A los cinco años, mientras otros niños correteaban y jugaban por los parques de Logroño, Millán de Benito ya se probaba sus primeras zapatillas de danza. Actualmente, con tan solo 18 años, estudia en la prestigiosa Royal Ballet School de Londres, sueña con pisar los grandes teatros del mundo y lleva en sus espaldas decisiones que cambiarían la vida de cualquiera.
Pero, ¿cómo empezó todo? «Creo que fue una mezcla de la pasión por la música que siempre ha habido en mi casa y lo mucho que me atraían los deportes», recuerda. Fue ese equilibrio entre sensibilidad y energía lo que hizo que la danza se haya convertido en su forma de vida.
Tras sus primeras clases de ballet, Millán se dio cuenta de que quería probarlo todo: danza moderna, español, claqué… «Mi pasión por la danza se multiplicó». La seriedad con la que se enfrentaba a cada ensayo no pasó desapercibida. Sus maestros en la academia López Infante le dijeron algo que le cambió la vida: «Millán, tienes talento, pero si quieres llegar lejos tendrás que tomar decisiones importantes».
Y así lo hizo. A los 10 años, animado por sus profesores, viajó a Madrid para hacer una audición para el musical Billy Elliot. Lo que empezó siendo una prueba sin expectativas se convirtió en un antes y un después en su carrera, ya que fue seleccionado para interpretar el papel protagonista. «Yo no me lo creía. Estaba en Madrid haciendo lo que más me gustaba, estaba lleno de ilusión y mi determinación era máxima».

El musical se interrumpió por la pandemia, pero Millán no frenó. Siguió formándose en Madrid, donde combinó estudios de música, interpretación y danza en la Academia 180. Fue allí donde un profesor le planteó un nuevo salto: centrarse por completo en la danza clásica y formarse en un conservatorio. Las palabras exactas fueron: «Puedes soñar a lo grande, pero tienes que meter todas las horas del mundo». Y así lo hizo.
Con 14 años llegó uno de los cambios más drásticos de su vida, aunque ya había experimentado varios con tan poca edad. Millán entró en el Real Conservatorio de Mariemma de la mano de su maestro, Juan Polo, donde estudió dos cursos profesionales de danza. Fue estando allí cuando Polo le animó a participar en el prestigioso certamen Prix de Lausanne, en Suiza, un auténtico escaparate internacional para jóvenes bailarines. El riojano no solo fue seleccionado, sino que ganó el primer premio. “Otra rotura de esquemas que me cambió la vida por completo». Y es que, a partir de ese triunfo, le ofrecieron una beca para estudiar en la Royal Ballet School de Londres.
Desde hace año y medio vive allí, y define este tiempo como «pura inspiración y una experiencia de auténtico crecimiento vital». Como Millán explica Londres es una una ciudad «que rebosa cultura. Tienes arte, teatro, música… por todas partes y eso es muy motivador». Sus mejores amigos son un chico japonés y otro brasileño, «así que estoy aprendiendo mucho de otras culturas».
Comparte estudios con jóvenes de todo el mundo, convive en un colegio mayor, estudia un programa intensivo de danza y mantiene su formación académica a distancia. «Es como estar en un centro de alto rendimiento. La exigencia es extrema, pero la motivación también, y, por supuesto, también es una responsabilidad estar allí con una beca».

Pese a la exigencia, Millán conserva la humildad y los pies en la tierra. «Sé que es una carrera que empieza muy pronto y también acaba pronto, por eso sigo con mis estudios. Me interesa la historia, la filosofía… En el futuro me gustaría seguir creando: coreografiar, dirigir, estudiar. Todo lo que me permita seguir contando historias a través del arte”.
De momento, el objetivo es claro: graduarse en la Royal Ballet School y audicionar el próximo año para las grandes compañías. Tiene en mente nombres como el Royal Ballet, la Ópera de París o compañías en Nueva York, Holanda o Alemania. «Es difícil, pero sería mi sueño. Viajar por el mundo y bailar».
Cuando vuelve a Logroño redescubre lo que echa de menos. “Mi familia, sin duda, es lo que más me hace falta». Pero también le gusta volver a su cuidad porque «es un lugar muy honesto, muy humano. Es mi casa».
Millán de Benito es hoy un ejemplo de cómo la pasión y la disciplina pueden converger en un proyecto de vida único y, tras todo lo vivido, mantiene la ilusión intacta: «Cada día aprendo, cada día bailo y cada día sueño con un futuro que empieza ahora».


