La gente entra con las manos vacías, pero sale cargada. Los más previsores traen de casa bolsas de tela o un carrito, pero siempre están los que tienen que pedir bolsa de plástico en algún puesto. La mayoría vienen a tiro hecho, es lo que tiene conocer y que te conozca quien te va a atender.
No es un simple mercado. Se trata de un testigo de más de seis décadas de historia de la capital riojana. El Mercado del Corregidor ha vivido la transición de una dictadura a una democracia, la irrupción de las grandes cadenas de supermercados en la ciudad, una pandemia… y, pese a todo, ha sido capaz de reinventarse sin perder su esencia ni su cercanía con la gente. Aunque son varios los locales que cuelgan el cartel de cerrado, en torno a una veintena de puestos sobreviven en este mercado del centro de Logroño.

Los comerciantes tienen claras las principales ventajas: la calidad del producto y la cercanía. «Vamos a ofrecerte mejor calidad siempre. Intentamos comprar productos de la zona», explica Jennifer, de Martínez Bacalaos Veloz. «Competir con grandes superficies es muy complicado. Sobre todo en el tema precios, pero es que la calidad se paga», añade. «El trato no tiene nada que ver. Yo me sé el nombre de casi todos los clientes y sé lo que les gusta o lo que no les gusta», señala Jennifer.
«La cercanía y el trato personal, el conocer a todos los clientes y puedes aconsejar siempre lo mejor para cada uno», explican desde Carnicería Cámara.

En un mundo en el que es posible hacer la compra solo con un ‘click’, el Mercado del Corregidor ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Algunos de los comercios permiten a los vecinos comprar encurtidos, carnes y pescados, frutas y verduras, unas deliciosas setas o darse un capricho con algún dulce sin tener que levantarse del sofá. Si uno no puede (o no quiere) acercarse, el mercado se acerca a él.
A pesar de la frialdad que puede inspirar el hacer la compra a través de una pantalla, en el Mercado del Corregidor han sido capaces de crear una web que, dentro de las capacidades de internet, sigue manteniendo la cercanía característica de un mercado de barrio: cada puesto tiene su propio apartado en el que no solo se muestra lo que ofrecen, sus especialidades y, lo más importante, quién te va a atender.
Además de la cuenta de Instagram del propio mercado, muchos de los puestos tienen las suyas, como es el caso de Martínez Bacalaos Veloz: «Las redes sociales son un segundo escaparate. Muchos clientes, sobre todo jóvenes, me comentan que han venido porque me han visto en Instagram».
Para el puesto más novato del Mercado del Corregidor, la pastelería Luvi, las redes sociales son algo fundamental: «Es otro público, hay mucha gente que no sabe que estás por acá, y te descubre por Instagram o por otros medios y viene».

La presencia en internet actualizada y constante está llevando a que los jóvenes cada vez pierdan más el miedo a ir al mercado. «Se nota muchísimo. El mercado antes era gente cada vez más mayor, ahora cada vez viene más gente joven», explica Patricia, de Alimentación y Pastas Nieves.
No solo las redes sociales están ayudando a acercar el mercado a los jóvenes. «Cuando ponemos degustaciones con música o los sábados que hay eventos, se llena», añade Patricia. Desde Carnicería Cámara coinciden: «Los fines de semana sí que se nota más movimiento, sobre todo los sábados. Entre semana está más parado».

Talleres, eventos, ofertas, parking gratuito por compras superiores a los 30 euros, degustaciones, sorteos, compra a domicilio…son algunos de los beneficios que ofrece el Mercado del Corregidor para hacer frente a las grandes superficies. Pero eso no es todo. También han pensado en las personas que tienen menos creatividad en los fogones que un universitario que sobrevive a base de macarrones con tomate durante meses y han creado un blog en el que comparten cómo cocinar los productos que hayas comprado en el mercado.
Pero mantener el mercado a flote no está siendo tarea fácil. Además de una reinvención constante, los comerciantes tienen que hacer frente a otros contratiempos. Como «las constantes obras de la calle Duquesa de la Victoria. Ahora mismo está la calle cortada y quienes vengan en coche no tienen cómo entrar», explica Patricia.
El mejor reflejo de que el mercado no está viviendo su edad dorada (aún) es que hay algún que otro puesto cerrado. «Sería ideal que todo estuviera abierto y que hubiera más ofertas, porque este es un mercado con mucho potencial. Lo lindo sería que la gente no solo venga a comprar, sino también a pasar un buen rato con amigos o tomar algo», expresan desde Luvi.
Aún así, como bien dice Jennifer: «Son muchas más ventajas que desventajas». Por cierto, corred: hasta el 31 de mayo tienen gildas por un euro.


