Un paseo entre cipreses ya advierte de lo que está por llegar. Adentrarse en el territorio de Torre de Oña es elegir atención, personalización y autenticidad. Es elegir un viaje exclusivo al territorio de Rioja desde el término de Páganos, pedanía de Laguardia, donde se aúna la tradición vitivinícola con la comodidad de un servicio de calidad y una gastronomía local. Torre de Oña es un soplo de aire fresco, el mismo que golpea las paredes de la Sierra Cantabria y que balancea los pámpanos de esas viñas que rodean la bodega y que son, realmente, el mayor atractivo enoturístico.
Una experiencia 360º de manos del Grupo La Rioja Alta S.A. que incluye, no solo este patrimonio vitícola, sino también la bodega de elaboración donde se da forma y gusto a Finca Martelo, Finca San Martín y, desde este año, también a El Camino, la nueva referencia procedente del proyecto Viñedos Artesanales que conjuga pequeñas parcelas plantadas al vaso en Elvillar de Álava. Además, Torre de Oña cuenta con un restaurante privado y un hotel en una casa palacio.

La visita se enmarca en un recorrido por el guardaviñas y el viñedo que rodea la bodega (Finca Martelo y Finca San Martín), donde el público se pone en contexto a las faldas de la sierra, conociendo el entorno, el estado vegetativo en el que se encuentran las cepas y de los proyectos emergentes de la firma. «Se trata de situar a la gente, hablar de nuestra filosofía y de nuestro papel en el camino hacia la excelencia, que es lo que define al grupo. Todo ello aportando unos conocimientos útiles en función del tipo de perfil de quien nos visite», destaca Marta Sáenz, RRPP Manager de Bodegas Torre de Oña.

Esta propiedad está en manos de La Rioja Alta desde 1995, incluyendo la bodega, los viñedos, la casa familiar y también la ermita de Páganos, donde se realizan encuentros y catas privadas en un entorno único. Sin embargo, sus orígenes se remontan años atrás cuando la adquirió Leandro Vázquez allá por 1987, un cubano asiduo a visitar al Barón de Oña y que quedó cautivado con este entorno de Rioja Alavesa. Aquí, y gracias a la influencia de otros bodegueros de la zona, decidió crear una bodega al puro estilo ‘château’ con unas 44 hectáreas de viñedo rodeando un complejo arquitectónico en el que, además de las salas de elaboración, se incluye una casa palacio convertida en 2020 en hotel, donde lo clásico conjuga sutilmente con toques de actualidad, siempre primando la comodidad del huésped. Un amplio salón con varias zonas de descanso, una amplia mesa de comedor y, sobre todo, unos amplios ventanales con vista a las viñas, tanto desde la planta baja como desde la planta superior donde se encuentran las cinco habitaciones dobles. Todos estos espacios se reservan al completo para una experiencia total y privada.

Ventanales que también son una puerta visual a las viñas desde el comedor privado de la casona. Un espacio que invita a disfrutar, ya sea desde los sofás o desde la propia mesa, de una sala de barricas que se extienden a lo largo. Este comedor, con capacidad para unas treinta personas y abierto de lunes a viernes, cuenta con un equipo propio de cocina que elabora aquí sus platos, con un menú de temporada adaptado a intolerancias pero siempre apostando por los productos agroalimentarios de la zona, y cómo no, maridados con los vinos de la bodega. En este caso, el precio de la experiencia completa, que incluye la visita a la bodega y el disfrute de este menú (tres aperitivos, primer y segundo plato, postre casero, café y copa), es de 65 euros.

Y si el interior te transporta a otra época gloriosa de esta tierra, el jardín te pone de nuevo sobre un terreno de viñas que se enfrentan al paso del tiempo, adaptándose y mejorando para dar la mejor versión. Precisamente en estos jardines se puede disfrutar desde hace escasas semanas de una pérgola acristalada como nueva inquilina para ofrecer mayores posibilidades a visitantes. «Mientras un grupo disfruta al aire libre, otro puede estar comiendo, almorzando o tomando unos vinos en los sofás también en pleno jardín pero con cierta privacidad gracias a que la pérgola cuenta con un cerramiento de cristal», apunta Marta desde este enclave con vistas a la villa de Laguardia y la Sierra Cantabria.
Y que sería de una bodega sin su wine bar, con todas las referencias de la firma disponibles para su degustación o su compra, y sin una sala de catas donde celebrar reuniones de trabajo, encuentros sociales, catas comentadas, presentaciones de productos,… La versatilidad de las instalaciones de Torre de Oña es, precisamente, su gran valor. Siempre con la máxima de satisfacer las demandas del cliente y bajo un prisma de exclusividad, privacidad y atención. «Torre de Oña es para desconectar y conectar a partes iguales».


