Agricultura

La poda de respeto, clave en la esperanza de vida de la cepa

Foto: Leire Díez

Controlar el crecimiento natural de la cepa y mejorar el rendimiento y calidad de las uvas. Este es el objetivo principal de la poda y que, precisamente, en estos últimos años ha ganado más importancia. La reducción de rendimientos en campo que marcan desde el seno de la DOCa Rioja comienza con esta práctica invernal tan determinante, aunque no es solo ese ajuste en la producción estimada en donde interfiere la poda. Las técnicas de corte aplicadas han variado en los últimos años primando una vida más longeva para la planta y en mejores condiciones.

En Bodegas Valdemar ya se han cargado las tijeras para recorrer las cerca de 280 hectáreas que tiene por delante esta bodega de Oyón, todas en propiedad. Antonio Orte, director técnico de la casa, aplica desde hace unos años la poda de respeto que, destaca, no comparte la filosofía tradicional de poda en la que se intenta hacer los cortes lo más ajustados al límite, a la yema, eliminando lo máximo de madera posible para dejar la cepa más ‘limpia’.

«Nosotros procuramos perfeccionar y depurar la planta pero no tanto desde el punto de vista puramente de la producción, porque tampoco tenemos rendimientos excesivos y siempre ajustamos mucho con los aclareos, sino poniendo el foco en aumentar la esperanza de vida de la planta. Con la poda de respeto conservas al máximo los circuitos internos de conducción de la savia. Al final, cualquier corte que hagas sobre el sarmiento implica un desecamiento dentro de la planta en la zona contigua a ese corte, por lo que si haces cortes en zonas muy cercanas a las yemas o donde están esos vasos de conducción, limitas el espacio que tienen la savia para circular y dificultas su libre flujo. Es decir, que comprometes no solo la producción sino también el tiempo de vida de la planta», apunta.

Esta metodología se aplica desde hace muchos años en diferentes zonas y aquí en Rioja, opina Orte, «cada vez está más extendida y cada vez se implanta más». A su parecer, «es algo que hay que defender porque se promueve una mejor calidad del fruto y un mayor equilibrio de la planta, que se traduce en una mayor esperanza de vida de la planta, y eso es lo que se busca, que la calidad sea sostenida que eso sea sostenido en el tiempo». En este sentido, remarca que «la viña vieja solo por serlo no va a traer mejor calidad, pero si se ha cuidado bien y está en un buen sitio es más probable».

Los resultados son evidentes, pero la gestión de esta poda de respeto no siempre es tan evidente. «Es un trabajo al que muchas veces no se le dedica la importancia y el valor que tiene porque parece que cualquiera puede podar con cuatro notas básicas, pero la gente que lleva toda su vida podando sabe los efectos que tienen los malos cortes porque limitan el ciclo de vida y el equilibrio vegetativo, lo que también repercute en el equilibrio cualitativo. Por eso requiere de dedicación y también de formación, algo que choca muchas veces con la realidad que existe en cuanto a la rotación de personal que existe en el campo», incide el director técnico de Bodegas Valdemar.

En su caso, la firma cuenta con una familia que desde hace unos 30 años viene para cubrir las temporadas de poda, espergura y vendimia. «Las segundas generaciones siguen viniendo a día de hoy y por eso hemos podido aprovechar la continuidad y formación que se ha hecho para tener un mayor control y calidad en nuestros trabajos».

«El coste de este tipo de poda también es mayor porque te hace pensar más. Cada cepa es un mundo y tienes que pensar en ese sarmiento que vas a dejar, cómo se van a disponer los vasos en función de dónde se realices los cortes. Si cada año cortas en una zona diferente y en diferentes posiciones igual creas una zona de desecamiento, de tejido muerto muy grande, que hará que ese sarmiento quede muy débil porque no le llegan recursos suficientes, mientras que si haces los cortes solo en un lado esa parte quedará con un desecamiento pero no afectará a otras zonas del recorrido de la savia», advierte.

Así que es tiempo de agudeza y de dedicar atención y esfuerzos. Tiempo en el que el paisaje de Rioja se reparte entre las viñas ya podadas, con esos sarmientos apilados en el centro de la calle y en muchos casos formando lo que serán ya las futuras gavillas, y las que lucen aún esos largos y enrevesados sarmientos sobre los que hace escasos meses colgaban las uvas. Eso sí, las hojas hace tiempo que desaparecieron de la mayoría de zonas.

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