Cultura y Sociedad

Arte y afrodisíacos, pero sin química: la cita riojana imposible de ‘First Dates’

El corazón entiende de razones que la razón no entiende, aunque el fiasco de cita que dos riojanos han tendido esta semana en First Dates es muy fácil de entender. Porque en el restaurante más romántico de la televisión nacional se juntaron Fari y Guillermo, en un maridaje tan imposible como el del agua y el aceite.

Ella, natural de Ghana, tiene 31 años y vive en Haro, donde trabaja como TCAE. Él, vecino de Arnedo, también tiene 31 años y vive del arte. O al menos lo intenta, porque sueña con ser el próximo Da Vinci, aunque vive con sus padres mientras su carrera termina de despegar.

Fari llegó al plató armada de autoestima: «Soy una chica mona, me gusta arreglarme y verme bien; vengo de una cultura bastante cerrada, me casé por imposición de mis padres pero ahora me he liberado». Y no llegó con las manos vacías. Fari se presentó en First Dates dispuesta a salir por la puerta grande y, para ello, llevó un frasquito misterioso que resultó ser un afrodisíaco «que se toman los hombres africanos para estar potentes». ¿Su plan? Si la cita funcionaba, se lo regalaba al galán (spoiler: no hubo forma de destapar el tarro de las esencias).

Guillermo, en cambio, cruzó la puerta como un flan, nerviosito perdido, y con un par de muestras de su obra: un dibujito para Fari y otro para Carlos Sobera. Digamos que la expresión al asomarse al universo pictórico del arnedano no fue la misma que al contemplar la Gioconda. «Le veo lejísimos de vivir de sus cuadros, mejor le pongo a él en exposición», sentenció Fari, a modo de implacable crítica de arte.

Hay citas que, aunque empiezan con mal pie, terminan por reconducirse a partir de un flechazo de Cupido. No es este el caso, para qué engañarnos. A poco que los pretendientes trataban de conocerse mejor se abría un abismo entre ambos. Por ejemplo, Fari tiene hijos pero Guillermo no se siente preparado porque «bastantes problemas tengo ya». Dicho esto, la jarrera anunció al arnedano que el frasco de la virilidad se quedaría guardado para mejor ocasión: «Si te lo doy y se te levanta no te voy a poder ayudar».

La cita riojana terminó de morir en el mismo lugar en el que perecen las mejores canciones de la historia: el karaoke. Allí les esperaba ‘Umbrella’, de Rihanna (si hubiera nacido en Logroño sería Riohanna), que la pareja perpetró sin piedad. Ahí se derrumbó Fari, confesando que «no tengo por dónde cogerlo».

Poca sorpresa hubo en el veredicto final, donde ambos coincidieron en que «no hemos congeniado» para echar el cierre a una cita con arte y afrodisíacos, pero sin nada de química.

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