Los vecinos y comerciantes de la calle Doctores Castroviejo respiran algo más tranquilos desde el pasado lunes, tras casi tres meses de calvario en el que han tenido que convivir con peleas, discusiones y fiestas a deshoras vinculadas a una veintena de okupas instalados en seis pisos del número 25 de la calle y dos locales comerciales anexos.

Tres meses que se resolvieron en apenas tres horas: las que duró el desalojo a cargo de una empresa de desokupación, bajo la vigilancia de efectivos de la Policía Local de Logroño y una ambulancia, en servicio preventivo, que finalmente no tuvo que prestar asistencia. «Eran 19 niños jovencitos, de menos de 30 años, muchos de ellos con antecedentes por hechos similares», explica a NueveCuatroUno Rafael González, gerente de D&S, quien destaca que los okupas «eran conflictivos; se subían por los tejados y generaban problemas de convivencia».
Aunque el desalojo se produjo el lunes, la planificación se inició tres días antes, cuando la propiedad del inmueble se puso en contacto con la compañía de desokupación: «Lo primero que hicimos fue hablar con la Policía, que nos explicó que el edificio se convertía los fines de semana en un punto de encuentro para la celebración de fiestas y botellón». De hecho, «alguno de los okupas tiene otra residencia en Logroño, pero acudía a participar de estas macrofiestas».

Entre el viernes, el sábado y el domingo el personal de D&S llevó a cabo un procedimiento de vigilancia que concluyó el lunes con un desalojo negociado con los okupas. «Al principio nos pidieron hasta 10.000 euros para marcharse, pero estuvimos hablando con ellos y conseguimos que abandonaran el edificio después de hacerles una transferencia de 1.600 euros a repartir entre los 19 y firmar un documento con el que se comprometían a no volver a acceder al inmueble», detalla González.
Un desalojo, otra okupación
Aunque el desalojo se produjo en términos pacíficos -el gerente de la empresa detalla que «no podíamos entrar fuerte porque había una mujer embarazada y un menor de edad»-, los jóvenes anunciaron que ya tenían decidido okupar otro edificio, también en la zona de las Cien Tiendas.

En cualquier caso, una vez se completó la marcha de los okupas, las imágenes del interior dan cuenta del estado de insalubridad en que dejaron los pisos después de tres meses malviviendo y celebrando fiestas en ellos.

Además de la abundante basura acumulada y algunos restos de drogas esparcidos por el suelo, los efectos localizados en las diferentes estancias revelan el peligro al que se enfrentaron los vecinos de la zona. No en vano, en algunos salones se encontraron bombonas de butano que, en caso de deflagración, habrían provocado una desgracia en el entorno.

Consultados por este medio, varios vecinos de Cien Tiendas que prefieren preservar su anonimato celebran la marcha de esta veintena de jóvenes instalados de forma ilegal en el número 25 de Doctores Castroviejo, sin ocultar su temor a que su amenaza de volver a okupar otro edificio en las inmediaciones les devuelva al infierno en el que han vivido durante el último trimestre.


