Especial Enoturismo

Museos para tocar, oler y emocionarse: así es La Rioja más curiosa

Adentrarse en los museos riojanos va más allá de pasar una tarde de lluvia a cubierto o dejar la experiencia para los amantes empedernidos del arte. Visitar estos espacios representa una absoluta inmersión en el alma de una región que ha sabido preservar su identidad entre expositores, herramientas ancestrales, piedras milenarias o fragancias de vino.

En La Rioja los museos despiden aromas de campo, evocan la infancia, la madera añeja, la uva madura y el aceite recién hecho. Son reductos vivos, pequeños altares de lo común, donde la historia no se lee, sino que se palpa, se escucha y hasta se saborea. Desde relatos romanos hasta los entresijos del calzado, pasando por los gigantes del Jurásico o las costumbres del vino y la huerta, visitar estos museos también desvela por qué esta región va más allá de ser una simple denominación vinícola. Es cultura, paisaje y recuerdos en conserva.

Pocos lugares han sabido armonizar el valor histórico con lo cotidiano, y La Rioja lo ha hecho. Cada museo, por modesto que parezca, narra una faceta del espíritu riojano para que el visitante que se adentre en ellos no solo aprenda, sino que se identifique, se conmueva y, a menudo, redescubra historias que creía olvidadas, pero que siguen palpitando con fuerza.

Los hay dedicados al vino, al aceite, a la verdura, al calzado, a la romanización, a los dinosaurios, al agua o al arte contemporáneo. Y todos comparten algo: surgen del cariño por la tierra, su gente y su estilo de vida. Te invitamos a descubrirlos, a recorrer La Rioja con los ojos bien abiertos y el corazón dispuesto a asombrarse. Porque esta tierra es mucho más que una etiqueta de vino. Es memoria, paisaje y cultura en conserva.

La Rioja que cuenta historias

Museo de La Rioja (Logroño). En pleno casco antiguo de Logroño, este museo, edificado en el siglo XVIII y que ocupa el majestuoso Palacio de Espartero, ofrece un viaje completo a través de los siglos con una amplia colección de arte y arqueología que abarca desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna.

FOTO: Fernando Díaz (RIOJAPRESS).

Desde herramientas de la Edad del Hierro hasta pinturas del siglo XIX, su colección permite entender la evolución histórica, social y artística de La Rioja. Destacan los mosaicos romanos, los sepulcros medievales, el arte religioso y las recreaciones de ambientes de la vida cotidiana en distintos periodos.

Museo Würth La Rioja (Agoncillo). Se trata de un referente del arte contemporáneo en la región. Su arquitectura moderna y luminosa acoge una destacada colección que incluye obras de artistas como Miquel Barceló, Manolo Valdés, Jaume Plensa y Richard Deacon. El museo también cuenta con un jardín escultórico y desarrolla una programación cultural y educativa dirigida a todos los públicos, consolidándose como un espacio plural y abierto a las manifestaciones de la cultura contemporánea.

Casa de las Ciencias (Logroño). Antiguo Matadero Municipal de la ciudad, está considerado como uno de los ejemplos de arquitectura industrial en Logroño. Este centro de divulgación científica ofrece exposiciones temporales sobre diversos temas, así como actividades didácticas y talleres para todas las edades. Su enfoque dinámico y su ubicación junto al río Ebro lo convierten en un referente cultural de la ciudad.

Sala Amós Salvador (Logroño). El conjunto arquitectónico en el que se enclava esta sala ha demostrado a lo largo de la historia su capacidad para contener usos tan diversos como los de convento, hospital militar, cuartel, almacén, cárcel y fábrica de tabacos. Actualmente, es un espacio expositivo especializado en arte contemporáneo que acoge exposiciones de artistas reconocidos internacionalmente, consolidándose como un punto de referencia para las artes plásticas en la región.

Museo de la Romanización (Calahorra). Situado en una ciudad clave de la antigua Hispania, este museo se centra en el legado romano con un enfoque divulgativo y cercano. Muestra objetos de la vida diaria como monedas, utensilios de cocina, vestimenta y herramientas, y ofrece un retrato fidedigno de cómo era vivir en Calagurris hace dos mil años. Paneles, maquetas y espacios interactivos complementan una visita tan didáctica como atractiva.

Casa Encantada (Briones). En esta antigua casa solariega se despliega un museo etnográfico con alma. Su encanto está en la recreación de escenas del pasado rural riojano a partir de miles de objetos originales, desde antiguos carros hasta utensilios de cocina, desde camas de hierro forjado hasta juguetes de madera. Cada habitación cuenta una historia que remite a la vida cotidiana de abuelos y bisabuelos, y despierta una nostalgia casi táctil.

