El movimiento B Corp ha llegado para transformar la forma en la que las empresas interaccionan con sus trabajadores y con el ambiente que las rodea. No basta con hacerlas rentables ni enfocarse meramente en los objetivos económicos, sino que hay que crear valor social y ambiental trabajando de la mano del personal, los proveedores, los clientes y la comunidad en su conjunto, en un ejercicio más de colaboración que de competencia. Un movimiento que a nivel mundial aglutina a unas 9.500 empresas certificadas y que en España, a donde llegó hace una década, ya acumula más de 280 empresas.
De ello se ha hablado este miércoles en la jornada ‘Del viñedo a la bodega. La sostenibilidad en el sector vitivinícola’ celebrada en Bodegas Baigorri de la mano de la Comunidad B Corp. Simón Arina, director técnico de la firma de Samaniego, ha sido el encargado de inaugurar una cita donde ha remarcado que en este camino «queda todo por hacer y el compromiso es una de las calves». En concreto, esta bodega es una de las empresas del sector vitivinícola de Rioja que cuenta con la certificación B Corp desde el año pasado.
El cofundador de la Comunidad B en la zona norte, Josu Martínez, ha destacado los objetivos de este movimiento que pretende «sensibilizar al ecosistema local sobre la economía de impacto conectando a los actores del territorio y dinamizando la comunidad B Corp para crear sentimiento de competencia y compromiso para así ampliar la red de colaboradores». Se trata, ha añadido, de «impulsar la economía regenerativa, equitativa e inclusiva».
Por su parte, la investigadora de la Universidad Internacional de Valencia Ana Milena Silva ha abordado la necesidad de definir estrategias con coherencia entre el pensar, el sentir y el actuar para que exista una coherencia organizacional. «Hay que alinear las estrategias para potenciar el sector vitivinícola, teniendo muy en cuenta también el concepto de la coopetitividad, que es la fusión de competencia y cooperación a la hora de abordar acciones sociales, económicas y ambientales. Con todo ello se busca mejorar la calidad de vida de las comunidades rurales compartiendo el bienestar entre las personas de hoy y las del futuro».

Para conocer en profundidad los procesos para llegar a ser una bodega B Corp con su correspondiente certificación, la jornada ha contado con una mesa redonda en la que han participado responsables de firmas adheridas como Baigorri, Alma Carraovejas, Vallformosa (DO Penedés) y Raventós Codorniu (en este caso han participado en la sesión en formato digital).
La directora de Sostenibilidad y Proyectos de Baigorri, Elena Sánchez, ha recordado cómo fueron los inicios de la bodega en esa búsqueda hacia una filosofía más sostenible: «Queríamos aunar la coherencia, el respeto hacia el medio ambiente y la integridad en las acciones que llevamos a cabo. Hicimos nuestra evaluación de impacto y nos salió una buena puntuación, así que contactamos con la Comunidad. Al final, una de las herramientas más útiles para demostrar tu modo de trabajo son las certificaciones, pero B Corp es más que una certificación. De hecho, todas las empresas deberían hacer la evaluación de impacto porque eso te ayuda a saber dónde estas y cómo puedes mejorar, aunque su objetivo final no sea obtener la certificación».
Desde Alma Carraovejas, con su bodega Aiurri como representante en Rioja, Silvia Téllez (directora de Sostenibilidad) recuerda cómo ya antes de fijarse en este movimiento desde la dirección de la bodega Pedro Ruiz ya tenía en mente la responsabilidad social «de una manera coherente». Su estrategia se basa en cinco bloques: personas, entorno social, entorno ambiental, gobernanza ética y gobernanza económica. «Trabajamos mano a mano con nuestros viticultores y proveedores a través de encuentros y jornadas que realizamos para hacer esa transmisión de conocimiento, aunque eso a veces no es fácil trasladarlo sobre el papel a la hora de demostrar que mereces esa certificación. Por eso, una vez la consigues (Alma Carraovejas obtuvo el sello B Corp el pasado mes de febrero), es un orgullo para todo el equipo.
Por otro lado, Ricard Romero, responsable de Ventas y Marketing en Bodegas Vallformosa, ha explicado cómo el cambio de manos al frente de la firma hace algo más de diez años supuso un punto de inflexión en la forma de entender la sostenibilidad en este sector: «B Corp nos llamó la atención porque era global, no solo enfocada al vino, por su presencia a nivel mundial y porque nos sentíamos identificados con las marcas ahí representadas. Pensamos que nos podía ayudar a demostrar al mundo que en la bodega se hacían bien las cosas y fuimos a por la certificación». Desde Raventós Codorniu han hecho hincapié en la energía positiva que se debe crear en las empresas y que hace falta para atraer talento, consiguiendo así que se cree un sentimiento de pertenencia y compromiso entre los trabajadores. «B Corp refuerza nuestra identidad y filosofía de equilibrar la rentabilidad económico y el bienestar social».

Entre los retos a los que han hecho referencia los ponentes a esa brecha que existe en el etiquetado alimentario entre la información que ofrece el producto y esa certificación obtenida y la percepción de cara al público. «Creemos que el cliente final todavía está en el camino de aprender a percibir el valor de este sello, pero sí es más fácil para nuestros clientes más directos como son los proveedores, especialmente a nivel internacional. A ellos sí lela nuestro mensaje B Corp», ha apuntado Sánchez.
Bajo la opinión de Romero, queda un gran recorrido por hacer en este sentido ya que «la notoriedad de esta certificación en España ronda el 30 por ciento, mientras que en otros países como reino Unido ya roza el 60 por ciento porque llevan más tiempo con ella».
Mientras, Téllez ha hecho alusión a la necesidad de que este sello y sus intereses se conozcan en toda la sociedad para que se aborden así sus retos. «Con esta certificación no vamos a vender más botellas, sino que vamos a conseguir que se conozcan los valores de trabajo que nos han llevado hasta la certificación», ha recalcado.


