.

Uno de los problemas detectados, comenta, es que la app solo muestra la disponibilidad con el médico asignado. Por eso recuerda que llamando por teléfono o acudiendo presencialmente al centro de salud es posible obtener cita con otro profesional.

Ganuza admite que no se han podido hacer sustituciones por la falta de médicos en la bolsa de empleo, pero defiende que “con mucha planificación y cuadrantes bien hechos” están saliendo adelante. “En julio no ha habido problemas y esperamos que en agosto tampoco”, asegura. Explica que las vacaciones se solicitan desde marzo para poder planificar con antelación y dejarlo todo organizado, aunque admite que las bajas imprevistas son difíciles de prever.

Entre las medidas adoptadas está el uso de módulos de actividad por la tarde, realizados por médicos mayores de 55 años que están exentos de guardias. Además, en consultorios pequeños se han reforzado plantillas con celadores para que, si el médico tiene que salir a un domicilio, el centro permanezca abierto. También se han habilitado apoyos en pediatría, uno de los servicios más afectados por la falta de profesionales. “Médicos de Logroño están subiendo por las tardes a algunos pueblos para garantizar la atención”, añade.

Por otro lado, la llegada de los nuevos médicos internos residentes (MIR) al terminar su formación también ha servido de refuerzo. Cuatro ya se han incorporado en julio y varios más lo harán en agosto.

La realidad desde dentro: «Atender rápido no es atender bien»

Lejos del discurso oficial, los sanitarios describen un panorama diferente. Miguel Azofra, médico en zona rural, explica que en localidades como Galilea, Alcanadre o Ausejo, tres médicos se reparten los cupos de toda la zona. “Cuando uno está de vacaciones, los otros dos se reparten parte de su carga, pero es imposible cubrirlo todo”, afirma. Esto implica más trabajo en menos tiempo y, como él mismo señala, “cuando se hacen las cosas rápido es más fácil cometer errores”.

Uno de los mayores problemas que enfrentan es la atención a domicilio. “En Logroño puedes ir andando a un aviso, aquí puede ser media hora de coche. Eso deja el centro vacío y a la gente esperando”, relata. Azofra también denuncia una situación preocupante: “Nos hemos acostumbrado a que nos atiendan médicos sin especialidad, y eso no puede ser. Están haciendo guardias y viendo pacientes sin los cuatro años de formación que exige la especialidad”.

La sobrecarga también se vive intensamente en las consultas convencionales. Los médicos aseguran que las guardias están cubiertas, pero no las consultas diarias. Las zonas turísticas, especialmente, están saturadas. “Cuatro o cinco días de espera no te los quita nadie”, dice uno de ellos.

Pilar es enfermera en uno de los centros de salud de La Rioja. Es tajante: “Lo estamos salvando a base de acumulaciones. Hago más horas en verano, incluso contando las semanas que estoy de vacaciones, que en cualquier otro mes del año”. Se están metiendo consultas “con calzador” y aunque no se cierran servicios, lo hacen a costa del desgaste del personal. “Acabamos agotados”.

En pediatría, la situación es aún más complicada. “Hay centros con pediatra y medio, con cupos enormes de niños. Es muy difícil ofrecer una atención adecuada”, explica. Además, aunque el verano parece sinónimo de calma, las enfermedades no se detienen. “El calor descompensa mucho a las personas mayores, y eso genera urgencias e imprevistos”, añade.

A diario, cada cupo médico ofrece siete citas para imprevistos. “La gente lo sabe y acude a primera hora para coger una. Pero luego vienen los imprevistos reales y hay que atenderlas igual”. Algunos médicos están viendo a más de 40 personas al día. “Menos de diez minutos por paciente. No es posible hacer prevención, ni promoción de hábitos saludables, ni nada. Es medicina exprés”.

El cansancio se acumula. “Estamos trabajando con una presión muy fuerte, con agendas infinitas”, dicen. Hay médicos que llegan antes de su hora para adelantar trabajo administrativo y se marchan más tarde para poder atenderlo todo. “Atender rápido no es atender bien, se nos pueden pasar cosas”, concluyen.

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