Cultura y Sociedad

Más obstáculos, más convicción: la Gaita Mixta no se rinde

A pocas horas de que concluyan las fiestas de Santa Ana en Cervera, el ambiente festivo convive con una de las polémicas del verano: la imposibilidad de que las chicas de la Gaita Mixta participen en los actos tradicionales de las fiestas. Así ha sido a lo largo de todo el fin de semana como lleva siéndolo toda la vida a pesar de que ellas llevan años intentándolo. Aunque este domingo se ponían fin a los actos religiosos, aún queda espacio para la danza y la reivindicación en el tradicional Pobre de Mí, que se celebra este lunes en la calle y lejos del control de la cofradía y que se ha convertido en otro momento clave de las fiestas para estas jóvenes que siguen convencidas de que las chicas también deben tener la posibilidad de bailar en las fiestas de su pueblo.

Estas chicas, que desde hace años intentan hacerse un hueco legítimo en los actos oficiales, no han faltado a su cita festiva este fin de semana a pesar de los obstáculos —cada vez más visibles— que algunos sectores tratan de imponerles. Lo vivido en esta edición de las fiestas ha dejado claro que el conflicto sigue latente, y que la tradición se usa como excusa para excluir en lugar de unir.

El viernes fue un ejemplo claro de estas tensiones. No solo se impidió a la Gaita mixta bailar en la iglesia, como ya es costumbre, sino que incluso se les pusieron trabas para hacerlo en la calle. Según relatan las propias integrantes del grupo, se colocaron gigantes en mitad de la plaza con la clara intención de entorpecer su participación. Aun así, bailaron. No con comodidad, pero sí con firmeza.

El sábado, durante la procesión, se repitió una escena que, tristemente, se ha convertido en habitual: los miembros de la Gaita tradicional se organizaron para formar un pasillo y dar la espalda a las jóvenes, colocándose delante y relegándolas a una segunda fila. La exclusión fue de nuevo visible.

Sin embargo, el domingo trajo consigo algo distinto: el apoyo explícito de los vecinos. En los actos de ‘Santanilla’, en el momento de que bailen los veteranos, las chicas de la Gaita mixta eran rodeadas por un nutrido grupo de personas que bailó con ellas. «Mientras ellos estaban bailando unos pocos, nosotras teníamos a un montón de gente demostrando que el apoyo crece cada año», relatan desde el grupo. Las imágenes de ese momento no solo fueron impactantes, sino también reveladoras de un cambio social que está habiendo entre los vecinos.

Durante años, se acusó a estas jóvenes de querer romper la convivencia del municipio. Pero el tiempo y su actitud respetuosa han ido desarmando esas críticas. «No nos dejan entrar, pues no entramos. Pero son ellos los que están quedando en evidencia al ponernos tantas pegas. Ya no les vale con prohibirnos bailar en la iglesia, ahora también les molesta que lo hagamos en la plaza», explican.

La Gaita mixta, formada hoy por más danzantes que la Gaita tradicional, comenzó su andadura hace unos años años. Desde entonces, no han dejado de crecer en número y en fuerza. «Nos queda cuerda para rato. La Gaita mixta ha venido para quedarse, no es una moda», afirman con determinación.

Ese crecimiento ha sido posible, en gran parte, por el cambio de mentalidad de muchos vecinos, sobretodo gente más mayor. «Muchos que antes pensaban diferente, ahora nos apoyan porque sus hijas o nietas quieren bailar. Y eso hace que se den cuenta de que las cosas tienen que cambiar». Algunas de las pioneras hoy rozan los treinta años, pero las nuevas generaciones llegan con energía. «Tenemos chicas de 15 y 16 años que están entrando y arrastrando a otras. Es emocionante».

Y lo más importante: se respira buen ambiente entre ellas. «Esto es un movimiento imparable. Aquí hay ganas de disfrutar y de hacer las cosas bien», dicen.

A pesar del apoyo cada vez mayor de los vecinos, el mal clima que se vive con algunos de los danzadores de la Gaita tradicional es evidente: «La actitud de los chicos que bailan hacia nosotras cada vez es peor. Hace unos años algunos compartían baile con nosotras después de bailar con la Gaita tradicional. Ahora eso es imposible. En eso estamos retrocediendo».

El ‘Pobre de Mí’, acto no oficial y realizado en la vía pública, es el único momento en el que las normas de la cofradía no imperan. Pero es, paradójicamente, uno de los momentos de mayor tensión. «Es cuerpo a cuerpo y como tenemos las de perder, preferimos bailar detrás de ellos, en lugar de hacerlo todos juntos», cuentan. Eso sí, todavía hay espacio para la esperanza: “Los chicos de San Gil tienen algo más de tolerancia. Pero con los de Santa Ana… no hay forma».

Así, entre bailes a contracorriente, las chicas de la Gaita mixta siguen marcando el compás de un cambio inevitable. Porque como ellas mismas dicen: «No vamos a parar de bailar».

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