El Rioja

Un traje a medida para LAN A Mano

La bodega de Fuenmayor apuesta por un traje a medida para crear este vino que emana del Pago El Rincón

María Barúa, enóloga de Bodegas LAN. | Fotos: Bodegas LAN

En una almazuela vitícola de 72 hectáreas llamada Viña Lanciano se esconde un paraje donde conviven en perfecta armonía las cepas de cuatro variedades distintas. Pago El Rincón da nombre a una de las 22 parcelas que componen la emblemática finca de Bodegas LAN y debe este apelativo a que sus viñas, las más viejas de Viña Lanciano, están junto al Monte Rincón, ubicado al sur del meandro del río Ebro y en un extremo de la finca. Un paraje de unas quince hectáreas que roza los 500 metros de altitud y ejerce también de línea fronteriza entre las tierras de Rioja Alta y Rioja Alavesa.

Pago El Rincón es una de las parcelas más especiales de la casa. «Suelos pobres con cantos rodados y arenas. Zonas donde la vid vive al límite. Bajos rendimientos con uvas que contienen una alta concentración de aromas y color gracias a su poco tamaño. Todo ello es lo que nos permite conseguir unos vinos muy estructurados en boca y con mucho cuerpo», enfatiza la directora técnica y enóloga de Grupo LAN, María Barúa. Como lo es LAN A Mano, la joya sensorial que cada año regala la vendimia.

Y en este baile de aromas son responsables la tempranillo tinto, la garnacha, el mazuelo y el graciano. La mezcla varietal que lleva este vino responde al propósito de elaborar de manera fiel el viñedo del que procede, preservando a su vez esa identidad tradicional que aporta mayor complejidad al vino final. Porque todas las uvas se elaboran por separado, pero todas tarde o temprano vuelven a estrechar lazos para definir la esencia de Pago El Rincón.

«La variedad es lo que te complementa al fin y al cabo y aquí todas aportan algo especial. La tempranillo de Viña Lanciano, por ejemplo, da una fruta roja pero más madura por las condiciones de suelo y clima porque es un ‘terroir’ que marca mucho y define el esqueleto del vino a nivel de estructura y de cuerpo. Por otro lado, de la graciano me gusta mucho su comportamiento. En esta finca muestra una complejidad en nariz mucho más a nivel de fruta negra, especiada, de bosque bajo. Le da otro toque. Además, es una variedad con un muy buen pH, bajo, con buena acidez que luego hace que en boca balancee mucho. El mazuelo es muy exigente y partimos de que está plantada en los años 70, por lo que da unos vinos bastante robustos, estructurados en boca, con buena acidez también y con un toque un poco más floral. Y en cuanto a la garnacha, ella nos da la fresa del final, con una longitud y acidez en boca. Todo en su conjunto crea un vino con una clara vocación para envejecer porque tiene potencial, buena acidez y buena estructura», sentencia Barúa.

De Pago del Rincón tambien se elabora la joya de Culmen, otro de los especiales de finca de la casa de LAN, aunque en este caso no sale todas las añadas. LAN A Mano viene elaborándose desde el 2000 ininterrumpidamente, mientras que Culmen solo se elabora en aquellas añadas consideradas de una calidad excepcional.

LAN A Mano es sinónimo de delicadeza, precisión y buenas medidas. Lo mismo que se necesita para diseñar y dar forma a una almazuela, echando mano de unos estilos y textiles diferentes que deben encajar a la perfección para que la suma despué sea armónica. «Se hace un traje a medida dependiendo de cada añada, de cómo ha sido el ciclo y de cómo va evolucionando luego el vino. Así tomamos las decisiones para construir nuestro objetivo final que es LAN a Mano. Creo que el nombre de este vino es una declaración de intenciones porque es todo muy artesanal, tanto la vendimia como luego la posterior selección en bodega. Primero, revisando racimo a racimo y luego, un segundo repaso para la selección grano a grano. Todo con el fin de que al deposito solo pase la uva que está en una calidad excepcional».

