Es el eterno problema, y no es de fácil solución. Si bien la gran mayoría de los dueños de canes suelen ser educados y respetuosos con el prójimo, como en todo hay un porcentaje de gente que no lo es. Y a pesar de que son los menos, se les nota más. Porque mancha. Y porque huele.
Hace ya unos cuantos años, la corporación de entonces esparció por los parques de la ciudad los llamados pipi-canes, pequeños recintos con arena y un par de postes para que los chuchos hicieran sus necesidades fisiológicas. A fuerza de ser sincero, debo decir que jamás he visto uno de esos lugares siendo utilizado. La gente sale con su bolsita recoge-recuerdos, y a la hora de las aguas menores muchos dueños miran hacia otro lado.
El ciudadano de a pie se acaba cansando. Y en esta ocasión, no han podido ser más correctos y educados, pidiendo hasta por favor el que el chucho de marras no se orine en el portal. Al fin y al cabo, es un tramo de calle de cierto abolengo. Pero recordemos que no siempre la gente es tan cortés…

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