Gastronomía

Logroño recupera un gran chef, regresan los míticos garbanzos con carabineros

La vida tiene sus propios caminos, inesperados, y en no muchas ocasiones, circulares. Aunque al final uno siempre tiende a volver a casa. Y en el caso de Fernando Andrés, su camino vital le llevó muy lejos de su tierra natal, La Rioja, para acabar regresando con una maleta cargada «de aventuras», como él mismo explica, «éxito», como se puede leer en medios tailandeses, y «nostalgia», como evidencian los ojos de este grande de la gastronomía riojana.

Tras 16 años en Tailandia, este chef, conocido por su gran trabajo en La Chatilla de San Agustín, ha vuelto a casa. Y ya está cocinando en casa. Su regreso es un eco de sus primeros años en los fogones, pero también la apertura de un nuevo capítulo lleno de ilusiones y reencuentros.

Su nombre, sinónimo de la mejor cocina riojana, se menciona con reverencia entre los locales. Ahora, después de recorrer miles de kilómetros y cocinar en los mercados más grandes del mundo, Fernando Andrés ha decidido quedarse un tiempo, colaborando con sus grandes amigos Asier Lozano y Marta, quienes regentan el restaurante El Patio en Logroño.

Fernando creció rodeado de los sabores tradicionales de La Rioja. Desde joven supo que la cocina sería su forma de vida, y esa pasión le llevó a abrir La Chatilla de San Agustín, un restaurante que dejó huella en Logroño. Allí, no solo servía comida, sino que creaba experiencias. Platos como los garbanzos con espinacas y carabineros se convirtieron en una leyenda local, evocando recuerdos de sobremesas familiares y tardes soleadas en el casco antiguo de la ciudad.

«Siempre supe que volvería», comenta Fernando con una sonrisa, recordando aquellos primeros años de su carrera. «Nunca pensé que me iba a ir para siempre». Pero 16 años es casi media vida. «La vida tiene formas de sorprendernos, y tras años cocinando para los logroñeses, llegó un momento en que el que necesitaba algo más. Un cambio, un nuevo horizonte». Y en Oriente se encontró con su destino.

Fernando partió hacia Tailandia en 2009. «Me fui con 35 años, buscando algo diferente. Descubrí un país generoso, que me trató con cariño y en el que me sentí cómodo desde el principio», cuenta con nostalgia. Bangkok se convirtió en su nueva casa, y no pasó mucho tiempo antes de que este riojano dejara su huella en la escena gastronómica local. Primero, montó Rioja, el primer restaurante español en Bangkok, donde enseñó a los tailandeses y extranjeros lo que era la verdadera cocina de su tierra. Pero, como suele suceder con los espíritus inquietos, Fernando no se conformó con eso. Más tarde, abrió un pequeño chiringuito en el mercado de Chatuchak, el más grande del mundo, donde sus paellas se convirtieron en un fenómeno.

«Llegué a vender más de 1.000 paellas al día. Abríamos solo los fines de semana, pero la gente hacía fila para ver cómo cocinaba», recuerda con asombro. Las imágenes de Fernando lanzando sal al aire mientras cocinaba paellas de más de un metro de diámetro recorrieron Asia. «Me reconocían por las calles de Hong Kong, Camboya, Singapur… Hasta me pedían fotos mientras cocinaba». Fueron años de frenesí, éxito y aplausos. Pero la pandemia, como a todos, lo obligó a detenerse. «El Covid lo cambió todo. Bangkok estuvo cerrada casi tres años y empecé a echar de menos mi casa, mi gente. Mis raíces».

Una casa que no le olvida

Y así, como si el destino llamara a su puerta, Fernando comenzó a plantearse la vuelta. En Logroño estaban sus recuerdos, su familia, sus amigos más cercanos. «Al final, los mejores momentos de mi vida están aquí. Mi madre, mi hijo, mis hermanos… mis amigos de toda la vida», reflexiona.

El regreso no ha sido fácil, pero ha sido emotivo y lleno de reencuentros. Asier Lozano, amigo de toda la vida y ahora compañero en los fogones de El Patio, fue clave en esta nueva etapa: «Para mí, Fernando es más que un hermano. Cuando le propuse venir a trabajar aquí con nosotros, no lo dudó. Estamos encantados de tenerlo de vuelta».

Desde su llegada, Fernando ha recuperado algunos de los clásicos que le hicieron famoso antes de su partida. «La gente me recuerda por los garbanzos con espinacas y carabineros», cuenta riendo. «Ese plato es casi mítico, y no podía faltar en esta nueva etapa». El paso por Tailandia no ha borrado sus raíces, sino que las ha fortalecido. Fernando lo tiene claro: «Con la calidad de los productos que tenemos en La Rioja, ¿para qué vamos a hacer cocina asiática?». Alcachofas, borrajas, cordero… Los productos de su tierra son su mejor inspiración. «Es un privilegio cocinar con estos ingredientes, son una maravilla. Volver a trabajar con estas verduras es un regalo».

Y, sin embargo, Fernando no cierra la puerta a futuras aventuras. Su espíritu viajero sigue presente. «Lo mismo que cuando me fui de España sabía que no era para siempre, y ahora, con mi regreso, siento lo mismo. No descarto volver a salir», confiesa. Ya ha recibido ofertas para proyectos en Estados Unidos, pero por ahora, Logroño es su hogar. «Estoy contento aquí, en casa, con mi familia y amigos, pero quién sabe lo que traerá el futuro».

El regreso de Fernando Andrés no solo es un acontecimiento gastronómico, es un reencuentro con su esencia. Su cocina sigue siendo ese puente entre lo tradicional y lo personal, entre la historia que lleva dentro y las experiencias que ha vivido fuera. En El Patio, su nuevo hogar culinario, sus platos cuentan su historia: una historia que comenzó en Logroño, viajó por Tailandia y ha vuelto a casa, pero que aún tiene muchas páginas por escribir.

«He descubierto que con una sonrisa no necesitas decir nada. Eso es lo que quiero seguir haciendo aquí, en mi casa, con mi gente», concluye Fernando, antes de volver a los fogones. Porque para él, la cocina sigue siendo su lenguaje universal, su forma de compartir momentos, recuerdos y sonrisas. Por eso son tan ricos sus garbanzos con espinacas y carabineros.

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