Crisis del Coronavirus

Los jóvenes se sinceran: «Ahora disfrutamos más con la familia»

Fiestas ilegales, peleas, botellones… «esto es lo que hacen los jóvenes mientras la gente se muere». Afirmaciones como esta se escuchan cada vez que la curva de contagios se dispara, pero, ¿qué piensan, sienten y experimentan los adolescentes desde que una pandemia mundial atracara su vida? ¿El COVID les ha robado parte de su juventud?

«Gracias a la pandemia tengo las cosas más claras»

«No me ha afectado demasiado. Es cierto que cuando empezó todo esto y nos confinaron estuve con más ansiedad y más triste, pero después he estado mejor de lo que pensaba. Mi vida no ha cambiado tanto», explica Rocío Ezquerro, 17 años y estudiante de primero de Bachiller en el instituto Batalla de Clavijo. La joven destaca que esta situación le ha servido para conocerse más a sí misma, tener las cosas más claras y, sobre todo, pasar mas tiempo con su familia. «He disfrutado mucho haciendo actividades que nunca me había planteado, como la práctica de la jardinería con mi padre o la repostería con mi madre. Junto con mi hermano hemos vivido muchos más momentos los cuatro y los hemos disfrutado mucho».

Los que más echa en falta Rocío es salir de fiesta con sus amigos «o hacer alguna escapada con ellos», y, por supuesto, dejar la mascarilla guardada en un cajón. El cierre de las actividades no esenciales también lo ha sentido, porque «está muy bien salir a dar un paseo con tus amigos, pero echas mucho en falta tomarte un café, ir al cine o al teatro»

Lo que Rocío tiene claro es que durante este último año «no he perdido parte de mi juventud. Sigo viviendo, adaptándome a las condiciones que nos han puesto, pero siempre viviendo el momento».

«Los jóvenes lo estamos haciendo bien. No somos irresponsables»

«En marzo todo era preocupación. No sabía cómo iba a ser capaz de afrontar lo que estaba pasando, pero, conforme transcurrían los días, me sorprendió lo bien que lo estaba llevando. Eso sí: el aburrimiento no te lo quita nadie y el tener que estar tanto tiempo en casa me vuelve un poco loco», así lo explica Adrián López-Castro, un joven de 17 años que estudia Bachillerato.

Aunque a algunos les cueste creerlo, todos los jóvenes, -y no tan jóvenes- coinciden en sus ganas de salir, pero también lo hacen en la idea de que esta pandemia ha servido para estrechar lazos con la familia. «Yo he pasado mucho más tiempo con mis padres, que hacía falta. Normalmente solía estar bastante con ellos, pero ahora me he dado cuenta de que nunca es suficiente y lo he disfrutado mucho».

Lo que más ha echado de menos Adrián ha sido el fútbol. «Me encanta, y eso de no poder entrenar ni jugar… estoy que me subo por las paredes». Pero lo que más molesta a este joven es la estigmatización social que se está estableciendo con los jóvenes. «La gente aprovecha para echarnos la culpa cada vez que hay una nueva ola y todo por deshacerse ellos de preocupaciones. Somos los que mejor lo estamos llevando, entre otras cosas, porque somos los que más queremos que esto pase para recuperar nuestra vida».

Adrián reconoce que el COVID se está llevando parte de su juventud, sin embargo, «son experiencias que te hacen más fuerte y te hacen ser más consciente y responsable con lo que de verdad importa».

«Lo más duro: no poder abrazar a mis abuelos»

Marta García tiene 16 años y es estudiante del Tomás Mingot. La pandemia le ha cambiado la vida -como a todos- y se ha interpuesto en los mejores años de su existencia. «Al principio pensé que iba a ser poco tiempo, pero al ver que se alargaba empecé a agobiarme cada día más. Ahora ya estoy aburrida, porque siento que he perdido un año de vida en el que podría haber hecho un montón de cosas. He perdido parte de mi juventud».

Al final, resignación. «Te terminas acostumbrando, pero, ¿y todos los viajes que no he podido hacer con mis compañeros del instituto, o las vacaciones que me he perdido con mis amigos, el conocer gente nueva, o el subir a mi pueblo los fines de semana…?». El cierre de los bares también ha sido un problema para Marta, porque «te dejan estar cuatro horas en la calle, pero te las pasas comiendo pipas en un banco y se hacen largas y aburridas».

En cuanto al curso académico, esta alumna de primero de Bachillerato reconoce que «con las clases ‘online’ te lo sacabas más fácil sin estudiar tanto, pero está claro que aprendes menos. Yo prefiero ir al instituto. Las clases ‘online’ pueden aportarte más nota, pero no más conocimientos».

Como en todo, siempre hay que sacar el lado positivo de las cosas y en este caso Marta agradece todo el tiempo que ha tenido para estar con sus padres y su hermana, pero «he echado mucho de menos el poder ver, abrazar y besar a mis abuelos».

«Ahora celebro más la vida»

‘Cuando tenga 18 años y vaya a la universidad….’, y aquí empieza una lista infinita de cosas que, con esas edad, tienes que hacer sí o sí. Pero resulta que justamente, cuando crees que ha llegado tu momento, se cruza en tu camino una pandemia. Esto es lo que le ha ocurrido a Lucía Sáenz, 18 años y estudiante de primero de Derecho.

Para empezar, el cambio de rutina académica. «Pasas del instituto a la universidad y de repente te encuentras con clases ‘online’. Si ya iba a ser diferente la manera de estudiar, esto lo complica». Lucía admite que este primer cuatrimestre, a la hora de estudiar, «me ha costado mucho concentrarme. A mí y a mis compañeros. Estando en tu casa te evades demasiado: ahora miro el móvil, ahora me preparo un desayuno, ahora llaman a la puerta…».

Además, esta joven de Agoncillo señala que «antes teníamos una motivación que nos llevaba a ‘apretar’ un poco más. Pensabas: dos semanas de esfuerzo total y luego merecerá la pena porque quedaré con mis amigos, nos iremos el finde por ahí… pero este año… suficiente con saber que al día siguiente podías salir de casa».

¡Bendita época universitaria! Con sus fiestas, sus novatadas, su conocer gente nueva… «Entiendo que esta pandemia nos ha pillado mal a todos, personas de todas las edades, pero a los jóvenes nos ha quitado nuevas experiencias. Puede parecer una tontería, pero a mí me hacía ilusión celebrar una graduación al acabar Bachiller y no pude».

Pero Lucía no es de las que pierde el tiempo con los ‘qué hubiera pasado si…’. «Las fiestas las podré seguir viviendo dentro de dos años. Lo que me ha enseñado esta pandemia es a ver la parte positiva de todo y valorar hasta el más mínimo detalle. Apreciar lo que tienes y, sobre todo, celebrar la vida».

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