Lleva casi dos años surcando los cielos riojanos. Su zumbido -firme e inconfundible- se ha convertido en parte del paisaje de la región. Aunque sigue sin pasar desapercibido ya es uno más de los recursos con los que cuenta en SERIS. Porque cada vez que Galeno alza el vuelo, hay una vida en juego. Cuando los minutos cuentan y las distancias ralentizan la llegada de una ambulancia, allí está él. A 250 kilómetros por hora, atraviesa campos, montañas y pueblos con un solo propósito: llegar a tiempo.
Detrás de este helicóptero amarillo no hay solo tecnología y velocidad, hay una historia de entrega y de compromiso de personas que llevan dos años mejorando actuaciones, implementando protocolos, aprendiendo de cada una de las salidas. Galeno no descansa. No entiende de domingos ni festivos. Solo sabe volar cuando más se le necesita. Y salvar, cuando todo parece perdido.
Detrás del metal y el rugido, hay algo mucho más humano: un equipo que se ha dejado la piel para hacer de este servicio algo eficaz, seguro y, sobre todo, útil. Porque cada despegue es una responsabilidad. Y cada aterrizaje, una historia con final, la mayoría de las veces, feliz.

FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
Jose Ignacio Ruiz es el coordinador de Equipos del Servicio de Emergencias Sanitarias (061), Ángel García es comandante de Galeno y Anabel Ortega, copiloto. Ellos tres son el ejemplo de un equipo compuesto por muchas más personas que incluyen a todos los profesionales del 061 que se han preparado estos años para estar disponibles en caso de que en su municipio sea necesaria la llegada del recurso sanitario.
«Siempre digo que Galeno es una ambulancia… pero que vuela», comenta José Ignacio, coordinador del equipo. Porque sí, a bordo de este helicóptero se puede desfibrilar, intubar, estabilizar e incluso sedar a un paciente. «Llevamos el mismo equipo que una UVI móvil, pero vamos en línea recta, sin semáforos, ni baches, ni rotondas».

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Esa capacidad para llegar en minutos a cualquier rincón de La Rioja o incluso a hospitales de otras comunidades ha marcado una diferencia vital. En estos dos años, decenas de personas han sido trasladadas en situaciones críticas. Desde accidentes de tráfico en zonas remotas hasta infartos o ictus que requerían atención inmediata.
«En media hora, en ambulancia, no llegas. Con Galeno, en ocho minutos estamos en Arnedillo», explica Anabel.
Protocolo, precisión y pasión
Pero no todo ha sido tan fácil. El equipo médico que ahora opera con soltura dentro del helicóptero partía de cero. «No teníamos experiencia en aerotransporte sanitario. Nada. Y claro, no es lo mismo estabilizar a un paciente en una ambulancia en carretera que hacerlo volando a 1.500 metros de altitud».
Por eso, los primeros meses fueron de formación intensiva. Curso tras curso, simulacro tras simulacro. Cómo subir, cómo bajarse, dónde sentarse, cómo comunicarse en vuelo, cómo actuar ante una parada cardíaca a bordo… Todo, absolutamente todo, se entrenó hasta el detalle.

FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
«No hay improvisación en Galeno. Cada paso está escrito, protocolizado. Desde la defibrilación en pleno vuelo hasta la transferencia de un paciente en un sembrado junto a la carretera». Y es que la precisión importa. «Un mal paso, una mala coordinación, puede poner en riesgo al paciente… o a todo el equipo».
El funcionamiento de Galeno no empieza con el encendido del motor. Lo hace en el centro coordinador del 061. Allí, un médico valora cada llamada y decide qué recurso movilizar. Si la urgencia lo requiere y la carretera no es una opción rápida, se activa el helicóptero. Si se puede ganar tiempo real y efectivo, se activa Galeno. Sin complejos, sin miedo.

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Y ese sistema, en estos dos años, se ha afinado hasta el detalle. Los puntos de aterrizaje en toda La Rioja están mapeados, los tiempos medidos, los contactos intercomunitarios ensayados. «Hemos ido a Zaragoza, a Burgos, a Bilbao, a Madrid, a Barcelona… Y todo está coordinado al milímetro. Sabemos a quién llamar, qué datos dar, dónde podemos tomar tierra».
No todo es tan heroico como suena. Hay días en que Galeno no puede despegar. Son los menos pero «resulta muy frustante», confiesa Ángel, el piloto. «Pero si no hay condiciones, no hay condiciones. La seguridad es lo primero». Tormentas, niebla espesa, … Son factores que pueden dejar el helicóptero en tierra. Ángel viene del ejército. Ha trabajado en condiciones increíbles pero «cuando no se puede, no se puede».
Afortunadamente, gracias al conocimiento adquirido, cada vez son mínimos los avisos que se rechazan por meteorología. «Conocemos los valles, el comportamiento del viento… A veces podemos intentarlo, valorando riesgos. Pero si decimos que no, es que no se puede».

FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
Aunque parezca una vida llena de adrenalina, los días sin misión también existen. Pero eso no significa descanso. «Siempre estamos haciendo algo. Chequeos, revisiones, entrenamiento físico, mejora de protocolos, pequeños ajustes… El objetivo es claro: estar preparados para cuando suena el teléfono». Y cuando suena, todo se activa. En minutos, el equipo está en el aire, con una misión clara y una responsabilidad enorme.
Uno de los logros más celebrados de estos dos años es algo intangible pero poderoso: la confianza mutua. «Aquí no hay cabina de pilotos y cabina médica. Somos uno solo. Nos conocemos, nos respetamos, nos ayudamos. Nos miramos a los ojos y sabemos que estamos a lo mismo».
La confianza también es clave para los pacientes. «Hay quien se sube con miedo. Alguno uno se negó un día a volar. Pero en general, se sienten seguros. Y eso es también mérito del equipo».
El balance, en palabras del equipo, es abrumadoramente positivo. «Tenemos la tranquilidad de saber que somos eficaces. Que lo estamos haciendo bien». Y es que cada vez que Galeno despega, alguien respira un poco más tranquilo. Mientras ellos tienen la seguridad que han ido viendo crecer algo muy importante para la región.


