Desde hace ya dos años, un grupo de vecinos y vecinas de Ezcaray venimos impulsando una recogida de firmas con un objetivo claro y legítimo: mejorar los servicios deportivos e infantiles de nuestro municipio. La respuesta ciudadana no pudo ser más elocuente. Cerca de 2.000 firmas avalan una demanda que no es caprichosa, sino profundamente necesaria para el bienestar de quienes viven aquí todo el año, especialmente niños, niñas y jóvenes.
Tras este respaldo masivo, los firmantes solicitaron formalmente al Ayuntamiento, mediante instancia general, una reunión para exponer propuestas concretas: la instalación de una pista multideporte, la creación de una ludoteca o de una zona recreativa cubierta que permita el ocio en los largos meses de invierno o en días de lluvia, así como el reacondicionamiento del polideportivo mediante sistemas electrónicos de acceso que faciliten el uso de sus instalaciones, incluido el gimnasio, incluso cuando permanece cerrado.
Sin embargo, lo que debería haber sido un proceso ágil de escucha institucional se convirtió en una carrera de fondo. Fue necesario salir en prensa para lograr, un año después, una reunión con el consistorio. En ella, el Ayuntamiento se comprometió a estudiar la viabilidad de las propuestas. A día de hoy, el silencio es la única respuesta.
Mientras tanto, Ezcaray sigue apareciendo en titulares por sus reconocimientos turísticos, por los murales que embellecen sus calles o por los festivales que dinamizan su vida cultural. También conocemos inversiones cercanas a los tres millones de euros dentro del Plan de Sostenibilidad Turística. Todo ello es positivo y necesario. Nadie cuestiona la importancia del turismo como motor económico, pero entendamos que en esas cuantías y en los Presupuestos Municipales en 2026 que ascienden a más de cinco millones de euros podrían estar incluidas partidas para lo que solicitamos.
Conviene recordar que un pueblo no solo se mide por su capacidad de atraer visitantes, sino por cómo cuida a quienes lo habitan. El bienestar de la infancia, las oportunidades de ocio saludable para la juventud y el acceso al deporte como elemento clave de salud pública no pueden quedar relegados a un segundo plano.
Ezcaray necesita seguir creciendo, sí, pero sin olvidar que su verdadera sostenibilidad pasa también por garantizar calidad de vida a sus vecinos. Escuchar a casi 2.000 personas no debería ser una opción, sino una obligación.
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