Viri Fernández, reconocida chef y propietaria del restaurante El Llar de Viri en Asturias, es una verdadera guardiana de la cocina tradicional asturiana. Su historia es un testimonio de resiliencia y pasión. Comenzó su carrera gastronómica después de un accidente que la obligó a dejar su trabajo anterior, «debía estar de pie y analicé qué cosas sabía hacer teniendo que estar de pie».
Había cocinado desde siempre, «en casa», y eso le llevó a ver en la cocina una posibilidad real de seguir ganándose la vida pese a sus lesiones. Desde entonces, ha dedicado su vida a mantener vivas las recetas y costumbres de su tierra natal, ganando reconocimiento y premios, incluyendo la prestigiosa Estrella Verde Michelin por su enfoque sostenible en la cocina.
Este miércoles, Viri se convirtió en alumna en el proyecto ‘Jarana’, para aprender los secretos de la paella a la riojana bajo la tutela del maestro arrocero Pepe Fortea. En unas semanas, será ella quien imparta un taller en el mismo proyecto, compartiendo su vasta experiencia con todos aquellos que se inscriban. Su participación en ‘Jarana’ no solo fortalece los lazos entre Asturias y La Rioja, sino que también subraya su compromiso con la gastronomía y su deseo de seguir aprendiendo y enseñando, reflejando su carácter abierto y su amor por la cocina.
– ¿Qué le ha traído a La Rioja en plena canícula?
– Entre La Rioja y Asturias hay un lazo muy especial. En un momento determinado de la historia éramos la comunidad con más bares y chigres (sidrería) por habitante. La gente se acercaba a la barra y decía, «dame un Rioja». No se hablaba de variedades ni tampoco de marcas, sencillamente, «un Rioja». Nos encanta el vino y la huerta, y de alguna manera, nos hemos criado con ese lazo invisible entre comunidades. Además, aquí está Emilio [Suárez, de Singularis], que es uno de mis niños. Tenemos un lazo como de madrina y ahijado, pero él al mismo tiempo es mi padrino. Los asturianos somos de piel, de relaciones personales y confianzas dadas y otorgadas.

Viri rehoga el tomate durante el primer taller de Jarana. / Fernando Díaz
– ¿Por qué tardó tanto en dedicarse a la cocina profesionalmente?
– Tardé mucho porque soy rebelde, un alma aventurera. En mi época, ser aventurera y rebelde no era fácil. Somos la generación que estrenó todo: la libertad, el aborto, la minifalda, los hippies… La mujer asturiana vivía en un matriarcado, aunque insertado en una mentalidad machista. El minero es machista, aunque la mujer asturiana siempre ha logrado controlarlo bien a la salida de la mina. En mi caso, tuve la suerte de tener un padre que entendía la libertad de las mujeres, y eso me ayudó mucho.
– ¿Cómo ha influido la cocina en su vida y cómo le ha ayudado en los momentos difíciles?
– La cocina me ha salvado la vida. Después de un accidente, los médicos me dijeron que no podía conducir y que tenía que trabajar de pie. En una libreta anoté las cosas que sabía hacer y que podía hacer de pie: cocinar y comercial. Siempre he sido una comercial en potencia. Así nació el restaurante, con mucho sentido común. Si había un bar con un menú de 700 pesetas y otro restaurante donde comer costaba 2.200, si hago algo intermedio, voy a tener gente. Así nació El Llar de Viri, con miedos e historias buenas y no tan buenas. Al final, empezaron a llegar los reconocimientos, que ayudan a continuar pero no pagan las facturas. Hay que saber administrarlos y digerirlos, porque al día siguiente tienes que seguir siendo tú misma.

FOTO: Fernando Díaz
– ¿Cuál ha sido uno de los momentos más difíciles de su carrera?
– Fue hace unos años. El Día de los Santos Inocentes se me quemó la mitad de todo lo que tenía. Era un 28 de diciembre y tenía compromisos para el día 1 y el día 2. Se había quemado la mitad del comedor y la cocina, pero la cámara frigorífica se salvó. Empezamos a dar comidas ya el 1 y el 2 de enero, aunque todo olía a madera quemada y humedad. Eso fue como empezar una nueva época. Ya habíamos tenido reconocimientos, como el premio a la Mejor Fabada del Mundo en 2013, pero este mal momento me ayudó mucho. Ir con un primer premio de fabada te daba un sello muy grande en Asturias.
– Ahora está en otra etapa, imagino que algo más tranquila, la que le permite salir de la cocina, seguir de pie y visitar, por ejemplo, La Rioja para cocinar en un taller como el de Jarana.
– En la pandemia me di cuenta de que mis años de profesional habían pasado y que quería vivir. La palabra jubilada no me sienta bien. Quiero seguir haciendo lo que me gusta y divirtiéndome. No quiero que me llamen jubilada porque soy feliz. Estoy feliz porque soy felizmente irresponsable. Llevo casi tres años saliendo fuera de España y haciendo lo que me gusta, como la fabada, y compartiendo esta receta con otras comunidades. Creo que debemos ser más solidarios unas comunidades con otras, porque no tenemos enemigos y el mundo es muy grande. Hay que salir con lo máximo y presumir de los productos de cada región.


