La Audiencia Provincial de La Rioja ha completado este jueves el último paso previo a la celebración del juicio por el conocido como crimen de Cuzcurrita, cuyas sesiones se desarrollarán entre el próximo lunes y el 19 de noviembre bajo la fórmula del jurado popular.
Tras un proceso de selección a puerta cerrada, serán cinco hombres y cuatro mujeres -de entre 23 y 63 años- quienes conformen el tribunal del jurado sobre el que recae la responsabilidad de fallar el veredicto sobre el brutal asesinato del conocido hostelero Guillermo Castillo, de 78 años, la madrugada del 2 de mayo del pasado año en su domicilio de Cuzcurrita del Río Tirón.
En cuanto a las profesiones, son las siguientes: agricultor, carretillero, panadero-frutero, gestor punto de venta, maestro, ama de casa, auxiliar administrativo, gestor financiero y desempleado. Las dos mujeres suplentes, una es administrativo y, la otra, autónoma. Todos ellos han sido seleccionados entre 21 candidatos elegidos por sorteo.
Los acusados son Antonio Daniel G. D. (de 54 años) y Carlos Sergio R. M. (38 años), dos viejos conocidos por los cuerpos policiales, con más de una veintena de antecedentes criminales cada uno. En la fecha de autos se encontraban de permiso penitenciario y habían quedado para consumir droga. La Fiscalía pide 27 años de cárcel para Carlos y 27 años y nueve meses para Antonio (al constarle antecedentes computables a efectos de reincidencia), como presuntos autores de un delito de asesinato con alevosía y otro de robo con fuerza en casa habitada.

Antonio (izquierda) y Carlos (derecha), durante la reconstrucción del crimen de Cuzcurrita, el pasado mes de enero.
Un brutal asesinato
Según relata la fiscal del caso, en torno a la medianoche del 1 de mayo, ambos se desplazaron desde Logroño hasta Cuzcurrita con el objetivo de pedirle prestado dinero a Guillermo para comprar droga. Aparcaron el coche en una plaza próxima al domicilio y timbraron en la puerta de la víctima, a la que conocía bien Carlos conocía porque había trabajado para él en sus viñedos desde que era un adolescente y habían mantenido relaciones esporádicas.
Al ver que era Carlos quien llamaba, Guillermo -que «se acababa de despertar»- abrió la puerta y los dos acusados le abordaron «con sorpresa y ventaja», propinándole «múltiples golpes en distintas partes del cuerpo, incluyendo la cabeza y el dorso», que le dejaron aturdido. Con la víctima «moribunda por la brutalidad y violencia de los golpes recibidos», Carlos y Antonio -prosigue la fiscal en su relato- «le pusieron unas esposas en las manos, lo arrastraron y lo dejaron encerrado en el aseo de la planta baja» para registrar la vivienda, si bien «únicamente se llevaron el dinero que la víctima tenía en la cartera». Después, abandonaron el domicilio «sobre las 1:12 horas, convencidos del inminente fallecimiento de Guillermo».
Engrilletado y encerrado bajo llave en el aseo, el popular hostelero murió «entre las 3:00 y las 7:00 horas» a causa de un traumatismo craneoencefálico con hemorragia intracraneal.

Un agente de la Guardia Civil custodia vigila la Travesía del Puente, donde se encuentra el domicilio de la víctima.
Frente a los 27 años que solicita la Fiscalía para los acusados, la acusación particular -que ejerce el prestigioso abogado Marcos García Montes en representación de la familia de la víctima- eleva su petición de penas hasta la prisión permanente revisable para cada uno de los presuntos asesinos, a tenor de la situación de vulnerabilidad de Guillermo, dada su edad y la debilidad física respecto a los asaltantes.
Por su parte, las defensas de los acusados reivindican la libre absolución de sus representados, a los que descargan la responsabilidad del crimen con acusaciones e inculpaciones cruzadas: Antonio sostiene que no se apeó del coche en Cuzcurrita y Carlos acusa a su compañero de abalanzarse sobre Guillermo cuando él intentaba dialogar pacíficamente con la víctima. Además, sostiene que fue Antonio quien se ‘ocupó’ en el interior de la vivienda del hostelero, enterándose al día siguiente de su muerte por las noticias. Cuando Carlos llamó a Antonio para pedirle explicaciones, este le dijo: «Hombre muerto no declara».


