El Rioja

«Si la viña no funciona, habrá que tirar por otros cultivos rentables»

Enrique Sáenz, joven viticultor de Entrena, ha dejado sin vendimiar sus viejas plantaciones: «Si la viña no funciona, habrá que tirar por otros cultivos rentables»

Enrique Sáenz, joven agricultor de Entrena, en una de sus viñas viejas que ha dejado sin vendimiar este año.

Entrena, término de Partemesa. Una hectárea plantada hace ya casi 50 años en lo alto de un cerro. Este es el primer año que esta viña se va a quedar sin vendimiar. Los racimos de tempranillo, ya podridos y con nubes de mosquitos a su alrededor, lucen todavía colgados de los sarmientos que más pronto que tarde recibirán el primer corte. De la prepodadora primero y luego de las tijeras. Ahí será cuando se «vendimie» la viña. Esta es una de las parcelas con las que Enrique Sáenz se ha acogido a la cosecha en verde (en total son seis hectáreas de una explotación de unas 24 que gestiona entre él y su padre), aunque en este caso la viña quedó fuera de la primera convocatoria de ayudas por no llegar a la puntuación suficiente, principalmente por ser una viña vieja.

«Mi abuelo se pone malo. Se echa las manos a la cabeza y prefiero no venir. Mi padre está contando los días para jubilarse (ya solo le quedan tres campañas)». Esta viña que plantó el bisabuelo Venceslao es objeto de reestructuración para Enrique, quien prevé que acabará transformada a espaldera. «Este año hemos priorizado a vendimiar aquellas en las que se podía meter la máquina para agilizar el trabajo, así que estaba claro cuáles se iban a dejar para cosecha en verde. Lo de encontrar alojamientos para la cuadrilla ha sido muy difícil este año y además tenías que tener la suerte de tener a los trabajadores el día que te piden que metas la uva. Ha habido años que hemos cortado 120.000 kilos a mano y este año solo hemos cogido a mano 15.000. Una viña de mazuelo que tenemos, por ejemplo, es la primera vez en veinte años que se recoge a máquina. Ha sido complicado, pero al final sabes que la uva que se corta a mano va al mismo sitio que la que se recoge con vendimiadora y que tampoco hay una diferencia en el precio, así que la tendencia va a ser transformar a espaldera las que están en vaso».

Enrique Sénz, joven agricultor de Entrena. | Foto: Leire Díez

Formado en Economía, Enrique dejó hace cuatro años su puesto como auditor en Madrid para volverse a su Entrena natal. «Coincidió que mi padre se puso malo justo en las fechas en la que había que vendimiar, así que me decidí a venir. La idea era echar un cable en campaña nada más, pero quise probar y me incorporé como joven agricultor. Y aquí sigo, pero esto es muy incierto. De los cuatro años que llevo en la viña, los cuatro los he pasado tirando uva y lo que no se puede es estar trabajando para tirar uva. Y mientras los viticultores seguimos perdiendo dinero, las bodegas siguen ganando más. Eso es lo que no se puede entender. La estabilidad económica que había antes se ha perdido y eso al final deriva en que no se pueda avanzar y progresar en el sector. Al final las inversiones son a largo plazo pero las ventas son de mes a mes», sentencia.

Foto: Leire Díez

El plan de Enrique cuando se instaló en el campo era encaminarse poco a poco más hacia el peral (con el que también cuentan en la explotación agrícola) frente a la viña porque «funcionaba mejor y se veía beneficio». Pero llegó el fuego bacteriano y todo sueño se truncó. «Lo que teníamos pensado hacer era poner perales en las fincas con regadío y quitar las cepas de ahí y llevarlas a zonas de secano». Esta última campaña, precisamente, ha sido devastadora para los frutales del Valle del Iregua, así que la incertidumbre para este joven se agrava. Él lo tiene claro: «Diversificar es la solución».

«Yo soy partidario de la reconversión. Que se quite la viña para apostar por otro cultivo. Olivos, almendros, hortalizas,… Hay zonas con regadío en el pueblo que se pueden aprovechar y creo que el futuro va a venir por ahí, hacer concentraciones parcelarias, apostar por el regadío y diversificar. Al final si la viña no funciona habrá que tirar por cultivos rentables. En otras zonas del país ya se ha hecho. Un amigo de la zona de Montilla, en Andalucía, ya me dijo que antes tenían unas 16.000 hectáreas de viñedo y ahora apenas quedan 4.000 porque en su día mucha gente se acogió a unas subvenciones para quitar las cepas y poner olivos», relata.

Enrique Sénz, joven agricultor de Entrena. | Foto: Leire Díez

Desde lo alto de este cerro de Partemesa Enrique se topa con otro vecino de Entrena, Paco, que viene a visitar una viña que tiene cercana a la de este joven agricultor. Él también es agricultor, aunque con algo más de experiencia en el campo. «Tengo 78 años y una situación como la que se están viviendo estos años nunca la he visto en el pueblo. En Entrena solo hay viñas y perales, y se están cargando todo. Antes en el pueblo, cuando también se cultivaba hortaliza, se trabajaba mucho pero había riqueza. Ahora aunque se trabaje no se saca nada y es triste sobre todo para todos estos jóvenes que han querido quedarse en el campo. Hay muy mal asunto y prueba es que algunos ya se han marchado».

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