Salud

La Rioja no despega en el MIR: «Es difícil competir con otras comunidades»

«Es difícil competir con otras comunidades»

La Rioja vuelve a enfrentarse un año más a un problema que ya se ha convertido en recurrente: la dificultad para cubrir sus plazas de Médico Interno Residente (MIR). De las 58 plazas ofertadas, la cifra más baja de todo el país, tan solo un 20 por ciento se había cubierto tras la primera semana de asignación. Esto contrasta con el ritmo de otras comunidades como Madrid, Navarra o el País Vasco, que en ese mismo periodo ya habían cubierto más de la mitad.

El caso riojano, como en el resto de España, se agrava en especialidades como Medicina Familiar y Comunitaria, que este año, una vez más, se encuentra en el furgón de cola de la elección de los futuros médicos. De hecho, La Rioja es la única comunidad autónoma en la que todavía ningún aspirante ha elegido esta especialidad.

La situación no es nueva: el año pasado incluso quedaron vacantes y ocho de las plazas tuvieron que ser cubiertas en un turno extraordinario habilitado para suplir la baja demanda. Este fenómeno refleja una tendencia nacional en la que la Medicina Familiar y Comunitaria ocupa siempre los últimos lugares en las preferencias de los MIR. Mientras siete especialidades ya han agotado sus plazas a nivel nacional, Atención Primaria apenas había cubierto el cuatro por ciento de sus vacantes, un dato alarmante que evidencia el bajo interés por esta rama que es la puerta de entrada de los pacientes al sistema sanitario.

Más allá de los problemas nacionales, la falta de atractivo de La Rioja para los MIR es evidente y responde a factores estructurales. La comunidad cuenta con una red sanitaria más limitada en comparación con otras regiones. La Rioja sigue siendo la única comunidad en España que no cuenta con una facultad de Medicina, una situación que la sitúa en clara desventaja respecto a sus vecinas Navarra, País Vasco o Aragón, que sí cuentan con este tipo de centros formativos.

Desde 2016 que se implantó una facultad en las Islas Baleares, La Rioja es el único territorio sin formación universitaria propia en este área de salud. «Tiene sentido que ese sea un factor a tener en cuenta pero aunque se están dando los primeros pasos va a costar que salgan médicos de una facultad riojana, aún así bienvenida sea», comenta Miguel Azofra, médico de Atención Primaria en la región. «En mi época éramos muchos los estudiantes riojanos que hicimos medicina y una buena parte de ellos nos quedamos en La Rioja». Ahora los riojanos que estudian Medicina cuesta más que vuelvan después a la región.

«Los estudiantes de MIR no suelen poner el ojo en comunidades pequeñas en un principio porque en ellas ven una menor capacidad de progresión a largo plazo, suele costarle más llenar las plazas pero finalmente se terminan llenando casi todos los años», explican desde la sección de Sanidad de UGT. «Es un poco similar a lo que pasa en las universidades», comparan.

A esto se suma una menor conectividad y movilidad (que aquí también afecta), un aspecto fundamental para los MIR que valoran la facilidad de desplazamiento y el acceso a servicios en ciudades más grandes. La Rioja cuenta con menos conexiones de transporte, lo que dificulta el acceso a residentes que desean movilidad constante o mayor cercanía con sus familias. «Podría venir gente de Zaragoza, de Navarra o del País Vasco pero las conexiones son las que son», comenta Azofra.

Además está la competencia entre comunidades. En este contexto, Aragón, Navarra y Cantabria —vecinas de La Rioja— destacan por una mayor oferta de plazas en relación al número de habitantes, lo que las convierte en un destino más atractivo para los aspirantes. En UGT tienen claro que «influye mucho el efecto frontera, tenemos a varias comunidades con grandes hospitales muy cerca que suelen acaparar un buen número de profesionales».

Si bien La Rioja oferta una plaza por cada 5.600 habitantes, otras comunidades cercanas como Navarra o Cantabria lo hacen en torno a una plaza por cada 4.500. Este indicador evidencia una falta de competitividad regional, ya que incluso en proporción de plazas por habitante, La Rioja queda en una situación intermedia que no resulta suficientemente atractiva.

Más problemas aún en Atención Primaria

Sin embargo, si cubrir las plazas en especialidades hospitalarias resulta un reto, la situación es aún más complicada en Atención Primaria. En la primera semana de adjudicación, solo el 4 por ciento de las plazas ofertadas a nivel nacional para Medicina Familiar y Comunitaria se habían ocupado, un dato alarmante si se compara con las siete especialidades que ya habían agotado su cupo. En La Rioja, esta especialidad ha pasado un año más sin que un solo aspirante la elija en los primeros días. El problema de las plazas vacantes en Atención Primaria no es exclusivo de esta región, pero en el caso riojano se ve intensificado por una serie de factores adicionales.

Medicina Familiar y Comunitaria arrastra un estigma de menor prestigio en el entorno médico. Los estudiantes de Medicina suelen evitarla por diversas razones: agendas sobrecargadas, menor contacto con tecnología avanzada, escasas posibilidades de subespecialización y un salario base que, aunque digno, es inferior al de otras especialidades con más intervenciones técnicas. Además, el trabajo en áreas rurales y la falta de incentivos para atraer a los residentes desincentivan aún más su elección. «Siempre se habla de lo malo de esta especialidad, además en la mayoría de las facultades no hay una asignatura de Medicina Familiar por lo que los estudiantes no conocen esta especialidad». Y eso que «por las plazas que salen al final uno de cada cuatro médicos debería ir destinado a la Atención Primaria», explica Azofra.

A estas condiciones se suma una percepción de menor desarrollo profesional en comparación con especialidades hospitalarias. Muchos estudiantes consideran que la formación en un entorno de atención primaria limita el acceso a tecnologías de última generación y tratamientos complejos, algo que consideran fundamental para su desarrollo profesional. La falta de subespecializaciones reconocidas en España también resta atractivo a esta opción. «Es una idea equivocada, derivamos un 10 por ciento lo que nos llega a la consulta, aquí nunca te aburres», explica el doctor.

Por último, la percepción de que en La Rioja existen menores oportunidades laborales futuras tampoco ayuda. Para muchos MIR, formarse en una comunidad pequeña implica un horizonte laboral más limitado, tanto para quedarse en la región como para optar a plazas más competitivas en otros territorios. La competencia con comunidades vecinas más desarrolladas en el ámbito sanitario también juega en contra.

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