La Rioja

Rosana Calvo: «Verse sin pelo es una de las partes más duras del cáncer»

Rosana Calvo: «Verse sin pelo es una de las partes más duras del cáncer»

FOTO/Fernando Díaz. Riojapress

El cáncer no solo significa luchar contra una enfermedad, sino también contra los efectos colaterales que impactan profundamente en la identidad y la autoestima de los pacientes. La caída del cabello es una de las secuelas que más temen sobre todo las mujeres, y es que esa transformación puede llegar a afectar la manera en la que una mujer se percibe a sí misma y cómo siente que la ven los demás.

Rosana Calvo aprendió desde pequeña la importancia de estos cambios en el sentir de las mujeres. Su padre regentaba una posticería y daba solución a los problemas capilares, pero encarar la realidad oncológica pudo con él. «No se veía capaz, y es que para hacer frente a una situación tan potente, estás o no estás. No es agradable para nadie, tampoco lo era para mí, pero entendí que era más que necesario».

Y así, desde las primeras formaciones que cursó Rosana a los 16 años, ha ido aprendiendo que la vida cada vez se complica un poquito más. «En aquellos años no había este volumen de pacientes y menos tan jóvenes. Eran sobre todo mujeres mayores que tenían una enfermedad con la que se les caía el pelo, pero venían a por pelucas con cuantagotas».

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Desgraciadamente la situación ha empeorado, pero Rosana cree firmemente que algún día su trabajo no existirá. Quizá sea una utopía, pero en su cara se nota que lo piensa de verdad. «La parte oncológica ha ido evolucionando como ha evolucionado la medicina. A más a más prevención y a más diagnóstico precoz, más volumen de trabajo, más pacientes. Sin embargo también he visto una evolución positiva y y tengo la la fe de que esto se va a acabar. Las investigaciones cada vez están más dirigidas a tumores muy concretos, se le está poniendo nombres a tumores que no tenían, están encontrando cómo trabajan esas células, cómo funciona la proliferación de un cáncer en los inicios…».

Porque Rosana se dedica a la estética oncológica, sí, pero cualquiera diría que es médico o investigadora escuchándola hablar. «Me gusta estar informada y con todos los años que llevo en esta profesión he visto muchos casos». Años en los que se ha planteado una y mil veces dejarlo, «pero está intrínseco en mi persona el ayudar a la gente, y este es mi lugar».

Con mucha experiencia a sus espaldas, confiesa que lo que le han enseñado sus clientas es que «verse sin cabello es una de las partes más duras de la enfermedad, sobre todo en mujeres jóvenes». Cuando cruzan la puerta del centro por primera vez (calle Marqués de Vallejo, 10) la inseguridad y las dudas se hacen muy patentes, y es que «siguen sin aceptar lo que sucede. Y es lógico».

FOTO/Fernando Díaz. Riojapress

Tras una charla con Rosana, siempre positiva y muy amable, «se le hace a la clienta una medición craneal que se envía al taller para que la peluca encaje a la perfección. No tus orejas, ni tu frente, ni tu nuca… son iguales que las mías, por eso hay que trabajar al milímetro». Una vez fabricada la peluca llega lo que más le apasiona a Rosana: darle forma y color. «Soy una creativa de la vida, así que adapto el corte y el color a la clienta». El objetivo es que se vea favorecida y no cambiar su estilo propio.

Y una vez que ya se usa la peluca, tiene que tratarse y mantenerse. «Les decimos que se pasen una vez al mes para hidratarlas y que siempre estén bonitas». En definitiva, pelucas personalizadas y a medida por las que no se pagan extras. «Cuando hablamos de cortes, de color… todo está ya metido en el precio de la peluca».

Hablando de precio. Esta profesional es consciente de que muchas familias no pueden costearse según qué cosas, «pero yo no trabajo para la que quiere estar guapa, yo trabajo para todas, independientemente de sus circunstancias económicas. Mi objetivo es que todas puedan acceder a los productos».

Tal y como explica Rosana, cuesta hacerse a la idea de tener que ponerse una peluca, «pero luego te lo agradecen, te lo agradecen mucho». Porque es muy necesario que «la paciente tenga una versión digna de sí misma durante todo el tratamiento, por ella y por su entorno. Las personas de nuestro alrededor nos quieren ver bien y sentirte bien contigo misma es salir al mundo de otra manera». Y es que a veces las ganas no están, pero hay que hacerlo sin ganas.

FOTO/Fernando Díaz. Riojapress

Siguiendo con los tratamientos estéticos y más allá de las pelucas, Rosana ha incorporado en su centro la técnica Indiba para aquellos casos más complejos. «Normalmente, después de la quimio el pelo sale perfectamente, pero hay situaciones más complejas, y para ello hemos incorporado la técnica Indiba. Quiero que se quiten la peluca lo más pronto posible y para poder hacerlo con el menor coste posible necesito que durante los meses que dure el tratamiento el cuero cabelludo esté lo mejor posible». Para ello utiliza esta tecnología, que estimula desde la hipodermis la producción celular.

En lo que llevamos de entrevista las lágrimas han hecho acto de presencia varias veces en el rostro de Rosana (y en el de una servidora), pero esto queda entre nosotras. «Mi trabajo es muy emocional. Ellas vienen, se abren, te cuentan sus historias, pero yo no puedo venirme abajo, eso sí, cuando se van…». Pero, ¿de dónde saca esa fuerza? «Solamente creo que lo puedo hacer porque pienso, ¿y si yo estuviera aquí? ¿Nadie lo haría conmigo?».

Y lo hace de corazón, porque «este trabajo no se puede hacer desde el negocio. Si lo haces desde el negocio te vas a equivocar. Y es verdad que hay un coste, y es verdad que hay un dinero implícito, pero si lo hubiera hecho desde la mirada empresarial, hace veinte años que no estaría aquí».

La labor de Rosana va más allá de la parte estética. Rosana divulga, informa y enseña a cuidarse. «Me gusta educar a mis chicas en el cuidado porque todos somos imperfectos, y cuando el cáncer se vaya volveremos al estrés, al ‘no tengo tiempo’. Pero después de un cáncer, te aseguro que se conciencian de todo lo que les hace sentir mejor y siguen con ello».

Dejando a personas por el camino, sí, pero salvando a muchas otras, Rosana no se baja de este barco hasta que «ganemos la batalla al cáncer».

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