La sala de vistas número 13 del Palacio de Justicia de La Rioja volverá este martes a convertirse en el escenario donde Antonio G. D. y Carlos R. M. depuren sus responsabilidades ante la Ley por el asesinato de Guillermo Castillo (de 78 años) durante la madrugada del 2 de mayo de 2023 en su domicilio de Cuzcurrita del Río Tirón. La Fiscalía pide para cada uno de ellos 27 años de prisión (con nueve meses adicionales para Antonio al ser reincidente en robos con violencia), mientras que las acusaciones particulares elevan su petición a prisión permanente revisable y las defensas reclaman la absolución para cada uno de sus representados.
Durante la sesión de este martes -la quinta del procedimiento- prestarán ocho de los agentes que participaron en la ‘Operación Squilla’ de la Guardia Civil, que permitió detener a los dos acusados. Una operación en la que fueron claves las aportaciones de un testigo protegido al que aún no han podido escuchar los miembros del tribunal popular, pese a que el pasado martes estaba citado a declarar. Su paradero es todo un misterio desde que marchó a Francia para trabajar en la vendimia y con la reanudación del juicio sabremos si han fructificado los intentos de la Unidad Orgánica de Policía Judicial por localizarlo.

Cabe recordar que el pasado 4 de noviembre comenzó en la Audiencia Provincial el juicio contra los procesados, que en la primera sesión negaron su participación directa en el asesinato del conocido hostelero.
El día siguiente estuvo marcado por el testimonio de la hija de la víctima, que relató cómo la pareja de uno de los presuntos asesinos confesó el crimen en encuentro fortuito en Pradillo- y por la elevada tensión en la sala, que derivó incluso en un conato de pelea entre los acusados. En esa misma sesión, el agente de la Guardia Civil que actuó como secretario durante la investigación confirmó que Guillermo «no tuvo opción alguna de defenderse o pedir auxilio», lo que refuerza la estrategia de las acusaciones particulares, que consideran la vulnerabilidad de la víctima como uno de los elementos que justifican su petición de prisión permanente revisable para los imputados.
En ese mismo aspecto -la vulnerabilidad del hostelero- incidió el capitán al frente de la investigación, que el pasado miércoles aportó ante el tribunal todas las claves que permitieron determinar que el asesinato había sido obra de más de una persona y que esos autores eran Antonio y Jorge.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
El jueves, durante la última de las sesiones del juicio celebradas hasta el momento, el otro hijo de Guillermo Castillo afirmó que en Cuzcurrita «se sabía que mi padre tenía dinero escondido en casa», al tiempo que otros testigos apuntaron otros hechos anómalos que ocurrieron la misma noche del asesinato, aunque estos no guarden necesariamente relación con el crimen: un «ruido» de madrugada, un «extraño» en las inmediaciones del crimen y un perro «asustado» en un coche frente a la vivienda de la víctima.
Tras la jornada del pasado jueves -en la que se cerró la ronda de declaraciones de testigos civiles-, el tribunal y las partes acordaron suspender las dos siguientes sesiones para retomar este martes un juicio que podría quedar visto para sentencia a finales de la próxima semana. No en vano, el calendario de sesiones sitúa el 19 de noviembre como la jornada en la que el jurado popular debe retirarse a deliberar el objeto del veredicto. Hasta entonces, aún restar por prestar declaración de una treintena de guardias civiles y de diferentes profesionales forenses para tratar de demostrar la implicación de los dos acusados en el brutal asesinato de Guillermo Castillo.


