Agricultura

Un ganadero denuncia un nuevo ataque del lobo en Munilla

Un nuevo ataque al ganado ha vuelto a encender la preocupación en el entorno rural de La Rioja Baja. El ganadero Álvaro Blanco ha denunciado lo ocurrido este viernes en una explotación situada en el término de Munilla, en las inmediaciones de la ermita de Santa Ana, donde una ternera de apenas un mes ha resultado gravemente herida en lo que considera, sin duda, un ataque de lobo.

Según relata, la jornada comenzó como tantas otras: subiendo al monte junto a su padre para alimentar al ganado. Entre las tareas, dar de mamar a un ternero que había quedado huérfano días antes tras un episodio que también denuncia: la muerte de su madre, presuntamente atacada por buitres justo después de parir. «Cuando subieron los guardas, lo único que dijeron fue que los buitres no atacan», lamenta, cansado de que «siempre se busquen excusas y nada más que excusas».

El peor momento llegaría poco después. Al desplazarse hacia la zona donde pastan las reses sueltas, encontraron a una ternera de un mes de edad malherida, con lesiones de gravedad en los cuartos traseros. Siguiendo el protocolo, avisaron al 112, que dio parte a los Agentes Forestales.

Tras cerca de dos horas de espera, los guardas se personaron en el lugar. Blanco asegura que durante la inspección se vivieron momentos de tensión e incomprensión, al aludir los ganaderos que «se han visto vehículos con jaulas preparados para soltar este tipo de animales». «Se hicieron comentarios con cierta ironía y en tono jocoso cuando hablamos del problema del lobo. No era el momento».

Pero la mayor indignación llegó al cumplimentar el acta de Medio Natural. Según denuncia, no se reconoció el ataque como provocado por lobo (los agentes sí advierten evidencias de cánido), dejando en blanco la casilla correspondiente. «Me negué a firmar. Ha sido un ataque de lobo que no va a contar en las estadísticas; vivimos engañados», afirma el ganadero.

El animal herido presenta múltiples lesiones, incluyendo graves desgarros en la parte trasera. Su estado es crítico y requiere cuidados constantes, lo que obliga a mantenerla aislada junto a su madre y dedicarle una atención intensiva. «No sabemos si va a sobrevivir, pero lo vamos a intentar», asegura.

«No queremos que el lobo desaparezca, pero sí que se controle»

El ganadero insiste en que este tipo de ataques no solo suponen pérdidas económicas, sino también un importante desgaste emocional y de tiempo: «Para nosotros no son solo animales, hay mucho trabajo detrás».

Además, relata otro episodio sufrido el pasado 20 de febrero, que se saldó con la muerte de un ternero y en cuya ficha también quedó sin marcar la casilla de ataque de lobo: «Nos dijeron que podían haber sido perros salvajes, que aquí no los hay. Para nosotros es otro ataque de lobo no certificado».

Blanco reclama medidas más eficaces para controlar la presencia del lobo y evitar nuevos ataques. «No pedimos que desaparezca el lobo, pedimos que se controle. No queremos compensaciones, queremos que no ocurra», concluye, reivindicando la importancia del mundo rural y la necesidad de que se escuche a quienes viven de él.

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