El Rioja

Una hacienda burgalesa al amparo de Rioja

Hacienda El Ternero es la única bodega de Castilla y León cuyos vinos están amparados por la DOCa

Nerea García-Alcubilla, en las instalaciones de Hacienda El Ternero. | Fotos: Leire Díez

El tiempo parece no correr por este enclave rodeado de encinas y pinsapos (una especie de abeto protegida) al amparo de los Montes Obarenes, un territorio de 250 hectáreas aislado y a la vez protegido. Será por eso que aquí, a 650 metros de altitud, permanecieron durante varios siglos los monjes que habitaban el Monasterio de Herrera, ubicado entre Haro y Miranda de Ebro y conocido actualmente como Yermo Camaldulense de Nuestra Señora de Herrera. Apenas diez kilómetros separan este convento del enclave natural rodeado por tierras riojanas pero perteneciente judicialmente a la provincia de Burgos, terrenos que en 1169 el rey Alfonso VIII de Castilla concedió a la comunidad monástica y que esta destinó al uso agrario, con una granja y cultivos de vid y cereal, principalmente. Los monjes construyeron en esta finca también un ‘scriptorium’ donde los escribas se dedicaban a copiar manuscritos y para fabricar los papeles de pergaminos utilizaban las pieles de los terneros. Es por ello que la finca adquirió el nombre de Hacienda El Ternero. En su día los monjes recibieron la oferta de pertenecer a Sajazarra, pero prefirieron seguir dependiendo de la congregación de eremitas Camaldulense de Montecorona. Un enclave castellano, por tanto, dentro del territorio de La Rioja y fruto de la división provincial.

La comunidad religiosa mantuvo la propiedad de la hacienda hasta 1836 con la desamortización de Mendizábal, momento a partir del cual esta finca pasó a manos del Estado como ocurrió con otras tantas propiedades monásticas. Fue en 1842 cuando El Ternero fue adquirida a título privado y desde entonces han sido varios los nombres que han estado al frente de la propiedad. Pero la finca ha desempeñado muchas más facetas que meramente ser una granja. Sus antiguos edificios llegaron a ser un hospital de peregrinos (una de las entradas a la hacienda es a través del Camino de Santiago) y también un cuartel de la Guardia Civil. Es más, El Ternero fue núcleo poblacional hasta 1984 ya que aquí residían los trabajadores de la granja, por lo que había escuela, un cementerio (cuyas tumbas todavía hoy reciben la visita de sus familiares) y una pequeña ermita asentada en medio de la propiedad en honor a la Virgen de la Pera, patrona de la finca y la cual está reformada y consagrada.

Uno de los viñedos de Hacienda El Ternero con sus edificios al fondo. | Fotos: Leire Díez

Ahora, además, estas instalaciones cuentan con una bodega en uso. Si ya de por sí este paisaje que la rodea la hace especial, lo que la convierte en singular es que se trata de la única bodega ubicada en Castilla y León y cuyos vinos se elaboran bajo el sello de la DOCa Rioja. Al frente de ella está Fernando García-Alcubilla, propietario de Hacienda El Ternero desde 2011 y quien se encargó de hacer una reconversión en las instalaciones vinícolas con las que contaba la finca. Natural de Burgos, García-Alcubilla provenía de una familia vinculada a la industria de las alcoholeras, mientras que su mujer Isabel De Luis, natural de La Rioja, tenía algunas viñas en Elciego que luego acabaron vendiendo. Así que su propósito era dar un paso más en el mundo del vino y tenía claro que el lugar tenía que ser en El Ternero, “por su historia, por todo lo que le rodea, por la singularidad de la bodega”. Hasta que surgió la oportunidad de hacerse con esta finca con más de mil años de memorias entre sus muros y cumplir su sueño.

Cuando esta familia puso un pie en la explotación por primera vez hace unos quince años había unas 60 hectáreas de viñedo (las más viejas plantadas en 1965, aunque el grueso de la superficie data de 1991). Poco a poco fueron reestructurando el viñedo viejo y acondicionándolo y fue gracias a las nuevas plantaciones llevadas a cabo entre 2015 y 2016 en lo que eran fincas de cereal que ahora la explotación ya cuenta con 118 hectáreas de viña repartidas en 35 parcelas. Antes de hacerse con la propiedad, García-Alcubilla ya comenzó a elaborar aquí con permiso de los anteriores dueños, quienes no utilizaban la bodega y tuvieron a bien cederle las instalaciones y la posibilidad de hacer las modificaciones que él considerara oportunas. Por eso, aunque la primera añada oficial en salir al mercado fue la de 2009, ya antes comenzó la andadura para construir su proyecto con vistas a futuro. La actual familia propietaria elaboró el primer Selección, el reserva y el primer blanco de la bodega. Un punto de inflexión que marcó el camino que ahora sigue forjando Hacienda El Ternero, pero ahora con Nerea García-Alcubilla De Luis al frente. Vinificaciones parcelarias, un nuevo equipo técnico en campo y en bodega, mayor apuesta por los blancos,… Todo ello recae en las cerca de 200.000 botellas que elaboran cada año, por lo que la mayor parte de la producción se vende en uva y graneles.

