«El Valle de Ocón nos lo ha dado todo. La inspiración, unas instalaciones, unas gentes, un rincón privilegiado en La Rioja como es la Reserva de la Biosfera y unos recursos naturales a preservar y a proteger al mismo tiempo. Todo ello deriva en unos productos de primerísima calidad que reflejan el potencial de una zona que antes no estaba tan reconocida». Blas Sos recalca que ha dado más visibilidad al municipio gracias al restaurante La Alameda de Ocón que gestiona junto a su mujer, Blanca Álamos. Pero lo que ha conseguido también es incluir este enclave agroalimentario del valle en la agenda turística riojana.
Este proyecto gastronómico nacido hace ya once años ha sabido devolverle al entorno todo lo que el mismo le ha dado. «Y así es como se construye algo hecho por y para el territorio, pero con la vista puesta fuera también porque este tipo de recursos son disfrutados especialmente por quienes llegan de fuera, sorprendidos por la riqueza gastronómica que encuentran aquí», explica el cocinero.

Este equipo aprovecha los manjares que trae la tierra en los seis municipios con once pueblos que componen el entorno del Valle de Ocón (La Villa, Pipaona, Las Ruedas, Santa Lucía, Los Molinos, Aldealobos, El Redal, Corera, Galilea, Ausejo y Alcanadre) y que forman parte de la Asociación para el Desarrollo Turístico y Económico del Valle de Ocón (ADETUROCON). Desde la miel hasta el aceite de oliva virgen extra, pasando por los huevos de gallina y oca camperas, espárragos, vino, hortalizas, cerezas y embutidos y carnes de cerdos ecológicos.
Y más allá del valle, también hay otros proveedores de La Alameda que se concentran dentro del territorio riojano, como los que le abastecen de corderos y cabritos y vacas. Pero es el cochinillo su plato estrella por todo el ritual y espectáculo que el restaurante ha creado en torno a él: un producto que destaca por su jugosidad, el estar desgrasado a mano y por ser muy crujiente.

Este año se celebran las IX Jornadas gastronómicas que ya se han convertido en una auténtica fiesta en torno a este manjar asado, pero en los últimos años Blas ha tenido que reorganizarse: «Las primeras cinco ediciones empleamos cerdo de la granja de Las Ruedas de Ocón, pero poco a poco se fue haciendo insostenible por la cantidad de chochinillo que vendíamos, porque al día podían rondar los diez u once, lo que implica cerca de un millar al año. Eso al final supone un pérdida para la propia explotación ganadera porque no puede engordar esos animales para después hacer jamones».

El cocinero se remonta a la tradición segoviana reconocida por Cándido a finales de los años 20 del siglo pasado, quien crujía el cochinillo de leche asado como un alimento de lujo en una época en la que los cerdos estaban destinados al engorde para sacar la mayor cantidad de carne posible de ellos. «Con esta representación lo que buscamos es hacer retratar una parte de la historia, pero a su vez hacer pedagogía de la zona porque hablo de los entornos rurales, de los pueblos del valle y de sus productos», incide.
La Alameda aúna así un patrimonio gastronómico que engloba a quienes mantienen vivo el Valle de Ocón para evitar que se pierda una parte de la cultura de estos pueblos y sus gentes. «Se trata de estar concienciados de que hay que impulsar la economía local defendiendo a su vez los productos de proximidad y, por supuesto, de temporada. Se trata, en fin, de aprovechar todos los recursos que tenemos a nuestro alcance y permitir que la gente se pueda quedar en los pueblos a vivir. Pero para ello tenemos que contar con la sensibilidad de la sociedad en general».



