Podría este artículo arrancar con un manido «la realidad supera a la ficción», pero esto no va a ocurrir. Supondría mancillar, en cierto modo, la memoria del mayor talento que ha dado el cine patrio en cuanto a narrar historias se refiere. Al leer la primera página del guion, Rafael Azcona se habría rasgado las vestiduras casi tanto como por el hecho no haber sobrevivido a unos acontecimientos que lo tienen todo para haber llevado a la gran pantalla un relato que aúna tres de sus mayores pasiones: el cine, una atmósfera berlanguiana y el vino que da nombre a la tierra que le vio nacer.
De hecho, cuesta no imaginar que desde ahí arriba el bueno de Rafael ande moviendo ciertos hilos para que la gran fiesta del cine español haya quedado inequívocamente vinculada a dos botellas de vino de Rioja, cuyo centenario no coincide con el del nacimiento del guionista logroñés por cuestión de meses. Porque nadie puede negar que tiene un claro ‘sello Azcona’ todo cuanto ha rodeado a los días posteriores a la gala de los Goya.
La misteriosa desaparición (y esperpéntica reaparición) de las botellas que el Consejo Regulador puso en manos de las estrellas para que estamparan en ellas sus doradas rúbricas ha deparado un maremágnum de hechos y reacciones que, en manos de Rafael Azcona, habría derivado sin lugar a dudas en obra maestra del celuloide. Vendría a resultar, con casi total certeza, en una comedia de enredo con trazas de surrealismo y personajes de lo más variopinto. Aunque, a tenor del relato de la trama que han hecho los medios de comunicación de todo el país, la película correría el riesgo de acabar catalogada como un documental.

Porque la tele nacional -que ha flipado con este asunto a niveles insospechados- ha dejado escenas, personajes y posibles títulos que conviene reseñar para cuando dentro de algunos años la nostalgia nos haga evocar lo acontecido estos días. Comencemos con el repaso.
«No estaban perdidas, estaban de parranda»
El rótulo con el que el programa ‘NQSF’ encabeza el faldón, por azconiano, bien merece nuestra nominación. El resto del elenco, con María Patiño y Belén Esteban confabulando sobre lo ocurrido, es pura magia. Mención especial a los efectos de sonido.
«El robobo de los Gogoya» (Si eres millennial problablemente no entiendas esta genialidad)

Quizás no encaje demasiado en el estilo Azcona el título propuesto por el programa ‘Todo es mentira‘ (Cuatro), pero desde esta humilde página solo podemos ponernos en pie y rompernos las manos a aplaudir. Nos quitamos el sombrero, nos lo volvemos a poner… y así hasta el infinito. Bien es cierto que el espacio que dirige Risto Mejide flaquea en el nivel interpretativo, pero merece nuestra nominación por el buen gusto en las tramas secundarias a la acción principal.
A este respecto, cabe reseñar cómo otros espacios de la cadena han llegado a especular con los motivos del extravío de las botellas, hasta el punto de sugerir que el móvil fue «un robo fetichista».
La tragicomedia
El bueno de Azcona sabía que los mayores éxitos cinematográficos se daban cuando las película maridaban géneros aparentemente incompatibles ante sí. La comedia por la comedia o el drama por el drama no llegaban a buen puerto, pero una buena tragicomedia lo tenía todo para triunfar.
Una sensación similar siente el espectador al ver ‘El gato al agua’, que se refirió a este asunto sin saber muy bien si alegrarse o tomárselo a guasa. Finalmente, aseguraron el tiro y decidieron estos acontecimientos para cargar contra el Gobierno porque los Goya «son un despilfarro descomunal, pagado con sus impuestos» y señalar a los dos Pedros más queridos por el progresismo (Sánchez y Almodóvar) como presuntos ladrones de las botellas.


