Profesor e historiador, Carlos Gil Andrés, escribía en El País hace unos días una tribuna en la que se debatía la forma de mejorar la enseñanza sobre la Guerra Civil en la educación obligatoria. Sin caer en el lamento, ve con preocupación la falta de conocimiento sobre una parte cercana de nuestra historia especialmente entre los más jóvenes.
– ¿Se enseña bien la Guerra Civil en la educación obligatoria en España?
– El problema viene por la tortura de la síntesis y de la enseñanza de forma cronológica en un tema tan complejo. El tema de la Guerra Civil se ubica siempre a final de curso, quedan tres o cuatro clases y es imposible abordar un tema tan complejo con tan poco tiempo. No es que ahora no se explique bien, es que nunca se ha hecho. Luego está es Bachillerato en el que se podría profundizar más pero estamos pendientes de una prueba de EBAU que hace otra vez dar esa parte del temario de forma demasiado rápida.
– ¿Entonces por qué parece que los jóvenes saben menos de esta época que la generación anterior?
– Por varios motivos. El primero es que la memoria viva prácticamente ya no está. Cada vez queda menos gente que vivió la guerra y los primeros años de la dictadura. Es verdad que en los primeros años de la transición a esas personas les costó hablar del tema pero a finales de los 90 se empezó a escribir mucho con sus experiencias, a dar charlas y se empezó a hablar. Esas personas habían callado, los hijos no habían preguntado y fueron los nietos los que empezaron a preguntarse por esa historia viva de sus abuelos. La mayoría de estos abuelos ya han desaparecido. Por eso ahora no se puede permitir que esas historias caigan en el olvido, tenemos más responsabilidad que nunca.
Por otro lado, la cultura escrita no forma parte de nuestros alumnos. Incluso los buenos alumnos leen y escriben menos que hace unos años. Las referencias que les llegan de lo que pasó en la Guerra Civil y en la dictadura les viene por fuentes cercanas (de sus padres o incluso de iguales) y por internet, sin filtros que den pruebas de una veracidad real. Los canales por los que reciben la información están llenos de bulos y esto viene pasando desde hace diez o doce años.
– Cada vez es más fácil escuchar eso de ‘con Franco se vivía mejor’.
– Eso no es nuevo. La diferencia es que antes existía esa idea de forma muy minoritaria, de algunos nostálgicos. Incluso el que lo pensaba no se atrevía a decirlo en público. Con el ascenso de la extrema derecha eso ha cambiado. Podríamos decir que muchos han salido del armario y tenemos un problema porque los valores democráticos se han devaluado y esto viene por un desconocimiento total de lo que pasó en esa época, de cómo se vive en una guerra o en una dictadura. La mayoría de la gente que cuestiona las bases democráticas son personas que sólo han vivido en democracia. Creen que las cosas de las que nos aprovechamos (derechos, leyes) no ha costado tiempo conseguirlas. No hay un solo museo en España que explique cómo se vivía en la Guerra Civil o en la dictadura. Eso en Alemania no pasa.
– Pero en Alemania también se está empezando a ver el auge de la extrema derecha.
– Todos los países europeos han pasado por momentos incómodos pero en Alemania, como en Italia o Francia hubo una especie de culpa colectiva y ves cómo hay cosas que no se cuestionan. No sé qué pasará en un futuro cercano pero, de momento, no se cuestionan. Este verano he estado en Berlín y en la ciudad puedes ver museos de cómo se vivía durante el nazismo pero también cómo era la vida en la República Democrática Alemana, como era una aula de detención, como era un aula de la Stasi, tienes acceso a los archivos… En España no existe nada parecido sobre la vida cotidiana de la guerra o la dictadura.
– Entonces, si es una cuestión de ignorancia se podrá solventar a través de la educación.
– Efectivamente. Es una cuestión de ignorancia que provoca un descrédito de las relaciones democráticas y hay determinados partidos que navegan bien en estas aguas, que te prometen una solución en 24 horas a temas muy complejos. La simplificación de las cosas. El problema de que no se haya solventado este problema a través de la educación es que no ha habido un consenso general en el que un sistema educativo trate este tema de forma transversal. Tenemos profesores bien formados, tenemos más recursos que nunca pero falta tiempo para poder hacerlo. La LOMLOE aborda este problema como intención pero nos encontramos luego con programas eternos y ofrece otro problema: al intentar cambiar algunas cosas se han desechado otras de sistemas anteriores que eran muy buenas. Que los chavales conociesen bien la guerra civil y la dictadura nos haría estar vacunados contra los nacionalismos, vengan de donde vengan, contra los mitos y contra los bulos. Es imprescindible este consenso educativo pero ahora parece más difícil que nunca llegar a consensos con la polarización en la que vivimos. Así es imposible trabajar a largo plazo.
– Parece pesimista.
– Lo que creo es que hay que dejar de lamentarnos y pensar qué vamos a hacer.
– ¿La conmemoración del 50 aniversario de la muerte de Franco puede servir para volver a poner este tema en la agenda educativa?
– Estos primeros días desde que se anunció que se iba a celebrar la conmemoración hemos visto muchas reacciones muy distintas pero una cosa es lo que se habla mediaticamente y lo que se publica y otra cosa es por dónde respira la ciudadanía. Este nivel de confrontación con respecto a algunos temas no existe en la calle. La gente, en general, se mezcla, vivimos con gente que piensa de manera diferente a la nuestra, pero hay partidos a los que les interesa esta confrontación en este tema concreto. Muchos se quejan de que va haber cien actos pero estoy seguro de que si hubiese sólo uno también lo harían. No me parece mal que se conmemoren estos hitos históricos si sirven para que el ciudadano conozca la historia de lo que pasó. Este año se conmemoran los 80 años de la liberación del campo de exterminio nazi Auschwitz-Birkenau. ¿Habría que cerrarlo? Parte de la derecha no quieren hablar de la Guerra Civil ni de la dictadura porque compromete a sus familias, porque compromete incluso a sus siglas políticas pero hay que hablar de ello. Condenan situaciones atroces como la que se está viviendo en Venezuela pero no otras como las de Arabia donde hemos tenido estos días a toda nuestra Federación de Fútbol.
– Y aún así uno de cada cuatro jóvenes españoles de entre 18 y 34 años no considera que la democracia sea preferible a cualquier otra forma de gobierno.
– Si los jóvenes supiesen cómo se vivía en la dictadura te aseguro que no querrían vivir en un mundo así. Ya no hablamos de la imposibilidad de separarse, abortar o ser homosexual, si no de cosas tan básicas como las que tenían que vivir las mujeres que no podían vender un piso, aunque fuese suyo, sin la firma de su padre o su marido. Si no fuera por lo grave que es sería bueno que vivieran unos años en una dictadura, pero para los experimentos ya tenemos la historia. Es imprescindible que aprendan de ella.


