La Rioja

«La igualdad sigue siendo una asignatura pendiente entre los jóvenes»

Las nuevas generaciones están creciendo en una etapa de expansión de la igualdad: grandes manifestaciones feministas, la llegada del movimiento al ámbito institucional… Sin embargo, este contexto ha desembocado en actitudes contrarias y, aunque la igualdad ha conseguido calar en los jóvenes, no lo ha hecho de manera homogénea. Es más, según un estudio del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), en los jóvenes de 16 a 24 años la brecha entre sexos es mayor.

Claudia Ruiz-Clavijo, orientadora educativa en el IES Duques de Nájera, admite que «es innegable que las nuevas generaciones han crecido en un contexto social mucho más avanzado en derechos y equidad que las anteriores. Sin embargo, en las últimas etapas de la educación obligatoria y postobligatoria, se hace más evidente una brecha de género en la forma en que el alumnado percibe y experimenta la igualdad».

Mientras algunos estudiantes se muestran comprometidos con los valores igualitarios, otros reproducen actitudes y comportamientos que perpetúan estereotipos tradicionales. «Esta realidad hace que me cuestione qué factores están influyendo en su formación y qué mensajes están interiorizando en esta etapa crucial de su desarrollo».

Esta orientadora reconoce que los avances logrados se fundamentan en parte a las políticas públicas enfocadas en la igualdad, a la intervención de profesionales cada vez más implicados en la concienciación de la comunidad educativa y al papel fundamental de muchas familias donde las mujeres han asumido una gran responsabilidad en la educación en valores de sus hijos e hijas. Aún así, «la lucha por la equidad sigue siendo una asignatura pendiente».

Claudia explica que una de las formas más preocupantes en las que se evidencian estas actitudes desiguales es la manera en que una parte del alumnado se dirige a sus profesores. «Desafortunadamente, en alguna ocasión he observado una falta de respeto hacia las profesoras, quienes deben demostrar su valía en mayor medida que sus compañeros varones».

Además, Ruiz-Clavijo no se olvida de un fenómeno que «no podemos olvidar»: el auge de ciertos discursos homófobos que parecen estar calando en parte del alumnado. «Resulta desconcertante cómo, a pesar de demandar mayor comprensión y empatía en el ámbito emocional, algunos jóvenes muestran una resistencia creciente ante los avances sociales en materia de diversidad y derechos humanos. Este rechazo, lejos de ser un simple acto de rebeldía, refleja una crispación que nos obliga a reflexionar sobre la influencia de determinados discursos en redes sociales y espacios de opinión».

Para esta profesional, el instituto no es solo un espacio de aprendizaje académico, sino el laboratorio donde se forman los ciudadanos del futuro. Pero, no hay que olvidarse de que «el alumnado no construye sus valores en el vacío, sino que absorben como esponjas las conductas y actitudes que ven a su alrededor».

Por ello, «no es casualidad que muchos comportamientos que observamos en los institutos sean un reflejo de lo que sucede en la sociedad en general. La manera en que los chicos y chicas interactúan entre ellos, los comentarios que normalizan y las jerarquías que establecen nos ofrecen una radiografía de los mensajes que les están llegando desde sus familias, los medios de comunicación y su entorno digital».

Y el problema más acuciante llega cuando una profesora, mujer y joven, se enfrenta a una clase. «En este caso tienen una doble presión: no solo deben demostrar su competencia profesional, sino que además se ven sometidas a una constante evaluación por parte del alumnado y de la comunidad educativa en función de su edad y género». Este tipo de barreras sutiles, pero profundamente arraigadas, son un recordatorio de que, aunque hayamos avanzado mucho, «el camino hacia una igualdad real sigue requiriendo un compromiso firme por parte de todos los agentes educativos y sociales».

«Todavía queda mucho por hacer»

Isabel Villacian también trabaja como orientadora en el IES Duques de Nájera, y comparte con su compañera la idea de que se ha avanzado como sociedad y «nuestros adolescentes tienen mentes más abiertas y valoran más la igualdad, aunque eso no quiere decir que se hayan eliminado ciertos estereotipos o ese machismo que imperaba en generaciones anteriores».

En el ámbito de las relaciones, Isabel percibe que los jóvenes apuestan por vínculos donde impera la igualdad, es decir, «son conscientes de que ambos miembros de la pareja tienen que trabajar,encargarse del cuidado de los hijos, las tareas del hogar…».

Y en el área laboral, el avance según esta orientadora se ve reflejado en que «hay ciertas profesiones que se han venido considerando como de hombre y otras por el contrario de mujeres, lo que repercute en la elección del bachillerato. Ciencias y Tecnología era más demandado por hombres que por mujeres, y el de Ciencias Sociales y Humanidades, todo lo contrario. Sin embargo, actualmente ha habido un incremento mayor por parte de las mujeres en lo que hace unos años era considerado como profesiones o carreras asignadas a los hombres».

Cambios y avances, sí, pero «todavía queda mucho por hacer». Y es que, pese a que las nuevas generaciones tienen más integrada la importancia de la igualdad, «todavía tenemos que escuchar comentarios como ‘mujer tenías que ser’, ‘esto es cosa de niñas…'».

Ambas coinciden en que la igualdad no solo debe entenderse como un derecho fundamental, sino también como un aprendizaje continuo que ha de integrarse en cada aula, cada conversación y cada interacción cotidiana. «No es un objetivo inalcanzable, sino un proceso que requiere compromiso, esfuerzo y una acción coordinada desde todos los ámbitos de la sociedad».

Porque, como bien dicen estas dos orientadoras, a lo largo de la historia las mujeres hemos conseguido mucha más cosas de las que podíamos llegar a pensar, pero aún podemos llegar a obtener más».

Para ellas, «la única manera de caminar hacia un futuro en el que nuestro alumnado pueda vivir conforme a sus deseos, sueños, proyectos y capacidades es educando en igualdad. La educación es la clave para derribar prejuicios, fomentar el respeto mutuo y garantizar que cada persona, independientemente de su género, pueda desarrollar todo su potencial en una sociedad verdaderamente equitativa».

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