Las nuevas generaciones recorren los renques de aquellas viñas que les dejaron sus padres y abuelos con un sentimiento compartido: mantenerlas en activo y así preservar la tradición de ese pueblo y de esa región que un día conoció otro tipo de viticultura, una de costumbres, de sinergias y de respeto. Las nuevas generaciones de la viña, además, quieren cerrar el ciclo y embarcarse en la elaboración, una faceta para la que algunos padres y abuelos no llegaron. Nuevas mentes ambiciosas que han dibujado con buen pulso su camino para no desviarse del objetivo. No siempre con paso firme; a veces también titubeantes, pero con un destino claro.
Con esta premisa se ha celebrado este martes la segunda edición del Encuentro Jóvenes Talentos del Vino organizado por EDA Dinks&Wine Campus. La ermita del Cristo de Samaniego, con ese mar de viñas a sus pies, ha sido el escenario elegido y al que han acudido más de 80 profesionales para reflexionar sobre los retos y oportunidades que atañen al sector. El futuro en el mundo rural o las diferentes experiencias asociativas han sido algunos de los puntos abordados en sendas mesas redondas.
Eduardo Pascual, de Bodegas Alútiz (Rioja); Bárbara Requejo, de Las Pedreras (DOP Cebreros); Julia Casado, de La del Terreno (DO Bullas), y Fabio González, de Adega Algueira (Ribeira Sacra) han protagonizado la charla ‘¿Hay vida y futuro para los viticultores jóvenes? Reflexiones sobre el mundo rural’ moderada por Lorea Mendizábal, del Basque Culinary Center. Entre las ideas que han salido a la luz, el pago de la uva a un precio razonable como motivación para que los jóvenes se queden en el campo ha sido una de ellas. Bárbara ha insistido en que en esta zona de Ávila es muy complicado mecanizar las viñas porque son muy viejas, por lo que «desde las bodegas procuramos ayudar a los viticultores siempre que podemos para evitar que se abandonen estos parajes».

De izquierda a derecha, Fabio González, Bárbara Requejo, Julia Casado, Eduardo Pascual y Lorea Mendizábal.
Asentar población joven en estos núcleos rurales sigue siendo uno de los principales retos de la vitivinicultura del futuro, y cada vez más del presente. Aunque «vivir en el campo ha de ser algo vocacional», tal como coinciden Julia y Bárbara, el problema de la vivienda es uno de los mayores lastres por la escasez de construcciones que existen en estas zonas.
Sin embargo, y en un sentido opuesto, el turismo en estos entornos rurales más apartados cada vez llama más la atención. «Dar valor añadido a un pueblo o una zona apostando por lo diferencial es la mejor herramienta para atraer al público. Las producciones pequeñas, las más especiales y limitadas, son las que más éxito están teniendo ahora», ha remarcado Fabio. «Y siempre podemos aprovecharnos de estar en zonas aisladas, alejadas de las ciudades, porque es justo lo que la gente busca. Ya no les importa tanto lo que hay dentro de la botella sino el paisaje, esa viña de donde sale el vino. El entorno en sí», ha añadido la de Las Pedreras. De ahí que estos productores contribuyan a la preservación y mejora del medio ambiente con cada una de sus actuaciones.
«Hace 20 años en mi pueblo había más vacas que familias y ahora por mi bodega pasan al año unas 15.000 personas. Está claro que la cosa ha cambiado. Ahora las experiencias turísticas son muy demandadas y el interés por lo rural a través del vino se ha disparado», sentencia Fabio. La evolución vivida en el pueblo de Bárbara ha sido diferente, ya que es ahora cuando se está empezando a notar ese turismo del vino. «Procuramos tejer una red de enoturismo, pero también es complicado porque somo pocos y hay limitaciones».
Desde Samaniego, Eduardo reconoce que su villa se ha sufrido una transformación radical en la última década en cuanto al desarrollo enoturístico, que sigue al alza. «Hoteles de lujo, restaurantes, bodegas, bodegas con restaurante,… Eso sí, luego no hay una tienda donde comprar el pan y tienes que ir al estanco», ríe.

