Hay ciudades donde el poder se esconde detrás de grandes edificios, pasillos interminables y puertas que solo se abren con acreditación. Y luego está Logroño, donde el poder a veces se sienta dos mesas más allá mientras te tomas el segundo café de la mañana. No exagero. Un día cualquiera basta con recorrer la conocida como ruta del pequeño Logroño del poder. Empiezas en el Tertulia —territorio natural de diputados y asesores parlamentarios—, cruzas hacia el Ibiza para escuchar cómo se arregla medio Derecho riojano entre café y pincho de tortilla, pasas por el Ditaly a ver gente de traje y corbata que se dedica al mundo de las finanzas y terminas en el Café del Mercado para calibrar el estado de ánimo de los empresarios. Si el día está especialmente animado, terminas en el Herrerías, donde los secretos duran lo mismo que una botella de Rioja abierta entre cuatro.
Es un circuito curioso. Casi cinematográfico. Algo así como El Padrino, pero con menos pistolas y más cafés cortados. Y en estos días previos a la Semana Santa, últimos festivos del calendario antes de que esto empiece de verdad, los movimientos comienzan a barruntar que «esto ya ha empezado». No hace falta preguntar el qué porque el calendario electoral siempre empieza mucho antes de que lo anuncien en televisión. Primero se nota en el ambiente, luego en las miradas y finalmente en los cafés. Porque mientras en Madrid discuten sobre temas que sólo importan en el circo mediático en el que han convertido todo lo que ocurre dentro de la M-30 y en Bruselas hablan de geopolítica sin saber qué hacer con Donald Trump, en La Rioja la política empieza a moverse de forma más discreta, doméstica y logroñesa.
El contexto tampoco ayuda a la tranquilidad. Las elecciones de Extremadura, Aragón y Castilla y León (que no pare la fiesta ahora con Andalucía) han dejado varias lecciones bastante claras: el PP gana, el PSOE sigue cuesta abajo y Vox se consolida como ese invitado incómodo que nadie quiere en la mesa, pero que siempre acaba apareciendo en el banquete. Las izquierdas, por su parte, están más perdidas que un turista en San Mateo buscando el Espacio Peñas. Y mientras tanto los regionalismos siguen funcionando… cuando son de verdad. Ahí están el BNG, Bildu, el PNV o ERC demostrando que el territorio pesa cuando detrás hay estructura, relato y una cierta ambición histórica. No basta con calzarse la boina y decir «lo nuestro primero».
La política, al final, es una mezcla curiosa entre Shakespeare y Aquí no hay quien viva. Mucha tragedia, mucha ambición y, de fondo, un vecindario que lo escucha todo a través de la pared. Y en el pequeño Logroño del poder ya se empiezan a oír cosas. El off the record comienza a funcionar en los cafés y los eventos como si fueran las tablas de Moisés recién bajadas del Sinaí. Los rumores circulan con una rapidez que ni el algoritmo de TikTok y las preguntas empiezan a aparecer sobre la mesa. ¿Quién será el candidato del PSOE en Logroño? ¿Rubén Antoñanzas volverá a presentarse por el PR? ¿Por qué cada vez se ve más a Miguel Gómez Ijalba y Rubén Gil Trincado (Por La Rioja) en determinados eventos públicos? ¿Conseguirá Ángel Alda (Vox) una estructura territorial que le permita aspirar a romper una mayoría absoluta del PP que se da por hecha? ¿Repetirá Henar Moreno o la Reina Roja abdicará para ser emérita? ¿Habrá algún tipo de ‘acuerdo marco’ entre varios partidos por las conversaciones en las que se ve últimamente inmerso Javier García (PSOE)?
Mientras tanto, el pasado reciente también sigue paseándose por la ciudad como esos fantasmas educados que no molestan demasiado pero tampoco desaparecen. ¿Qué fue de la consejera de Podemos, Raquel Romero? ¿En qué se habrán reconvertido todos aquellos políticos que pasaron por Ciudadanos? ¿A qué se dedica exactamente Concha Andreu en el Senado? ¿En qué andará Javier Merino por el Congreso? ¿Volverá Cuca Gamarra a aparecer en la política riojana o su órbita ya es definitivamente madrileña? ¿Alguien se acuerda de que tenemos a Esther Herranz y César Luena en el Parlamento europeo?
En realidad, la sensación general es bastante simple. Todos estamos en manos de Dios… y de Pedro Sánchez. El primero para nuestros términos vitales. El segundo para decidir cuándo se convocan las elecciones generales y convertir cualquier análisis regional en papel mojado. Porque ahí está la paradoja de la política riojana: se debate en los cafés de Logroño, pero termina condicionada por lo que ocurra en la política nacional. Así que, de momento, el pequeño Logroño del poder sigue funcionando como siempre. De momento son solo conversaciones de café, saludos largos y demasiadas coincidencias en determinadas mesas. Nada oficial, claro. Pero este nuestro querido ecosistema tiene una costumbre curiosa: cuando algo empieza a comentarse en voz baja… normalmente es porque dentro de poco alguien tendrá que decirlo en voz alta.