Esta añada no ha sido fácil de ejecutar. En Pago El Rincón ha durado prácticamente todo el mes de septiembre, por lo que las lluvias han sido las invitadas protagonistas y las que «lo han cambiado todo». Barúa comenzó con el tempranillo tinto la primera semana de septiembre y culminó con el mazuelo en torno al día 25 de este mes. Días de ajetreo y nerviosismo que pintaban peor panorama en el campo que lo que luego se ha visto ya en bodega. Con la fermentación alcohólica ya concluida y los vinos descubados, la directora técnica asegura que las sensaciones son «muy buenas» pese a la merma de cosecha recogida. Cabe tener en cuenta que Pago El Rincón ronda los 3.500 kilos por hectárea de rendimientos en sus mejores años, pero esta campaña ha habido zonas con 1.800 o 2.200 kilos. «Con las lluvias continuas este año la clave ha estado en visitar el viñedo y tomar decisiones con agilidad porque la situación de la uva cambiaba constantemente. Yo temía porque se pudiera diluir el sabor que da la estructura en boca, pero luego ha resultado que no. La acidez se ha mantenido muy bien, con un pH estupendo en el tempranillo, por ejemplo, que últimamente cuesta más conseguirlo. Así que estamos viendo vinos muy equilibrados. Además, si ya de por si Viña Lanciano es una finca muy sana porque está muy aireada y viene temprana, Pago El Ricón aglutina y acentúa todas estas cualidades», incide.

En sus 24 años de historia este vino ha evolucionado en su modo de elaboración, desde las decisiones que se toman en la viña hasta las que se ejecutan en bodega. Hay que remontarse al principio del presente siglo para entender esta transformación y es que en aquella época gustaban los vinos maderizados, con mucha extracción y concentración, mientras que ahora se prima una mayor frescura. Ese cambio ha derivado en un reajuste de la fecha de vendimia. «La vendimia se ha adelantado en los últimos años por las condiciones meteorológicas, pero también con la idea de alejarse de esa sobremaduración que se prefería antes para conseguir aromas a fruta muy madura, como higos y compota. Ahora se busca el punto óptimo de equilibrio entre la acidez, el pH y maduración fenólica para conseguir una fruta más fresca, fruta madura pero no sobremadura. Las fermentaciones también se hacen a unas temperaturas más suaves, de entre 22 y 25 o 24 y 26 grados como máximo, frente a temperaturas más altas de las que extraes más taninos y pueden ser más agresivos, como ocurría antes», apunta la enóloga.

La elaboración también tiene su aquel. Las cuatro variedades se elaboran por separado, tanto en su fermentación alcohólica como en la crianza. La segunda fermentación, la maloláctica, se hace en depósitos troncocónicos porque se busca que haya una buena relación del sombrero (los hollejos de la uva) con el líquido y que así sea más fácil que se rompa el sombrero cuando se hace el remontado. «Al ser paredes troncocónicas apenas hay que hacer extracción mecánica. Además, son depósitos pequeños que van desde los 5.000 a los 10.000 kilos para poder elaborar por parcela y es ahí ya cuando se hace la selección y se decide qué vinos van a ir destinados a LAN A Mano y cuáles a Culmen».

En este juego de unir retales de diferente composición es clave ese hilo que teje unos pedazos con otros para darles forma y crear el vínculo necesario para que la pieza vista con armonía. La madera en Bodegas LAN es ese hilo, la encargada de dar el equilibrio en el que se potencie la fruta pero a la vez haya redondez en boca, por ese desde la fermentación maloláctica este vino pasa ya a barrica de roble francés nueva. Madera que luego se usará para la crianza, pero siempre valorando el tiempo en función de la añada. «Hacemos un seguimiento cada dos o tres meses para ver cómo evoluciona el vino porque no queremos perder la fruta y a la vez queremos una sinergia de esta con la madera. Así que la crianza también es a medida. Al final partimos de unas uvas muy potentes y vemos que al hacer la maloláctica en barrica nueva se potencia un poco más esa fruta y se integra muy bien. Esa es la clave». Y el último toque lo aporta el roble del caúcaso para dar la redondez necesaria a ese vino que a veces necesita un poco más de crianza. Una madera, además, «que no es tan odorante en nariz, así que no tapa la fruta y aporta complejidad».

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