Con la mirada puesta en el cielo desde primera hora de la mañana y algunos paraguas en la mano por si acaso , la popular Borriquita se ha abierto paso entre palmas para dar el pistoletazo de salida a una semana de emoción, encuentro y nervios.
Muchos meses de preparación que se demuestran con el primer golpe al bombo, el paso firme y coordinado del paso y la coordinación de un acto que ha congregado a cientos de fieles y curiosos. La Hermandad de la Entrada de Jesús en Jerusalén tiene, no solo una de las imágenes que rompe la Cuaresma y da paso a la Semana Santa, sino que tiene la imagen que congrega a toda una ciudad: niños y niñas con sus ramas de olivos y chuches, familias enteras o grupos de jóvenes que ven atractivo quedar a las once y media a ver esta procesión.
Este año la procesión ha estrenado un nuevo recorrido mucho más compacto y recogido al no salir del Casco Antiguo. El miedo ha sido la tónica habitual durante las últimas horas, y no era para menos: un cielo parcialmente nublado y unas previsiones que no nos sacaban de dudas. Pese a ello, los cofrades han podido salir a las calles con la misma ilusión que hace un año.
- EFE/Raquel Manzanares
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