Paiporta es uno de los municipios más afectados por el paso de la DANA el pasado martes en Valencia. De allí es Nuria Beni, que vive en Calahorra desde año y medio cuando se tuvo que trasladar por motivos laborales desde Málaga. En las últimas horas está preparando un nuevo viaje a su localidad natal. Estuvo el fin de semana pasado allí y quiere volver a hacerlo cuanto antes. Ella no es una voluntaria, ni alguien que quiere visitar la zona para llevar alimentos o material. Ella es una de las miles de afectadas por el siniestro. Sus tíos fallecieron en la planta baja de su vivienda, su madre, que vivía justo encima de ellos, se salvó por unos centímetros cuando el barranco del Poyo lo llenó todo de barro y de destrucción.
«Hablé con mi madre justo antes de que se cortasen las comunicaciones, luego ya fue imposible». Su madre que vive en un primer piso le comentó en ese momento que no sabía dónde estaban sus tíos, que no atendían a su llamada. Finalmente los dos habían fallecido en su propia casa. No pudieron reaccionar a tiempo a la fuerza del agua.
Fue la propia Guardia Civil la que la llamó al día siguiente para informarle que su madre estaba en buenas condiciones pero que sus tíos habían fallecido. «Mi hermano, que vive con mi madre, estaba de viaje en Canadá, así que no me lo planteé ni un segundo, me baje a Valencia».

EFE/ Manuel Bruque
Ese fue el momento de pisar barro y ver la envergadura del desastre. «Aconsejaron no acercarse a la zona pero tienes que entender que cuando tu madre está ahí sola no te queda otro remedio que hacerlo». Entre barro, maleza, coches apilados y «alguna persona que había perdido la vida» consiguió llegar a la casa de su madre y comprobar que todo lo que había escuchado y visto hasta entonces era «nada» en comparación de cómo se encontraba su ciudad natal, el punto cero de la tragedia.
Allí se encontró a su madre, sin haber salido aún de casa (todavía no lo ha hecho una semana después de la catástrofe) y un barrio destrozado por el lodo y por el dolor de haber perdido a decenas de vecinos. «No hay forma de imaginarse lo que están pasando, desde aquí es imposible medir la magnitud». Sólo se ve desesperación. «No te lo quieres creer, cuesta asumir que ha sucedido algo tan grave». Y se pregunta por las alertas. «A mi madre no le llegó». «Si hubiese sonado a mis tíos les hubiese dado tiempo de salvarse». No entiende nada.
También durante el fin de semana ha visto la cara de la solidaridad. «Son muchas las personas que han venido a echar una mano pero aún queda mucho que hacer». Durante estos días muchas han sido las personas que le han ayudado a limpiar la casa de su madre y de sus tíos. «Solo tenías que pedir y se ponían manos a la obra».

EFE/ Manuel Bruque
Ahora lleva días con todo el papeleo para intentar recuperar los cuerpos de sus tíos y darles la despedida que se merecen. Lleva varios días tirando de teléfono para encontrar una póliza de seguro de vida que tenía su tío. No hay forma de encontrarla, en la casa se ha perdido todo. Y nadie le da una solución. «Es increíble que en esta circunstancia tengamos que estar gastando energías en papeleos, entiendo que hay que hacer las cosas bien pero podían informarnos mejor».
Las últimas horas antes de salir hacia Paiporta de nuevo las está gastando en la búsqueda de un grupo electrógeno solar. «En mi barrio aún no hay luz y las familias necesitan poder cargar los móviles, poder calentar un pequeño microondas, intentar empezar a tener una vida normal».


