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‘La Cesta’ remueve conciencias también desde ‘La Redacción de NueveCuatroUno’

La proyección del documental ‘La Cesta’, dirigido y producido por los heladeros Angelines González y Fernando Sáenz, sirvió de argumento para la conversación en la nueva edición de ‘La Redacción de NueveCuatroUno’ que se celebró este jueves en nuestras instalaciones de la logroñesa Plaza Fuente Murrieta. Como no podía ser de otra manera, una crema helada de calabaza y canela dio el pistoletazo de salida a la jornada.

De la conversación salió una unánime y muy sencilla petición, dirigida a la Consejería de Educación del Gobierno de La Rioja: que ‘La Cesta’ se proyecte en todos los colegios de La Rioja. Y es que la visualización del documental, premiado en el Festival de Cine de Málaga con una Biznaga de Plata, provoca inevitablemente una sacudida en la mente del espectador. Obliga a la reflexión, despierta conciencias y les acerca al territorio en la preservación de sus tradiciones y buenos hábitos alimentarios y en el apoyo a los pequeños productores agroalimentarios del kilómetro cero.

‘La Cesta’, además, está ya disponible para ser visto a través de Vimeo de forma totalmente gratuita.

En la conversación de ‘La Redacción de NueveCuatroUno’ fueron protagonistas principales Angelines González, Fernando Sáenz y el director de producción del documental, Jesús Rocandio. Pero también, y de forma muy activa, los asistentes al evento, entre los que se encontraban el cocinero Francis Paniego, el periodista Pablo García Mancha, el cofundador de la Plataforma de Movilidad de La Rioja, Rubén Carbonero, o el divulgador Alfonso Lacuesta, impulsor del proyecto Cultura Alimentaria (https://culturaalimentaria.org/).

Se escucharon muchas reflexiones y, sobre todo, una profunda preocupación por la pérdida de la cultura alimentaria tradicional, impulsada entre otras cosas por la comodidad de la comida rápida, y la necesidad de recuperar el vínculo con los productos del territorio. Y como posibles soluciones, la importancia de la divulgación o la necesidad de crear un movimiento social que defienda la alimentación local y la sostenibilidad. «Falta ese toque educativo en los colegios a la hora de la alimentación, de conocer a los pequeños productores, de conocer un poco más sobre el asunto. Creo que se les puede ir dando pequeñas miguitas cuando son pequeños para que vayan un poco tomando conciencia», decía Angelines González. Y añadía Rocandio: «No cupo en la versión final del documental, pero alguien dijo en la grabaciones que si los comedores escolares se ocuparan de comprar a este tipo de productores, estos serían sostenibles y los chavales comerían mejor, más sano y aprendiendo sobre su agricultura y su territorio».

Este contexto refleja un dilema más amplio: mientras que se reconoce el valor del producto local y sostenible, las estructuras comerciales y normativas dificultan el desarrollo de modelos alternativos. La cuestión planteó un debate en torno a cómo equilibrar la tradición con la modernización y cómo los gobiernos locales pueden fomentar un entorno más propicio para el desarrollo rural. «Si la vida en el pueblo es igual de cara que la vida de una ciudad y tienes muchos menos servicios, hay que ser muy romántico y tener mucho amor a tu pueblo para decidir quedarte allí. Es necesario crear estructuras y ayudas que permitan hacerlo posible,» comentó Francis Paniego.

Además, hubo durante la conversación una cascada de pensamientos, quejas, propuestas… Como el reconocimiento de Jesús Rocandio hacia los pequeños productores: «Hay que tener mucho valor para hacer lo que hacen las gentes de los quesos de Ortigosa. ¡Es que las cabras están ahí todos los días del año! Son verdaderos héroes y heroínas de la alimentación». Fernando Sáenz incidía en las personas: «Está faltando relevo generacional. Por ejemplo, el horno de Villanueva que aparece en el documental estuvo encendido 125 años. Todos los días haciendo pan durante 125 años. Él  [José Manuel Barrón, que falleció poco después de finalizar el montaje del documental] lo cogió ya como tercera generación y estuvo 45 años todos los días del año haciendo pan. Se jubiló diez años más tarde de lo que le tocaba esperando que alguien le cogiese el relevo, y no lo encontró. O Fernando Martínez, el productor de cuco fino, que nos dijo que de esa variedad de caparrones ya solo hay cuatro personas que lo cultiven en Torrecilla y él es el más joven con 78 años…»

Quedaron reflejados en la conversación, ese es uno de los objetivos de ‘La Redacción de NueveCuatroUno’, desafíos que dependen de decisiones políticas, pero también de un cambio en las prioridades y comportamientos de los consumidores. El fortalecimiento de la relación entre estos y los productores locales, por ejemplo, podría resultar clave para revitalizar el sector agroalimentario kilómetro cero de La Rioja y, de paso, proteger sus tradiciones alimentarias.

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