Tinta y tinto

Tinta y tinto: ‘Logroño 2050, una ciudad de altos vuelos’

El anhelo de volar ha sido desde tiempos inmemoriales uno de los grandes sueños de la humanidad. Siempre hemos mirado al cielo con la esperanza de conquistarlo, surcarlo e incluso llegamos a pisar la Luna. Viajar a través del aire, ya que lo viajar a través del tiempo todavía es cosa de la ciencia ficción y del Ministerio que fundó RTVE. Sin embargo, en Logroño, esta semana hemos asistido a una propuesta que casi parece salida del guión de uno de esos capítulos que incluso llegó a copiar la BBC. El alcalde Conrado Escobar nos invitó en el Debate del Estado de la Ciudad a recorrer la capital riojana en 2050 (veinticinco años no es nada, qué febril la mirada, errante en las sombras, te busca y te nombra) para que la ciudad vuele. Casi nada.

Ya no tenemos suficiente con intentar volar nosotros (gracias Ryanair por darnos la oportunidad a la gente humilde) que ahora vamos a hacer volar toda una ciudad. Si no lo entendiste a la primera, no pasa nada. A todos nos cuesta imaginar a los logroñeses acudiendo a la Plaza de Abastos con drones personales para ir a comprar lechugas, tomates y cebollas. Aún más nos cuesta imaginar nuestras casas a pie de playa por mucho que cada verano la ciudad entera (todavía sin ser voladora) se mude a Salou y alrededores.

Si en 2024 andamos enredados con el tema de los coches, las bicis y los patinetes, veremos en cinco lustros cuando el tráfico aéreo llene nuestras calles. Lo más positivo es que se acabarán las multas por aparcar en doble fila y «los de los pueblos» podrán estacionar sus coches y tractores voladores en la puerta de nuestras tiendas. Aunque la ‘fila’ llegue hasta una quinta planta y se pueda saludar al vecino que está en su sofá viendo a Bárbara la Reina de la Pantaloneta de fiesta en fiesta o a Carlos Santamaría moderar otro interesante debate político de TVR.

Eso sí, si ahora nos quejamos de los atascos en Duquesa de la Victoria o la rotonda de Chile, no será raro ver embotellamientos en el Paseo del Espolón para llegar a La Laurel y la San Juan. En lugar de multas por mal aparcamiento, tendremos multas por «aterrizaje indebido» en la calle Bretón. Imagina las conversaciones con nuestros policías: «Disculpe, agente, no vi el cartel de no aterrizar aquí, estaba en medio de una actualización de mis gafas inteligentes». ¿Qué pasará también con los bares, qué lugares? Para el 2050 se acabaron las rutas a pie de barra en barra y lo suyo será el teletransporte. Adiós al «¿me pones otro?», hola al «teletransporta unos champis y unos vinos del año».

Esperemos también que para el 2050 vuelen las resacas y la tecnología que ahora desarrollan en nuestra ciudad empresas como Bosonit, Arsys, JIG, Osaba, SDI, UNIR, Emesa, IR Soluciones, ABF y otras tantas que forman parte de AERTIC sirva para tener una solución a este asunto. Yo qué sé. Se me ocurre una app que absorba el alcohol directamente desde el hígado para que al día siguiente ni recuerdes cómo has vuelto a casa (literalmente habrás ido volando). Y ya que estamos con la tecnología, suponemos que en 2050 Logroño no sólo volará, sino que también será una ciudad hiperconectada (¡la verdadera Smart City en la que se podrá pagar el autobús volador con tarjeta o el teléfono móvil!).

En cuanto a nuestros parques, también suponemos que con tanto vuelo habremos conseguido que los niños salgan a divertirse fuera de casa. Pero claro, ni los juegos ni los balones serán lo mismo. ¿Quién quiere una pelota cuando puedes tener una pelota flotante con inteligencia artificial que te reta a un partido de fútbol en gravedad cero en el parque de La Ribera? El fútbol tradicional será cosa del pasado y, para entonces, la UD Logroñés habrá llegado al menos… bueno, quizá habrá ganado algún partido importante, pero tampoco pidamos milagros.

Como milagros es lo que le estamos pidiendo continuamente a la política. Es reconfortante que se presente una visión a futuro como se suele hacer en este tipo de debates, pero lo que los logroñeses necesitamos hoy son medidas concretas y tangibles. Mientras hablamos de volar, seguimos con problemas que requieren soluciones inmediatas: la vivienda, las fiestas, la renovación de nuestras calles, el control del turismo que convierte el centro en un parque de atracciones, la desigualdad… y las grandes infraestructuras que siempre pueden esperar mientras la realidad es que no podemos esperar veinticinco años para ver cambios.

Si bien soñar con un Logroño que vuele puede parecer inspirador, lo que realmente necesitamos es una gestión que aterrice y resuelva los problemas a pie de calle. Los ciudadanos queremos ver avances y el futuro no se construye sólo con grandes visiones utópicas, sino con decisiones firmes y eficaces que respondan a las necesidades urgentes de la sociedad.

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