El Rioja

Pepe Hidalgo: «El reinjerto a blanco debe ser una de las primeras medidas a tomar»

Pepe Hidalgo, doctor ingeniero agrónomo y enólogo.

No es casualidad que el hijo de quien ha pasado a la historia de la viticultura española como «El sabio de las viñas» haya dedicado su trayectoria profesional al sector vitivinícola. Pepe Hidalgo (Madrid, 1979) heredó de su padre Luis la pasión sin fronteras por la viña y el vino y eso le llevó de la capital a las cepas de diferentes denominaciones de origen. Hasta que recaló en la DOCa Rioja. Doctor ingeniero agrónomo y enólogo dio el paso de la docencia al asesoramiento privado como consultor en campo y bodega, aunque nunca se ha desvinculado de las aulas (es profesor en el Master de Viticultura y Enología de la Universidad de La Rioja). Décadas al servicio de los avances en la materia le permiten ahora hacer un detallado análisis sobre los retos que afronta el sector y las posibles soluciones para salir lo mejor parado posible.

– ¿Cuáles cree que son los pasos a seguir a corto plazo?

– Rioja necesita un plan y lo necesita ya. Un plan que se componga de varias medidas y ahí el reinjerto de variedades tintas a blancas debe ser una de las primeros pasos a tomar. Es una vía mucho más barata que arrancar la viña y plantarla de nuevo, porque eso te obliga a tener que esperar varios años a que traiga la producción. Pero estos reinjertos también hay que hacerlos con prudencia para no saturar el mercado. Al final el consumo de blancos y rosados es del orden del 60 por ciento y sigue creciendo, por lo que la tendencia es a consumir vinos más ligeros. Por eso en los últimos años se ha pasado de no proteger las plantaciones de uva blanca a hacer todo lo contrario. Sin embargo, la estructura de viñedo en Rioja es un 90 por ciento de tinto y un 10 por cinto de blanco, aproximadamente, por lo que hay mucho margen de recorrido.

– ¿Estaríamos hablando de un reinjerto subvencionado?

– Claro. Un injerto cuesta unos dos euros por planta más o menos y se incluye en las ayudas europeas a la reestructuración de viñedo porque no es un dinero que se da a fondo perdido, sino que se emplea para reconvertir un sector. Con esta vía se podría financiar la mitad y el resto que viniera por parte de las administraciones regionales.

– ¿Y qué viñas son las más idóneas para realizar esos reinjertos?

– Los reinjertos van bien cuando las plantaciones son relativamente jóvenes, viñedos que no superen los 15 o 20 años. Además, es preferible que las viñas estén en espaldera porque será más fácil hacer el reinjerto que no en un tronco viejo al vaso.

– ¿Cuántas hectáreas sería necesario reinjertar en Rioja para alcanzar cierto equilibrio?

– Yo hablo de un techo de 5.000 hectáreas como un primer objetivo al que llegar, eso sí, progresivamente, con unas mil hectáreas por año, por ejemplo. Esa superficie es menos del diez por ciento del viñedo de tinto que hay. Pero no se trata de hacerlo de golpe porque hay que ver cómo va respondiendo todo. Luego ya se iría aumentando si funciona y si se logra ese equilibrio.

– ¿Cuáles son esas variedades por las que se debería apostar en las nuevas plantaciones?

– Mi opinión es que hay que ir a por variedades autóctonas, que son las variedades de futuro. Tenemos un tempranillo blanco que es un hallazgo. No nos olvidemos tampoco de la garnacha blanca o la maturana. Ahí Fernando Martínez de Toda y Juan Carlos Sancha hicieron una labor maravillosa de recuperación de variedades minoritarias. Pero para mí haber metido el verdejo en Rioja es una chapuza y está claro que no podemos competir con Rueda, no tienen ningún sentido.

– Pero habrá más medidas clave en ese plan de recuperación.

– Sí, una por ejemplo que es muy sencilla: cumplir la normativa. Los rendimientos que se fijan son por parcela, no por explotación. Pero aquí nos encontramos un problema añadido y que a mí no me gusta y es que muchos viticultores utilizan las parcelas de viñedo viejo menos productivas como sumidero de aquellas parcelas que tienen más rendimientos. Por eso, si se cumplieran esos rendimientos por parcela esto derivaría en un arranque del viñedo viejo que es el que trae pocos rendimientos por hectárea y, por tanto, poco rendimiento económico para el viticultor. Pero arrancar supondría una importante pérdida de patrimonio.

– Una pérdida de patrimonio que los viticultores ya están sufriendo por la caída del valor de su tierra.

– Evidentemente. Si hace unos años podías pagar unos 80.000 euros por una hectárea de viñedo en Rioja (aunque las ha habido más caras y también más baratas en función de la zona de producción), ahora por 40.000 euros no vendes esa viña. Pues multiplica este importe por las hectáreas que hay en Rioja porque la pérdida es de miles de millones de euros. A los viticultores les han desnudado.

– ¿Considera entonces que el arranque, como sí defiende otra parte del sector, no sea una medida clave a llevar a cabo frente a esta crisis?

– Debe ser la última medida del plan a tener en cuenta. Arrancar es lo último y antes se pueden hacer otras cosas. En el mundo rural tiene que haber actividad para que haya riqueza y si se arranca se acaba con todo, pero luego nos quejamos de que la España rural está vacía.

– ¿Qué otras medidas plantea en ese plan de recuperación?

– Aunque no guste a muchos, otra alternativa sería limitar el riego en el viñedo. Existió una ley antigua de 1970, el Estatuto de la Viña, del Vino y de los Alcoholes, que decía: «Artículo 42, 1. Queda prohibido el riego de la vid». Claro, esa medida se tomó porque entonces había excedentes. Pero ahora con el cambio climático ten claro que nos van a limitar el riego en la viña. El agua va a destinarse a consumo humano y alimentación y al final el vino no es un sector alimentario de primera necesidad. Otra medida puede ser acercar el consumo de vino a las nuevas generaciones cambiando los formatos de venta del producto, como puede ser apostando por los bag-in-box o los vinos en lata. Formatos más modernos y adaptados a las nuevas tendencias. No estoy hablando de meter un reserva o gran reserva en una lata, pero sí podría ser una opción para los vinos jóvenes porque en otros países ya se consume en estos nuevos formatos.

– ¿Qué expectativas tiene respecto al futuro de este plan que propone para el sector?

– Primero las administraciones tienen que juntarse y definir las medidas a tomar. Consejería de Agricultura, organizaciones profesionales agrarias,… Se tienen que poner de acuerdo para crear un comité de expertos y poner en marcha ya un plan. Si no se hace nada ahora el año que viene la situación estará peor y el sector más tensionado. Esto hay que arreglarlo para llevar al sector donde tiene que estar ajustando la oferta de la demanda.

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