La Rioja

De víctimas a ejemplo: «En la carretera la vida te cambia en un segundo»

David y Samuel colaboran con las campañas de concienciación de la Guardia Civil

Foto: Fernando Díaz (Riojapress)

Un segundo. A veces eso es todo lo que hace falta para que la vida cambie de dirección. Para que el camino que creías tener claro se convierta en un laberinto inesperado. Es la historia de David Galindo y Samuel Nieto. Dos jóvenes. Dos accidentes. Dos historias distintas, pero unidas por la misma causa: la conciencia vial. Este año han colaborado con la Guardia Civil en campañas de concienciación, contando su experiencia con una franqueza que desarma. Porque no buscan lástima. Lo que quieren es que no te pase a ti. Ambos pasan sus días en el Centro de Rehabilitación de Lardero.

David Galindo es de Huesca. En casa ya le llaman el riojano. Sólo solo tenía 16 años cuando un camión se cruzó en su camino. Estaba disfrutando del verano con sus amigos por los pueblos de Huesca. En Chimillas, mientras iba en bici, un camión lo arrolló. La mente de David ha borrado casi todo aquel día —como si su cuerpo, sabio, hubiese decidido protegerlo de ese recuerdo—. Lo que sabe se lo han contado: estuvo en coma, ingresado en Zaragoza, después en Huesca, más tarde en casa… su cuerpo tardó meses en volver a responder. Su vida, más aún.

Samuel ha estudiado jardinería. FOTO: Fernando Díaz (RIOJAPRESS)

«He aprendido a pensar más, a valorar lo que antes pasaba por alto. Mi vida no es peor ni mejor, es diferente», dice con una entereza que impresiona. Soñaba con estudiar idiomas. Ya tenía el B1 de francés y pensaba seguir por ahí, quizás filología. Tras el accidente, tuvo que empezar de nuevo. Volvió al instituto un año después. A veces escribe con la izquierda porque su lado derecho no responde del todo bien. Pero no se rinde. No se queda quieto.

Samuel Nieto tenía 17 años. Dos días después de su cumpleaños, en un pueblo de Valladolid, mientras ayudaba a unos amigos en el campo, un coche lo embistió en un cruce. También iba en bicicleta. Bastó un instante para que su vida diera un giro de 180 grados.

Despertó siete días más tarde en la UVI. Lesión medular. Diagnóstico: «estado vegetativo». Pero Samuel decidió no quedarse ahí. Lo trasladaron a Toledo, al hospital de parapléjicos, y empezó una nueva vida. A paso lento, pero firme. Rehabilitación, sesiones de fisioterapia, formación. Ahora sueña con volver al campo, como hacía antes del accidente, cuando trabajaba con su padre. Alardea de su foto en tractor. «Lo único que necesito es que alguien me ayude a subir al tractor. Una vez dentro, lo manejo como cualquiera», cuenta con una sonrisa que desarma.

Ambos viven en el centro especializado de Lardero donde pasan sus días entre terapias, clases y, cuando pueden, escapadas para ver a la familia. Samuel incluso tiene su cuadrilla de amigos en Lardero a la que va a echar de menos cuando deje el centro este verano. Allí, rodeados de personas que también han sufrido accidentes o enfermedades, han encontrado no solo rehabilitación, sino una especie de segunda familia.

David ha estudiado operaciones administrativas; Samuel, agricultura ecológica. Ninguno de los dos pensaba que acabaría en esas ramas, pero la vida les ha llevado por caminos nuevos. Y lo agradecen. Porque, como dice Samuel, «esto te hace o más fuerte, o te hunde. Y nosotros hemos decidido tirar para adelante».

«A la gente le impacta»

Este año han colaborado con la Guardia Civil en sus campañas de concienciación en carretera. Poner su granito de arena les da propósito. Los coches paran y allí ellos relatan lo que pasó, cómo lo vivieron, lo que perdieron… y lo que aún pueden construir. «Les impacta más que una multa o que les quiten los puntos. Les ves pensar, les ves quedarse callados», cuenta David. Samuel lo reafirma: «Les revuelve por dentro».

Sus días en el centro son intensos. Desde temprano se levantan, se duchan, desayunan. «Yo solo bajo a la cafetería si hay zumo». Y empiezan las sesiones: fisioterapia, logopedia, terapia ocupacional. Y además, formación profesional. Nada se improvisa. Todo sigue un ritmo que, aunque alejado de la vida que soñaban a los 15 o 25 años, ahora les sostiene.

Son conscientes de que han perdido muchos momentos pero han ganado una forma de ver la vida más consciente. «Siempre hay alguien que está peor», dicen casi al unísono.

David sufrió el accidente cuando tenía 16 años. FOTO: Fernando Díaz (RIOJAPRESS)

Su mensaje va dirigido a los que aún están a tiempo de evitar lo que les pasó a ellos. «Si has bebido tres copas, no cojas el coche. Un taxi siempre resulta barato».

Saben que muchos jóvenes se sienten invencibles. Ellos también lo eran, hasta que la vida les puso en pausa. Por eso, cada vez que cuentan su historia, lo hacen con la esperanza de que al menos uno de los que los escuche decida no correr, no beber, no distraerse al volante.

David se ve en diez años trabajando, quizás en recepción o administración. Samuel, en un campo verde, subido a su tractor, o liderando una pequeña empresa de jardinería. Ambos tienen claro que hay cosas que ya no pueden hacer pero eso no les importa. Su carrera es otra. Una más dura, más larga, más silenciosa… pero también más valiente.

«Lo peor ya ha pasado. Todo lo que venga… lo vamos a luchar». Desde sus nuevos caminos, demuestran que nunca, jamás, es tarde para reconstruirse. E insisten: «hay que estar con los cinco sentidos en la carretera, un despiste puede ser una vida». Y esta es la suya.

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