La Rioja

Cuentos de Navidad en el Mercado del Corregidor

Natividad se reunirá con trece personas el 25 de diciembre, que además es el día de su cumpleaños

Natividad se reunirá con trece en Navidad, que además el día de su cumpleaños.

«Nos lanzábamos de cabeza a por un mendrugo de pan». Nació en el 38. «Imagínese usted qué Navidad podía tener yo de niño. He tenido una infancia muy complicada». Se emociona. No quiere recordar sus navidades pasadas. Tampoco las que están por llegar. Pasea por el Mercado del Corregidor, con su chaquetón beige, de puesto en puesto, sin bolsa alguna. «Yo este año no celebro la Navidad». Se le cortan las palabras. «Se me ha muerto la mujer hace un mes y medio». Se despide educadamente, tratando de recomponer una figura que se pierde entre el trajín de un día de mercado muy concreto: un viernes previo a los días más festivos del año, a escasas cuatro jornadas de la Nochebuena.

No hay sonrisas. Aquí el espíritu navideño se apunta en un papelito blanco con todo lo que hay que comprar. El gesto amable lo ponen las tenderas, que les desean a sus clientes habituales que pasen unas buenas fiestas: «Bueno, si no nos vemos, ya sabes, a pasar buenos días». Al tiempo de la felicitación, la clienta recibe su bolsita de aceitunas aliñadas y un poco de bacalao para desalar, y le devuelve el saludo mientras paga su cuenta. Mira al resto que hace la cola, un tanto altiva: «Yo ya me marcho que hoy he madrugado». Las que esperan reciben la indirecta: a ellas les toca esperar.

Se observan gestos de concentración, de cierta urgencia, de tener las ideas muy claras. El menú navideño está la cabeza. Y nada se puede olvidar para evitarse las filas que están por llegar ante los puestos de carne, de pescados, de mariscos, frutas, embutidos o turrones. Jornada de recados. De la pesca a la carne, de los embutidos a los quesos, del salado al dulce… «Te cojo ahora esto y ya vendré el lunes a por el cordero». El carnicero le sonríe, pero sus ojos le delatan, no parece que sea la primera vez que le recuerdo el asunto que tienen ya hablado desde hace semanas.

Miles de riojanos se cruzan por el mercado sin detenerse en más presencia alguna que la propia, la de la fila en el pescadería o la del número donde el cordero. «Aquí estoy, de espera». Nati tiene 75 años. Está guapísima. Con su carrito. Lo acabará llenando. Cena con su marido, en Nochebuena; y al día siguiente, en Navidad, tendrá trece alrededor de su mesa. «Es que es mi cumpleaños». Natividad celebra la Navidad, su cumpleaños y sobre todo estar rodeada por los suyos. Anda de espera, porque el cochinillo se retrasa. Lo encargó hace unos días. Experta ella, sabe que la previsión es el mejor de los movimientos para ahorrarse tiempo. «Pero es que todavía no ha llegado». Natividad no se va a ir del Mercado del Corregidor sin su cochinillo.

Viernes prenavideño en el Corregidor.

Es de Pedroso. Y cocina casi a la carta. «A unos les gusta más el cordero, a otros más el cochinillo». Y en su casa habrá para los primeros y para los segundos. Es su cumpleaños. Faltaría más. «Hago también tigres, y croquetas». Tendrá pulpo, «ya sabes, el picoteo de siempre». Lejos queda la forma en la que se celebraba la Navidad en su Pedroso natal. Su madre, Inés, preparaba conejo, guisado en la cazuela para el día de Navidad. «Estaba riquísimo». Es el sabor de su Navidad. El recuerdo de las navidades pasadas. «Ahora lo preparo igual, es la misma receta, pero no para Navidad». Sí para el resto de grandes ocasiones del resto del año, junto a su familia. «Teníamos también una buena bacalada» recuerda, y ese pollo inolvidable. «Se criaba en la cuadra y se reservaba para estas fechas».

En casa de Puri se junta seis. «Pero me faltan muchos más». Se acuerda de su marido, «que falleció hace 19 años». Lo sigue echando de menos. «Tampoco están mis padres, ni mis cuñados». Pero la pena se digiere de recado en recado. Todo estará listo en la casa de Puri para la Nochebuena y la Navidad. Su recuerdo gustativo le lleva a «un bacalao con tomate, cebolla, pimientos…». La Navidad en familia. «Ahora ya no preparamos este bacalao». Apuesta por una parte de este pescado. «Somos más de cocochas». ¡Qué ricas! Cochinillo y cabrito. «Espero que tú también tengas buena Navidad». Puri sigue con lo suyo. Ha puesto el ojo en la frutería, en donde ha visto un hueco para seguir completando su lista de la compra.

Lo de Begoña es tema serio. Debe ser como una especie de reina del Mercado del Corregidor. Conoce a todos, la conocen todos. «Pásalo bien, eh». Le sonríe el pollero, con el puesto hasta arriba de gente. Venía de hablar con el carnicero, que andaba un poco más tranquilo. «A ver, tranquilo que ya me pasaré a por eso, no sufras». Begoña fluye. «Yo ya he aprendido a tomarme la vida con tranquilidad». Se lo dice a este redactor, cargada de bolsas. Con la fuerza propia de la matriarca. Las reinas siempre sonríen. Se detiene en la tienda de encurtidos y bacalaos. Sola, sin nadie esperando, se entretiene mientras compra la responsable de este puesto. «Chica, pues es que es lo que toca», le dice. Begoña organiza el cotarro en su casa. «Tengo a trece», explica. «Claro que lo preparo yo». La pregunta le parece tonta. Sencillamente porque lo es. Ellas son la Navidad, y no solo la Navidad.

Begoña sigue con sus recados, en su mercado, de puesto en puesto.

En su recuerdo: «Los calamares rellenos de mi madre». Y puede faltar de todo, pero jamás faltará esta receta en la mesa de Begoña. «Están riquísimos. Es una receta que aprendí de mi madre que los ponía siempre en Navidad». Tradiciones como la que ella misma está creando sin darse cuenta, y que deberá cuidar la siguiente generación. «Mira, el día de Reyes preparo unas chuletillas de cordero robazadas con bechamel que son una delicia».

Cargada con sus bolsas, Begoña se hace un hueco en otro de los puestos para enviarle un beso sincero a una de las tenderas. Ella se despide su mercado hasta la semana que viene. Cuentos de Navidad en el Mercado del Corregidor.

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