Cultura y Sociedad

En La Rioja se vive mejor, pero «estamos tirando de las rentas»

Sergio Andrés Cabello advierte que en La Rioja «es posible que estemos viviendo de las rentas»

No se trata sólo de una sensación. El hecho de que en La Rioja se vive bien es un dato reconocido desde hace años a través del Indicador Multidimensional de Calidad de Vida (IMCV), que lo corrobora poniéndola detrás de Navarra y por delante de Aragón, en el segundo puesto de un podio que se repite casi año tras año pero que tiene un riesgo: «la confianza». El sociólogo Sergio Andrés Cabello, de la Universidad de La Rioja, advierte que detrás de estos números positivos se esconden señales de riesgo que, de no atenderse, podrían afectar seriamente a la comunidad a futuro. «La fotografía es buena, pero es posible que estemos viviendo de las rentas, no podemos confiarnos».

El indicador en el que cada año tan bien parada aparece La Rioja se construye a partir de factores tangibles —como salud, educación y vivienda— y de otros más subjetivos, relacionados con percepciones de bienestar y seguridad. Son estos segundos quienes aúpan a La Rioja a un buen puesto. «Es como si nos hubiésemos puesto guapos para salir bien en la foto», explica. Para él, estos resultados dibujan una “buena foto fija, pero con sombras crecientes”. Analiza por otro lado que, mientras La Rioja disfruta de un entorno favorable en comparación con la media nacional, «ha comenzado a mostrar un deterioro en varios aspectos fundamentales» como la educación, las condiciones laborales y la cohesión social.

Así, Cabello observa con cierta preocupación que, en general, la calidad de vida riojana parece estar apoyándose en “las rentas del pasado: desde 2019, varios indicadores han empeorado de forma significativa». Por ejemplo, en condiciones materiales de vida, La Rioja ha perdido 2,5 puntos, y en salud también ha habido una notable disminución.

«La pandemia del COVID-19 también dejó su marca, provocando un descenso en el ocio y las relaciones sociales de la comunidad», con una caída de 2,6 puntos en este ámbito. Además, la percepción de seguridad física y personal, que hasta hace poco tiempo era elevada, ha caído a un ritmo mayor que el promedio nacional. Aún así, uno de los mayores retrocesos se ha observado en el ámbito educativo.

Además de estos datos, Sergio Andrés Cabello señala que La Rioja se enfrenta a retos económicos y estructurales que afectan tanto al presente como al futuro de la región. Uno de ellos es «la crisis que atraviesa el sector primario, especialmente en el viñedo, que históricamente ha sido un pilar fundamental de la economía local». Esta y las dificultades de acceso a la vivienda son factores que amenazan con empeorar la calidad de vida de la región en los próximos años.

Asimismo, el sociólogo subraya que la percepción de seguridad en la comunidad ha descendido, lo cual resulta paradójico en una región donde apenas el 8 por ciento de los ciudadanos declara sufrir delincuencia o vandalismo en su entorno. Este dato sugiere una desconexión entre la realidad objetiva y la percepción de los riojanos, un fenómeno que se explica en parte por el perfil social de la región, caracterizado por un “pensamiento extremo”: “En La Rioja o creemos que somos los mejores o que somos un desastre, no tenemos término medio”, reflexiona.

Pese a estos retos, La Rioja sigue destacando en aspectos más subjetivos de la calidad de vida. En un indicador como el de satisfacción con la vivienda, los riojanos lideran el ranking nacional, con un 22,8 por ciento de ciudadanos que expresan una alta satisfacción con sus hogares. En cuanto a las relaciones sociales, el 95,1 por ciento de los riojanos confía en que podría recurrir a amigos, familiares o vecinos para pedir ayuda en momentos de necesidad, una cifra superior a la media española. Aun así, señala que la confianza general entre los habitantes ha disminuido: el porcentaje de riojanos que declaran una confianza alta o muy alta en el resto ha caído diez puntos desde 2018, quedándose en un 54,5 por ciento.

Además, las cifras muestran que la participación política en La Rioja también ha caído significativamente en los últimos años, lo que podría reflejar un creciente desinterés o desencanto hacia los asuntos públicos.

A pesar de la “buena fotografía” que ofrece el IMCV, el análisis de Sergio Andrés Cabello destaca la importancia de no caer en la complacencia. En su opinión, los datos positivos no deben ocultar las señales de alarma. Cabello subraya que la desigualdad está creciendo en la comunidad y que esto afecta tanto a la estabilidad social como a la cohesión comunitaria. “La Rioja es una región en la que no se vive mal, pero en el contexto actual creo que estamos en una situación de riesgo”, advierte.

Como muchos sociólogos, lleva años advirtiendo sobre estas tendencias, aunque, admite, han sido desoídos o tildados de “agoreros”. Sin embargo, su análisis es claro: si no se actúa pronto, La Rioja podría enfrentarse a un futuro menos favorable. “Contamos con buenas condiciones, pero no podemos conformarnos”, concluye, y hace una llamada tanto a las autoridades como a los ciudadanos para abordar estos retos con una visión a largo plazo.

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