Los vinos que se han catado al cierre de la jornada elaborados por los jóvenes productores que han estado presentes.
Otra de las cualidades de estas nuevas generaciones que los jóvenes de este sector demuestran a diario la importancia de saber estrechar lazos. Así lo han aseverado los ponentes de la siguiente mesa redonda ‘¿Unidos somos más fuertes?’, entre los que se encontraba Vicky Fernández, de Vignerons de la Sonsierra y miembro de Martes of Wine (Rioja); Arturo de Miguel, de Bodegas Artuke y miembro de Futuro Viñador y Rioja’n’Roll (Rioja); Martí Julia Casado, de La Fita y miembro de Vida Penedés (DO Penedès), y José Joaquín Ballesteros, de Vinos Llámalo X y miembro de Tinajeros de Villarobledo. Todos ellos, y con Yolanda Ortiz de Arri, de ‘Spanish Wine Lover’, como moderadora, han relatado sus experiencias vividas siendo parte de grupos o asociaciones de productores.

De izquierda a derecha, Arturo de Miguel, José Joaquín Ballesteros, Vicky Fernández, Martí Julia Casado y Yolanda Ortiz de Arri.
Algunos lo han hecho desde un punto de vista de principiantes y con asociaciones de muy reciente creación, mientras que otros cuentan con varios años de veteranía. Este es el caso de Arturo, el que contaba con más bagaje en esta mesa. Entre sus reflexiones, este viticultor de Baños de Ebro ha diferenciado entre los dos grupos a los que pertenece y que se crearon con un fin distinto: «Rioja’n’Roll surgió de la unión de pequeños viticultores y bodegueros de Rioja que queríamos llegar a un mayor número de personas de manera sencilla. Había un fin comercial, mientras que Futuro Viñador defiende la puesta en valor de nuestros pueblos, mejorando las prácticas vitícolas para que sean más sostenibles y respetuosas. Eso sí, lo que tienen en común cualquier tipo de agrupación es que se requiere de generosidad y proactividad. El asociacionismo es que tengas a alguien a quien llamar a las doce de la noche durante vendimias porque tienes un depósito que te está dando problemas y no sabes qué hacer».
Vicky es la única mujer que conforma la cuadrilla de los Martes of Wine, creada entre amigos con el propósito también de aunar esfuerzos y hacer llegar sus vinos a un mayor público. «Creo que el ser pocos es una ventaja en cierto modo a la hora de organizarnos, aunque nunca nos hemos cerrado a nuevas incorporaciones. Creo que lo que nos caracteriza a la gente joven, a diferencia de nuestros padres, es que tenemos la mente mucho más abierta. Compartimos todo, también distribuidores, porque ir al unísono y prestar ayuda es la mejor forma para llegar más lejos», ha apuntado.

Algunos de los vinos que se han catado al cierre de la jornada elaborados por los jóvenes productores que han estado presentes.
Sinergias como modo de vida y desarrollo profesional frente a la competencia es la idea que han compartido todos los ponentes coincidiendo en que el asociacionismo está en auge. «Crear vínculos con otros productores es clave para desarrollarnos y desarrollar nuestros proyectos, teniendo claro que a su vez somos diferentes y no somos competencia», ha opinado Martí. Reconoce que «el presente en el Penedès es complicado por los bajos precios de la uva que han infravalorado el trabajo de los viticultores», así que el fin de las 24 bodegas que conforman ya la recién creada Vida Penedés es tener un futuro en estas tierras. «Y eso pasa por elaborar pequeños proyectos». En esta zona, además, se están impulsando pequeños viveros de bodegas que funcionan como un ‘coworking’ donde los elaboradores comparten espacio y maquinaria para dar respuesta a esos sueños que por falta de capacidad económica no siempre se cumplen.
José, desmarcado de la DO Mancha, quiere demostrar que su región es mucho más que grandes bodegas elaboradoras. «Tinajeros de Villarobledo nació para compartir impresiones y regresar a aquella viticultura que también existió aquí, la de viñas viejas y pequeños productores, dándole valor a la tinaja de barro tradicional que tanto nos representa», describe uno de los seis miembros de esta asociación.
Reflexiones desde el interior de la Ermita del Cristo que han concluido con un mensaje en boca de Arturo: «En Rioja hace 20 años no hubiéramos imaginado tener este grupo como es Martes of Wine, que están poniendo la comarca en el mapa nacional. Aunque yo tuve suerte y me formé, mis amigos fueron directos a la viña y ahora son vendedores de uva. Yo les animo a que elaboren y quiten el miedo a que salga su nombre en las etiquetas. Algo que ha cambiado mucho con respecto a los jóvenes de ahora, que están haciendo proyectos muy interesantes demostrando el potencial que existe en todo el país. Y el mercado, muy abierto a esto, lo está celebrando».


