Xavier Castiñeira (A Coruña, 1971) iba para profesor de Literatura cuando el teatro apareció en su vida. Apostó todo a la interpretación y, visto lo visto, no le salió mal. Aún así, ha terminado vinculado a la docencia y la alterna con la dirección escénica. Cuenta con más de veinte años de experiencia en el mundo de la interpretación y durante ese tiempo ha dirigido más de cuarenta obras.
Ahora, y desde el 12 de octubre de 2023 -qué irónico-, dirige ‘Iribarne’, una obra tan extensa como exitosa, con más de cuarenta ‘sold out’ en toda España. Este sábado, el Teatro Bretón de Logroño será la próxima parada de su gira. Pero, ¿qué esperar de la obra? Como bien adelanta el propio cartel anunciador, no se trata de un biopic sobre una de las figuras políticas más importantes del país.
– De todas las obras que ha dirigido, ¿hay alguna que se parezca a ‘Iribarne’?
– Tiene muchas cosas de muchas obras de la compañía y también de otras obras muy antiguas. En realidad, todas las obras tienen mucho de las obras anteriores, en cada una vas descubriendo cosas, vas afinando y, en el fondo, la sensación es que todas las obras están siempre dentro de esa última. A lo mejor es un detalle o auto-homenajes que te haces en algún momento, pero creo que dentro de la compañía es un salto grande en calidad y ambición. Es una obra muy grande en todos los aspectos: la duración, que son tres horas; el elenco; los recursos dramáticos; los lenguajes interpretativos; o el mantener la atención tres horas en teatro, que es bastante complicado.
– ¿Qué implica una duración tan larga tanto para la producción como para el público?
– Para la producción implica muchas cuestiones complejas. Cuando estás en temporada en un teatro montas todo una vez y se queda ahí todo el mes. Pero cuando estás yendo a plazas, como vamos a hacer ahora en Logroño, implica montar todo, hacer la función y volver a recoger en apenas tres días con todos los gastos que eso implica: transporte, alojamiento… Entonces, imagina lo que implica para un espectáculo tan grande y con una obra tan larga; por lo general, los tiempos se dilatan mucho más. Lo más complicado es organizar todo eso.
En cuanto a la recepción, cuando el público escucha que la obra dura tres horas se sorprende, porque las obras cada vez son más cortas, antes eran de dos horas y ahora apenas pasan de una hora. En nuestro caso son tres horas porque necesitamos ese tiempo, pero intentamos no aburrir al espectador haciéndole mantener la atención generando preguntas y expectativas.
– ¿Por qué son tan necesarias las tres horas?
– Porque es un texto muy largo que abarca muchos años, desde los sesenta hasta el 2012 con la muerte de Fraga; son muchos años de historia de España.
– Insisten mucho en que la obra no es un biopic de Fraga. Entonces, ¿de qué va la obra?
– La obra realmente sí que cuenta cosas que hizo Fraga, pero no en el plano personal, sino en el político. Los biopic cuentan la historia de forma realista y, en este caso, la historia es sobre un personaje que se llama Iribarne, ni siquiera es Fraga; eso ya da una perspectiva del juego que utilizamos. Iribarne es a Fraga lo que Superlópez es a Superman, te permite parodiarlo.
– Pero tampoco se trata de una recreación histórica propiamente dicha.
– No, no es volver a poner lo que ya sabemos; es revisar la historia desde cómo nos la han contado sabiendo que hay cosas que no son así. Se trata de responder a la pregunta: “¿Cómo se contaría la historia desde el punto de vista contemporáneo?”. Entonces, no es una historia de adultos contada de forma adulta, está contada desde el punto de vista de la generación a la que ahora le toca coger el relevo, con una energía súper juvenil. No es una obra sesuda, hay mucha información, pero está contada con un lenguaje y un estilo muy actuales.
– ¿Cómo se distribuyen las tres horas?
– Hay tres partes. La primera se llama ‘El ministerio de chapa y pintura’ y trata sobre cuando a España la obligaron a modernizarse un poco durante el franquismo; es una parte muy loca, con un humor de comedia de puertas, con entradas y salidas, como un si fuese un cómic dibujado por Ibáñez, como ‘13, Rue del Percebe’. La segunda parte va sobre la Transición y se llama ‘Yo me transformo’, cuando Fraga se convierte en el más demócrata de los más demócratas después de haber sido ministro durante el franquismo. Y la tercera la llamamos ‘El imperio’ que es cuando se hizo emperador de Galicia y es la más compleja, porque es casi teatro de tesis en clave de humor en la que se cuenta cómo funciona la política en Galicia; aunque claro, en el resto de España o gusta mucho porque muchas veces no saben cómo es Galicia o dicen: “Bueno, es Galicia, tampoco me importa tanto”.

FOTO: Geraldine le Loutre
– ¿Cómo es eso de que todos los actores y actrices hacen de Fraga?
– Es un recurso a través del cual cada actor, cuando se pone unos tirantes de España, se convierte en Fraga. Pero no intentan imitarlo tal cual, sino que cada uno coge ciertos rasgos de él.
-Pero hay más personajes, ¿no?
– Claro. Por ejemplo: Carmen Polo, Adolfo Suárez, Felipe González, Arias Navarro y hasta el propio periódico de El País. Hay muchísimos personajes, algunos aparecen menos de 20 segundos.
– Se trata de una obra que se mete con todo el mundo, da igual derecha, izquierda o centro. ¿Cualquiera puede darse por aludido viéndola?
– Ojalá, claro que sí. Es que es muy fácil ver el problema en el otro, pero es muy importante saber ver nuestras propias carencias. Lo que no se puede hacer es eliminar todo aquello que molesta. Esta obra es una sátira sana, una sátira por definición, que es un género muy concreto que cada vez se hace menos porque implica ir a saco con todo y hay gente a la que no le gusta, aunque también hay gente que lo agradece mucho. Hay que aprender a reírse, estamos intentando eliminar uno de los grandes analgésicos de la sociedad y eso es muy peligroso.
– ¿Han sufrido alguna consecuencia por hacer esta obra?
– Nos han cancelado funciones varios ayuntamientos; en una misma semana nos han cancelado tres. Pero, al final, es una apuesta de la compañía el no hacer teatro cómodo; es decir, el que nos quiere, nos quiere, y el que no, pues mira, “ladran, Sancho, luego cabalgamos”.
– ¿Cómo ha sido la recepción del público?
– Espectacular. Por lo general, termina de pie todo el patio de butacas, o al menos tres cuartas partes. Aunque hayan visto tres horas de espectáculo y no hayan estado de acuerdo en todo, es una forma de alabar el trabajo que te han presentado.
– ¿Qué esperan en Logroño por parte del público?
– Que simplemente escuchen, que aprendan y luego que vayan al bar, que se caguen en nosotros si quieren y que discutan sobre los temas; lo único que esperamos es que genere un debate. Para nosotros, la obra no termina en el teatro, termina en el bar de enfrente, cuando la gente habla del espectáculo que han visto; pero no sobre si les ha gustado o no, sino que hablen de lo que se cuenta. Eso es lo que pretendemos con este espectáculo.
– Este año van a llegar a veinticinco representaciones. ¿Hasta cuando tienen pensado seguir con la obra?
– Hasta que nuestra productora nos diga “hasta aquí”, o cuando ya no nos compense hacerlo por los gastos de mantener el espectáculo. Pero de momento no lo planteamos.
– ¿Los logroñeses podrán ver ‘Iribarne’ más de una vez?
– ¡Ojalá! Pero de quien depende es del logroñés que se encargue de programar para el resto de logroñeses (risas).