Museos con aroma y sabor a Rioja

Museo Vivanco de la Cultura del Vino (Briones). Considerado uno de los mejores museos del vino del mundo, este espacio combina exposición, arquitectura, paisaje y experiencia. Atraviesa cinco salas temáticas dedicadas a la historia del vino, la vid, la bodega, el vino en el arte y la gastronomía. Alberga obras de Miró, Picasso o Sorolla, junto con herramientas vitivinícolas de todos los tiempos. El recorrido culmina en una bodega visitable, un wine bar y un restaurante de alto nivel. Una visita que combina cultura, placer y paisaje.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Trujal Antiguo (Ocón). Oculto entre las sierras, este trujal es una joya del patrimonio rural. Conserva la maquinaria con la que, durante siglos, se elaboró aceite a partir de la aceituna autóctona. La prensa, las piedras de moler y los decantadores de barro muestran cómo era el proceso artesanal. La visita incluye también un recorrido por los olivares de la zona y, en muchos casos, degustación de aceite local.

Museo del Aceite (Préjano). Ubicado en otro trujal histórico, este museo complementa su exposición técnica con una visión sensorial. Muestra el papel del aceite en la economía y la cocina riojana y permite al visitante oler, tocar y probar. Hay espacios para niños y una clara vocación didáctica que lo convierte en una parada ideal para familias.

Museo de la Verdura (Calahorra). Este colorido y moderno museo pone en valor el producto más identitario de Calahorra: la verdura. A través de audiovisuales, recreaciones, paneles y juegos, se repasa el cultivo, la historia, la cocina y el valor nutricional de decenas de variedades. Desde el tomate hasta la borraja, todo tiene cabida en un espacio donde la alimentación saludable se convierte en protagonista.

Fábrica de Harinas La Gloria (San Millán de la Cogolla). Detenida en el tiempo pero vibrante de memoria, esta fábrica conserva intacta su maquinaria de principios del siglo XX: turbinas, cribas, elevadores y tamices que funcionaban con energía hidráulica. La visita incluye explicaciones técnicas, anécdotas obreras y actividades para escolares. Es también escenario de visitas teatralizadas y eventos culturales.

Museos que viajan en el tiempo

Centro Paleontológico de Enciso. En una zona repleta de icnitas (huellas fosilizadas de dinosaurios), este centro interpreta el paisaje del Jurásico con rigor y accesibilidad. Incluye una gran colección de fósiles, una sala interactiva para niños, paneles explicativos y recreaciones de especies prehistóricas. Desde aquí parten también rutas al aire libre por los yacimientos cercanos.

Foto: La Rioja Turismo

Torreón Medieval (Haro). Esta torre del siglo XIV no solo ofrece unas vistas espectaculares del casco histórico de Haro, sino también un viaje al pasado militar y civil de la ciudad. En su interior hay exposiciones sobre armas, escudos, objetos religiosos y elementos de la vida cotidiana de la época. Es uno de los rincones más fotogénicos y singulares de la capital del vino.

Museo El Rancho de Esquileo (Brieva de Cameros). Ubicado en un antiguo rancho de esquileo restaurado en 2006, este museo rinde homenaje a la figura del esquilador y al mundo de la trashumancia, actividades ganaderas tradicionales de la región.

En él, el visitante podrá encontrar una colección de útiles pastoriles y de esquileo, audiovisuales sobre la vida tradicional en la comarca de las Siete Villas y la trashumancia, así como una serie de paneles y dioramas explicativos sobre la lana y su importancia y comercio, la ganadería extensiva, las razas de las ovejas, los personajes del pastoreo trashumante y su proceso de trabajo.

Museos del día a día

Museo del Calzado (Arnedo). Esta localidad riojana es sinónimo de calzado y este museo explica por qué. Desde alpargatas de esparto hasta zapatillas deportivas de última generación, el recorrido muestra la evolución del diseño, la fabricación y la innovación en este sector. Hay una zona de experimentación con materiales, una exposición de modelos históricos y un espacio para niños.

Foto: James Sturcke | sturcke.org

Quizá lo más bonito de recorrer los museos de La Rioja no sea todo lo que se aprende, sino todo lo que se recuerda. Y es que en cada sala, en cada objeto, hay algo que nos conecta con una historia que tal vez no es la nuestra, pero que podría serlo. Un olor, una herramienta, una palabra olvidada. Visitar estos museos es como abrir una vieja despensa familiar: está llena de memorias, de cosas hechas con las manos, de relatos que no se encuentran en los libros, sino en la mirada de quien los conserva. Es por eso que, al salir de cada museo, el visitante siente un poco más La Rioja.

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