Agricultura

Castañas gallegas en manos riojanas

Castañas gallegas en manos riojanas: Santiago Palacios dirige El Castañero, una empresa asentada en Alesón con más de 40 años de trayectoria

Dice el refranero gallego que «el castaño en agosto quiere sudar y en septiembre quiere beber». Y este año los árboles han tenido un poco de todo. Los temporales de tormenta han mermado la producción, pero esta cosecha apunta a ser «excepcionalmente buena» en cuanto a calidad. Santiago Palacios cuenta con una finca propia de 50 hectáreas en tierras de Galicia en donde produce gran parte de la producción que luego traslada a su almacén de Alesón, El Castañero, para realizar la selección, cribado, corte y preparación para proceder a su comercialización. Y es que lo que necesita el castaño es humedad y un tiempo acorde con la estación, evitando las heladas y los cambios bruscos de temperatura, de ahí que noroeste del país sea la zona idónea para su producción.

La plantación joven de El castañero en Galicia.

La Rioja también tiene raíces que atestiguan que es una tierra apta para este árbol. Concretamente, la zona de Anguiano, donde se encuentra el Castaño de la Nisia, un árbol catalogado como singular y cuya edad se estima que ronda los 400 años. «Lo que pasa en La Rioja es que no hay tradición del cultivo del castaño a nivel profesional, aunque sí que hay particulares de esta zona de la Demanda que tienen varios árboles. Está claro que el calor no le viene bien ni tampoco los terrenos arcillosos, pero quizá en regadío y en zonas umbrías podría desarrollarse bien», apunta Palacios.

Este riojano empezó allá por 1982 a vender castañas asadas en el centro de Logroño y ahora ya gestiona una red de 76 puntos de venta repartidos por todo el país, principalmente en el norte, lo que la convierte en la primera empresa de castañas a nivel nacional. Aunque su volumen de comercialización anual (unas 200 toneladas) no sea el un gran comercializador («que puede vender varios millones de kilos»), la variedad de zonas donde comercializa la convierten en un referente en este producto.

Más allá de la producción propia también compra castañas a otros agricultores de Galicia, Portugal, Castilla-La Mancha y Extremadura, y si se da la circunstancia de que hay más demanda que oferta, recurre a género procedente de Chile, Italia o Turquía. Y no solo su venta se concentra en el público final y particulares a través de esas pequeñas casetas que por estas fechas comienzan a inundar las calles de las ciudades con su particular aroma, sino que El Castañero también cubre la venta de castaña fresca a mayoristas (a otros comercializadores o asadores). «La venta al mayor incluso está creciendo. De aquí salen castañas que van a otros países que buscan un producto selecto. Lo que sí hemos notado es que la venta a través de los puestos se ha ralentizado. Cada vez cuesta más vender por estos canales y de hecho este año va algo más flojo que el año pasado, cuando además el clima no acompañó», reconoce el responsable de la empresa riojana.

Un pesto de El Castañero en la Gran Vía de Logroño

Las primeras castañas del año cayeron de los árboles a principios de octubre, dando por inaugurada así la temporada de recogida. Una recogida que esta empresa riojana ejecuta como antaño, «agachando el riñón y cogiéndolas una a una del suelo». También existen máquinas que las aspiran, pero para que esto sea efectivo el terreno ha de estar muy limpio, desbrozado, y en buenas condiciones. Aún así, Palacios reconoce que la intención a futuro es pasarse a la recogida mecánica.

«La cosecha de 2023 fue de las peores que recuerdo en los más de 40 años que llevo en el sector, pero este año el fruto del otoño viene muy bien. Las variedades tempranas han llegado en tiempo, pero las demás han venido algo más más tardías. Lo único es que cayeron todas a la vez», apunta Palacios, inmerso en plena campaña de recolección, asado y venta. Porque una vez llega el frío a las calles, las castañas lucen sus mejores galas. «Algunas de las mejores variedades son la famosa y paredes, castañas con las que trabajamos mucho porque gustan, tienen buen sabor y se pelan bien. Siempre comercializamos las mejores castañas que hay en cada época».

Y así como la fecha de inicio la marca el árbol, con la de cierre ocurre lo mismo. Hasta principios de febrero o entrado incluso el mes de marzo están en El Castañero comercializando castañas y, aunque es un producto de temporada al que hay que dar salida lo antes posible, en el almacén de Alesón cuentan con cámaras frigoríficas que las mantienen a cero grados, preservando el sabor y las propiedades durante más tiempo también. «En este sentido, las variedades tempranas son las que menos tiempo suelen aguantar precisamente porque llegan en un momento en el que hay más humedad en el suelo y calor, que es lo que peor lleva la castaña para conservarse. Lo ideal es un frío seco».

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