Nerea García-Alcubilla y Álvaro Salinas, en uno de los viñedos de Hacienda El Ternero. | Fotos: Leire Díez

La mañana ha salido completamente empañada por una niebla densa en esta primera semana de octubre. Los Montes Obarenes ni si quiera relucen con los primeros rayos del sol, apenas se alcanza a ver las cepas más cercanas de las viñas que rodean la bodega y las fachadas de piedra de sillería de los edificios son las que sirven de guía. Es el primer día de vendimia en El Ternero tras recoger los días previos algunos kilos de tempranillo blanco y sauvignon blanc, pero algo muy testimonial. Así que con la viura vieja se inaugura esta campaña 2024 que para Nerea va a ser muy especial. «Este año han cambiado bastantes cosas porque hemos comprado unos depósitos de hormigón en forma de huevo y barricas de diferentes tamaños para elaborar cosas diferentes, apostando por menos madera y experimentando más con los blancos. Está claro que vamos a seguir con nuestra gama de vinos más extendida, como es el crianza y el blanco joven, pero dando cabida a más proyectos como es el Gran Reserva Blanco que va a salir ahora al mercado y que ya se ha llevado el premio ‘Best in Show’ de Decanter con 97 puntos», apunta.

Las fechas de campaña van prácticamente acordes a lo que suelen ser los años habituales aquí y es que para cuando el Consejo Regulador de la DOCa anuncia el cierre oficial de la vendimia, en Hacienda El Ternero apenas han recogido unos mil kilos de uva. «Aquí los rendimientos en general rondan los 4.000 kilos por hectárea en los años buenos, pero a esta escasa producción hay que sumarle que a veces los corzos y los jabalíes se enteran antes que nosotros de que la uva ha madurado». Las largas crianzas han sido el sello de indentidad de la bodega hasta ahora (actualmente se está comercializando el crianza de 2018) debido a los tiempos que se requieren en una zona con la acidez tan marcada, pero Nerea insiste en que la zona también es apta para vinos con menos tiempo en madera y en botella.

«En su día me dijo una antigua enóloga de aquí que este no era un territorio con potencial para vinos blancos y ahora vemos que es de lo que mejor funciona. Solo basta con probar y demostrar». Aunque las innovaciones no dejan de llegar a la bodega que aún mantiene edificios de los siglos XVII, XVIII y XIX, bajo tierra, donde descansan estos vinos, se encuentra una sala con algo menos de un millar de barricas apiladas a una sola altura. Con una luz tenue suficiente para caminar entre las filas de barricas suenan de fondo cantos gregorianos que te trasladan siglos atrás, a cuando los monjes aún recorrían lo que entonces era su residencia. «A mi padre le gusta poner esta música porque es una forma de mantener viva la esencia y la historia de esta finca. De hecho, guardamos un montón de documentación sobre los orígenes de la hacienda. Tengo unas cartas que mandaban desde aquí a Bilbao allá por el siglo XIX diciendo cómo estaba el vino que por entonces elaboraban y que también enviaban unas botellas de supurao. Conocemos a un hombre que vive ahora en Vitoria pero que fue uno de los habitantes de la hacienda cuando era núcleo poblacional y siempre nos da algún que otro archivo antiguo de aquella época», asegura.

Álvaro Salinas, en uno de los viñedos de Hacienda El Ternero. | Fotos: Leire Díez

La niebla comienza a levantar en esta isla burgalesa en tierras de Rioja y los edificios de este pago al puro estilo ‘chateaux’, con sus viñas alrededor, ya se ven más nítidos e iluminados. Desde la parcela de esta viura vieja que ya se va desprendiendo de sus racimos Álvaro Salinas, el nuevo enólogo de la casa, suscribe las palabras de Nerea al remarca que este paraje es el mejor para elaborar blancos: «Son dos hectáreas y media las que tiene esta viña y hay que vendimiarlas a mano, pero aunque cueste luego merece mucho la pena. Tener tantas hectáreas de viña y a tanta altitud no es algo habitual en esta denominación, por eso esto hay que mantenerlo. En las plantaciones más jóvenes de sauvignon blanc lo tenemos comprobado también. Es una variedad temprana y a la vez muy aromática, con una acidez marcada, por lo que su capacidad de guarda está asegurada. En general, en El Ternero la calidad de la uva está garantizada por la altitud y la buenas orientaciones».

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