Segundo paso por las cocinas de ‘MasterChef’ para la calagurritana Ana Jiménez. Y, la verdad, empieza a notarse. Lejos de buscar protagonismo a toda costa, ella se mueve con calma, casi con perfil bajo… pero dejando pequeñas pinceladas que dicen mucho. Desde el arranque del programa ya asomó ese papel de ‘madre’ del grupo: cuando un compañero presumía de ser muy organizado, ella, con media sonrisa, soltó un «sí, claro, organizado» que sonó a verdad como un templo.
En la primera prueba tocó algo tan sencillo -y tan traicionero-, como un sándwich ‘bikini’. Ahí, quizá por querer darle su toque, se le fue la mano con una ensaladilla que no convenció. Después llegó un atún con salsa de naranja, al que bautizó con cariño como ‘Mis creaciones: Claudia y Ander’. No fue ni de los mejores ni de los peores, pero con intención. Eso sí, el momento divertido llegó cuando Jordi Cruz le habló de una posible salsa Suzette y ella, sin rodeos, reconoció: «Pero si yo no sé qué es una salsa Suzette». Cuando Pepe Rodríguez se la comparó con algo más cercano, como las torrijas, lo entendió al vuelo. Cocina tradicional, ahí se mueve cómoda.
La prueba de exteriores, ambientada en México, no le dio tregua. Con el delantal rojo, su equipo no logró imponerse y eso la mandó directa a la prueba de eliminación. Ya con el negro puesto -y con la tensión que eso conlleva-, tocaba reconstruir un plato a partir del trabajo previo de otro compañero. A Ana le tocó Inma, la murciana… y aquí empezó a cambiar el tono del programa.
Porque lo que vino después fue, sencillamente, inolvidable. En plena faena, con la cocina en marcha, apareció Valeria Ross para interesarse por la relación entre compañeras. Y de ahí… al terreno de los «juguetitos» de la tienda de la murciana hubo un paso. Lo que empezó siendo una conversación cualquiera acabó derivando en un momento tan inesperado como desternillante. Entre risas, Ana describía su plato casi como si estuviera haciendo la cama: una base de puré de boniato, el bacalao encima, verduritas por aquí y por allá… todo controlado. O eso parecía.
Y yo quiero probar el «chup-chup»
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— MasterChef (@MasterChef_es) April 6, 2026
Porque de pronto irrumpió el famoso «chup-chup». Nadie sabía muy bien qué era, pero daba igual. Sirvió para encadenar preguntas imposibles: que si era para la bañera, que si explotaba, que si aquello funcionaba como el limón con las ostras. La escena se volvió completamente surrealista, con la cocina convertida en una mezcla de receta, comedia y charla de confianza. «¿Echas de menos a tu marido?». «Sí porque me lo paso muy bien con él, es que es dj», dijo recordando a Chusco Herreros, habitual en los tardeos calagurritanos.
Y así, casi sin darse cuenta, Ana Jiménez pasó de un programa discreto a firmar uno de esos momentos más divertidos de la noche. Y sobretodo sigue en las cocinas del programa gastronómico más televisivo.


