«El sentido de la vida es cruzar fronteras». Así se presenta Claudia Rosel en sus redes. Una auténtica declaración de intenciones que encaja a la perfección cuando conoces su historia.
Riojana ella -creció a caballo entre Logroño y Santo Domingo de la Calzada-, lleva años recorriendo el mundo para contar a través de la fotografía, el vídeo, el diseño y el texto cientos de historias personales en torno a la migración, los conflictos, las cuestiones de género… Y precisamente uno de los lugares donde ahora mismo confluyen todos estos asuntos es Estados Unidos, donde la represión y el miedo se hace cada día más patente tras el regreso de Trump a la Casa Blanca.
Y, ¿quién está en el epicentro del conflicto? Así es, Claudia. Pero, no adelantemos acontecimientos. Empecemos por el principio. La vocación de esta joven le llevó a dejar su tierra natal para estudiar Comunicación Audiovisual y ha pasado estos últimos diez años trabajando con Naciones Unidas y varias ONGs en diferentes crisis humanitarias.

Foto: Claudia Rosel
«Estuve en Grecia durante la crisis de refugiados y pasé cuatro años en Kenia y Somalia, cubriendo historias de migración y desplazamiento forzado», explica Rosel. En Somalia aprendió a reportear en contextos de crisis y conflictos. Durante estos años, medios como The New York Times, Reuters, Deutsche Welle y PBS NewsHour han publicado sus trabajos. Pero hace un tiempo, esta riojana decidió aplicar a una beca de la Caixa que afortunadamente le concedieron. «Siempre me he sentido más cómoda con el lenguaje visual que con el texto. En España, la fotografía y el vídeo no siempre se toman en serio como herramientas periodísticas, lo cual es una pena. Por eso vi en Columbia la oportunidad ideal para formarme en cine documental y fotoperiodismo. Y aquí estoy, rodeada de pioneros en este campo».
Represión y miedo
Sin embargo, su paso por la universidad ha estado marcado por el creciente clima de tensión en el campus. «Columbia ya venía de un año complicado por protestas relacionadas con la guerra en Gaza y la respuesta de la Administración. Pero ahora la situación se ha vuelto mucho más represiva, con un ambiente de miedo». Y es que lo que antes era un espacio de libre discusión y aprendizaje se ha transformado en un entorno de silencio y cautela. La detención de Mahmoud Khalil, alumno de origen palestino, por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), ha desatado el miedo entre los estudiantes internacionales y ha puesto en evidencia la creciente represión bajo la administración de Donald Trump.

Claudia ha sido testigo directo de esta situación. «Yo creo que por venir de donde vengo igual es ficticia la sensación de seguridad, pero sí que hablo desde el privilegio de muchos compañeros que, por tener pasaportes de países del sur global, no tienen la fortuna de pensar que están completamente protegidos», explica. «Como europea, quiero pensar que de momento no somos un objetivo, pero nunca se sabe».
Acostumbrada a trabajar y vivir en zonas de conflicto como Somalia, Kenia y Grecia, Claudia se sorprende de lo que está ocurriendo en Columbia. «Nunca imaginé que esto pudiera pasar aquí». El arresto de Khalil ha sido una advertencia para los estudiantes activistas. A pesar de la falta de evidencias, el gobierno de Trump ha dejado claro que «será el primero de muchos». Además, la universidad de Columbia ha sido privado de 400 millones de dólares en subvenciones y ha recibido presiones para modificar sus departamentos académicos, especialmente aquellos críticos con Israel.
El impacto en la comunidad universitaria ha sido inmediato. «Aulas que antes eran foros de debate ahora se han convertido en territorios de silencio». Muchos estudiantes internacionales han optado por autocensurarse, algunos han retirado sus firmas de artículos y otros han decidido informar en sus países de origen en lugar de en Estados Unidos para evitar represalias.
Ante la situación, los estudiantes tienen que elegir: ¿resistir e informar o marcharse antes de que la situación empeore? Para muchos, la elección entre seguir ejerciendo el periodismo o protegerse se ha convertido en una decisión de vida o muerte. «Como europea quiero pensar que de momento no somos un target, pero bueno, nunca se sabe». Lo que está claro es que Claudia ha nacido para esto, para contar historias, para involucrarse y para crear conciencia social a través de su trabajo. Así lo ha hecho, lo hace y lo seguirá haciendo.


