Cultura y Sociedad

Día grande en el Rockland: nada de este mundo puede detener a Iggy Pop

En efecto, los viejos rockeros nunca mueren. Y en el particular caso de Iggy Pop, me surgen serias dudas de que hasta la Parca sea capaz darle el sueño de los justos con un simple golpe de guadaña. A sus 78 años y medio se plantó el de Michigan por primera vez en La Rioja, que a buen seguro no sabe colocar en el mapa. Y aunque podría agarrarse a mil y una excusas para quedarse en su casita de Miami, don James Newell Osterberg Jr siempre responde a la llamada del rock and roll, que le encomendó liderar el cartel en el día grande de un Rockland colosal… y desde luego que cumplió con el encargo.

Exactamente dos compases tardó ‘La Iguana’ en despecharse, mandando a tomar viento el chalequito con el que se mostró ante más de diez mil espectadores. Iggy Pop combate siempre a pecho descubierto y ni su maltrecha cadera le impidió patearse de lado a lado el escenario durante la hora y 20 minutos en las que agitó a un público entregado, consciente de estar viendo los últimos coletazos de una leyenda viva del rock.

Iggy Pop, a sus 78 años, sobre el escenario principal del Rockland. FOTO: Luis Carbonell/ Rockland.

Ahora bien, el norteamericano distingue a la perfección la diferencia entre ser y estar, por lo que puso todo su empeño en hacer de su actuación algo difícil de olvidar. A lomos de una curtidísima banda coronada por la presencia de viento metal, Iggy Pop supo jugar con el repertorio para mantener al público enchufado. Tras chapurrear «no tengo coche. Can you pick me up?» dio paso a ‘The Passenger’, con el que el respetable gozó de lo lindo entonando el «la la la la lalala» del estribillo.

El escenario principal, a rebosar durante al actuación de Iggy Pop. FOTO: Luis Carbonell/ Rockland.

Los no iniciados pudieron pensar en ese momento que el concierto no podía sino empeorar, que la leyenda había consumido antes de tiempo los mejores cartuchos. Pero más sabe el diablo por viejo que por diablo y ‘el padrino del punk’ encadenó una ráfaga de temas que enfervorizaron a sus fieles desde sus primeros compases: ‘Lust for Life’, ‘Death Trip’ y ‘I Wanna Be Your Dog’.

FOTO: Luis Carbonell/ Rockland.

No había respiro posible. Iggy Pop se ríe a carcajadas del edadismo y hasta al bajista le costó seguirle el ritmo por momentos, hasta el punto de reventar una de sus cuerdas en plena actuación. Con varios «fucking thanks» correspondía ‘La Iguana’ a un público postrado a sus pies, que aún presenciaría un arreón final digno de la histórica cita en tierras poco dadas a recibir a mitos vivientes. Tras una fugaz sentada y varios sorbitos a una cantimplora -vaya usted a saber qué suerte de pócima contenía-, brindó los mejores momentos de su paso por La Rioja, con enérgicas interpretaciones de ‘I Feel Alright’, ‘Some Weird Sin’ o ‘Modern Day Rip Off’.

Con un entrañable «te quiero mucho», Iggy Pop verbalizó su despedida del Rockland que, como quien deja una tarjeta de visita, se produjo al son de ‘Real Wild Chid’, con un divertidísimo ‘Funtime’ coreagrafiado con el público a modo de propina.

Un huracán desde las antípodas

Casi con idéntica expectación y devoción se aguardó el concierto de Wolfmother, los australianos que –junto a Jet, también presente en el Rockland– sacudieron hace dos décadas el panorama internacional con su rock que evoca inevitablemente a referencias como Led Zeppelin, Black Sabbath o a sus paisanos AC/DC.

FOTO: Luis Carbonell/ Rockland.

La actuación que echó el cierre a la jornada sabatina en el festival, todo hay que decirlo, se vio empañada por unos problemas de sonido inexistentes en un escenario en el que hasta el momento todas las bandas habían sonado exquisitas como un vinilo. El bajo absorbió todo lo demás, dificultando hasta el extremo distinguir la guitarra de Andrew Stockdale en temas en los que su instrumento soporta todo el peso, tal es el caso de un ‘White Unicorn’ echado a perder por esta circunstancia.

FOTO: Luis Carbonell/ Rockland.

Pese a ello, contentaron a una audiencia a la que recibieron a ritmo de ‘Dimension’, para regalarle acto seguido su icónico ‘Woman’, que desató la locura entre el mar de cabezas. El líder de la banda estaba gozador, tal vez por celebrar sobre el escenario su 49º cumpleaños. «Esta es la mejor manera de celebrarlo, rodeado de gente y tocando rock and roll», señaló Stockdale después de que sus compañeros le sorprendieran con una velita y un dulce que compartió con las primeras filas.

Andrew Stockdale, brindando por sus 49 primaveras.

Tal vez se hiciera algo monótono un repertorio que dejó para el final su aclamado ‘Joker and The Thief’ y que apenas bajó pulsaciones al encadenar ‘Mind’s Eye’ (el primer sencillo de la banda) y ‘Vagabond’. Fue, con todo, un memorable paso por un Rockland que este año ha desplegado su apuesta más ambiciosa y se sitúa ya como una de las plazas importantes en el mapa europeo del rock.

Morgan, la joya oculta entre los watios

La jornada central del ciclo, además de los colosos anteriormente mencionados, se completó con un heterogéneo desfile de bandas entre los dos escenarios del recinto. Por problemas internos, Deadletter se cayó del cartel y los vascos Kokein acudieron al rescate. Junto a los Flying Rebollos y sus sonidos clásicos, fueron los encargados de ir caldeando un ambiente cargado de nostalgia patria (con Delirium Tremens, que volvieron recientemente a la escena) y jóvenes que vienen empujando fuerte desde las islas británicas (mención especial para The K’s y su energía desbordante).

FOTO: Luis Carbonell/ Rockland.

Sin embargo, una de las mayores ovaciones fue para una banda aparentemente desubicada en un maremágnum de riffs, gargantas al rojo vivo y ritmos frenéticos. Desde el escenario secundario, Morgan activó el freno de emergencia y abrió un oasis tan inesperado como delicioso.

«Somos una banda autogestionada y no siempre salen las cosas», se excusó ‘Nina’ (Carolina de Juan), agradecida hasta el extremo por la oportunidad de formar parte de un evento tan multitudinario. La industria tiene un problema si a una formación como Morgan, donde la apuesta por la calidad es incuestionable, encuentra dificultades para abrirse hueco en la carretera. Y conviene darle una vueltita en plena dictadura del autotune.

Morgan le puso el caramelito y la pausa a una noche épica en Santo Domingo de la Calzada, con más músicos (ocho) que Iggy Pop sobre el escenario y un sonido tierno, cuidado y envolvente, que navega con vientos de soul, folk y funky. Mención especial para una emotiva interpretación de ‘Sargento de Hierro’ y una despedida con guiños al ‘Rapper’s Delight’ que desembocó en un largo aplauso mientras la formación celebraba la factura de una actuación de diez.

Tras dos días a prueba de riñones, el Rockland de Santo Domingo de la Calzada llega este domingo a su fin con un cartel más ligero que en las vísperas, encabezado por los esperados ‘The Black Keys’. Hasta que irrumpan con su exitazo global ‘Lonely Boy’, por los escenarios del evento desfilarán ‘Girlband!’, ‘Warmduscher’, ‘Marcus King’ y ‘Fantastic Negrito’.

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