En pleno Paseo de las Cien Tiendas, en la capital riojana, se encuentra la calle Calvo Sotelo. Tan solo en el tramo que va de la calle Juan XXIII hasta Avenida Colón son catorce los locales en los que que cuelga, algunos recientemente y otros desde hace años, el cartel de cerrado.
«Da muchísima tristeza. Cuando vine a vivir aquí acababa de empezar el proyecto de las Cien Tiendas y era una alegría, era una zona con mucha vida, había muchas actividades y ahora da pena porque los locales vacíos están muy deteriorados y dan sensación de suciedad», cuenta una vecina del barrio.

La falta de aparcamiento cercano, el descalabro de las obras y el mal estado del pavimento actual, así como la falta de ayudas y los alquileres altos son algunos de los motivos que vecinos y comerciantes de la zona señalan como culpables de la situación de desamparo que vive la calle Calvo Sotelo.
Para Lola, de Xotelo 34, el problema es que ahora se tiene la tendencia a que todo el comercio se centre en las grandes superficies: «Estamos hablando de que para una ciudad como Logroño, ¿cuántos centros comerciales tenemos?». Lola tilda esta tendencia de un «error», porque a la larga supone que «lo que es la ciudad en sí se quede abandonada y vacía».
«La gente que estaba antes se ha jubilado y los nuevos ya no se quieren arriesgar en zonas tan abandonadas como esta», afirma Lola. «Los locales son muy caros, pero los impuestos también, entonces es lógico que no abran tiendas y que los negocios se vayan al traste», añade.

«Los locales son muy grandes y los alquileres muy altos, además de que la zona ahora no es muy atractiva», afirma Nati, de la librería Hijazo. «Hay que tener fe y esperar a que bajen los alquileres, o que nos den ayudas para que la ciudad no se quede tan triste porque una ciudad sin comercio, ¿qué es?», comenta Lola.
Por su parte, David, de Vapeos, cree que el principal motivo por el que la zona está tan «vacía» es por la prohibición de que entren coches y la falta de aparcamiento cercano, lo que causa que la gente se vaya «principalmente a centros comerciales: los clientes me dicen que es complicadísimo venir».
Las obras de la ira
Entre julio y diciembre de 2022 se llevaron a cabo las obras de remodelación del Paseo de Las Cien Tiendas. Tres años después la zona está plagada de socavones, baldosas sueltas o rotas y parches de hormigón. Aunque las intervenciones está previsto que empiecen a finales de este año, precisamente esta calle, debido a las obras en el antiguo solar de Maristas, va a ser la última en ser intervenida.
«Vas por cualquier zona de Logroño y está infinitamente mejor que esta. El pavimento tiene socavones», afirma Nati.

«Ahora estamos con la esperanza de que cuando terminen las obras de Maristas y de la residencia de Adoratrices arreglen por fin el piso, porque están todas las baldosas que se mueven. El barrio está muy estropeado. Desde que hicieron las obras no se ha mantenido», comenta una vecina.
Nati, también confía en que la situación cambie con la edificación de las viviendas de Maristas y cuando «se terminen las obras», comenta resoplando. Antes de las obras que afectaron a este tramo de la calle, en su local no entraba agua, «pero ahora cuando llueve sí y no es algo que solo me ocurra a mí». «Tengo unas ganas locas de que lo arreglen», añade.
El negocio de David se vio bastante afectado por las obras, aunque añade que fue peor para la ortopedia que estaba situada en el local contiguo y que ya ha echado el cierre: «Las sillas de ruedas tenían que hacer malabarismos para entrar».
David afirma que «este desastre no se puede quedar así», por lo que a los comerciantes y vecinos de la zona les toca «sufrir otra vez».

«Las obras que vaya tela con las obras, las aceras que vaya tela con las aceras, que es que todo eso lo hemos sufrido… Que es muy bonito ser valiente, abrir un negocio y tirar para adelante. Pero, claro, si cada día hay menos movimiento y menos gente y no dejan aparcar y a quien aparca le meten 200 euros de multa, pues la gente al final, ¿qué acaba haciendo? Coger el coche, irse a un comercial y abandonar lo que es el centro», lamenta Lola.
«Con lo que estas calles han sido, lo que deberían pensar es en motivar para que se abrieran negocios. Nos tienen que ayudar a que las zonas vivan. Lo que no se puede permitir es que todo se quede abandonado», sentencia Lola.


