Cultura y Sociedad

Jorge Fernández y su Biznaga de Plata: «En lugares pequeños también pasan cosas grandes»

El director logroñés Jorge Fernández Mayoral acaba de alzarse con la Biznaga de Plata en la sección Cinema Cocina el Festival de Cine de Málaga. Lo ha hecho por su largometraje ‘Decían que aquí no había ná’, un recorrido por la eclosión gastronómica de Jaén. Pero detrás del premio hay algo más que una historia bien contada: hay una mirada, casi íntima, sobre un territorio que vive a la sombra de un único producto y que, sin embargo, esconde mucho más. Lo hace a través de los chef con estrella Michelín de la región.

– Viene del periodismo pero ha terminado dirigiendo documentales. ¿Cómo se produce ese cambio?
– Siempre digo que el alma periodística impregna todo lo que hago. Empecé en la radio en Logroño y también hice algunas cosas en televisión pero enseguida me di cuenta de que la información diaria, aunque es un trabajo apasionante, no tenía la profundidad ni la reflexión que a mí me gustaba. Sentía que necesitaba reposar más los proyectos, masticarlos, darles tiempo. Y justo en ese momento se me ofreció la oportunidad de empezar en una pequeña productora en Pamplona, donde trabajaban el documental e historias a más largo plazo.

– No es la primera vez que trabaja con la gastronomía como telón de fondo. ¿De dónde nace esa relación tan estrecha?
– Desde la agencia en la que trabajo gestionamos desde hace años la parte audiovisual de la Guía Michelin en España y Portugal, y eso nos ha permitido conectar muy directamente con todo el ecosistema gastronómico. Al final estás en contacto constante con chefs, con proyectos, con historias que giran en torno a la cocina. Además, también trabajamos en La Rioja con Francis Paniego, gestionando parte de su contenido audiovisual y su presencia en redes, y eso, junto con otros proyectos con diferentes cocineros, nos ha ido vinculando cada vez más a este mundo. Hemos hecho un documental sobre Asador Etxebarri y sobre Víctor Arguinzoniz, que está considerado el mejor parrillero del mundo, y más recientemente presentamos en el Festival de San Sebastián un trabajo sobre Joan Roca, un homenaje que le rendían otros chefs. Ese mismo documental también se proyectó en Málaga. Todo ese recorrido nos ha dado la experiencia y la confianza para afrontar este nuevo proyecto en Jaén.

– ¿Cómo nace el proyecto y en qué momento ven que ahí había una historia que contar?
– Teníamos en el radar lo que estaba pasando en Jaén, sobre todo a raíz de Pedrito Sánchez, del restaurante Bagá, que fue uno de los primeros en destacar. Pero el momento clave llega en la gala Michelin de España y Portugal de 2023. En una misma noche, varios restaurantes de Jaén reciben estrella Michelin, y uno de los chefs, Juan Carlos García de Vandelvira, sube con una camiseta reivindicativa. En cuanto lo vimos, entendimos que ahí había una historia. Nos enfrentamos también a un reto importante. No conocíamos bien Jaén y el miedo principal era caer en clichés, en contar lo que todo el mundo espera. Por eso, el documental se estructura precisamente en torno a eso: intentar ir más allá de esa primera imagen del olivar y preguntarnos qué hay más allá de eso.

– El caso de Jaén recuerda mucho al de La Rioja. ¿Le ayudó venir de aquí para construir esa mirada?
– Venir de La Rioja me hizo entender muy bien lo que significa un territorio que todo el mundo asocia a una sola cosa. En nuestro caso es el vino, y en Jaén es el aceite. Yo siempre he defendido que el vino es una bendición, que nos ha colocado en el mundo y que es algo increíble, pero también es verdad que a veces actúa como un tapón para contar otras historias que también existen. Y con Jaén pasa algo muy parecido. A partir de ahí, el trabajo fue de la mano de los chefs, de escucharles y de entender qué les hacía únicos. Ellos se abrieron muchísimo, y eso fue clave.

– Ambos territorios comparten también una fuerte apuesta por la gastronomía de excelencia. 
– Estamos hablando de dos territorios que tienen un peso muy importante en la alta gastronomía. Pero lo interesante es cómo se entiende esa excelencia. Muchas veces la alta gastronomía tiene ese estigma de ser algo pretencioso, y sin embargo lo que encontramos allí —y que también ocurre en La Rioja— es justo lo contrario. Hay una base muy fuerte de humildad. De saber de dónde vienes y de trabajar desde ahí. Una de las cosas más reveladoras del proceso fue cuando les preguntamos a los chefs con qué producto se identificarían. Todos eligieron productos muy sencillos, muy cotidianos: el huevo, la lechuga, las habas, la remolacha… cosas que forman parte de la cocina del día a día, de la cocina de aprovechamiento. Ahí es donde entendimos realmente la clave.

– Seguro que ya está metido en algo.
– Pues hay varias cosas en el horizonte, pero hay una que me hace especial ilusión y que tiene que ver directamente con La Rioja. Me encantaría poder hacer algo allí. Al final tenemos muchos vínculos, muy buenos amigos, y llevamos tiempo siguiendo historias que creemos que tienen mucho potencial. Por ejemplo, todo lo que rodea a figuras como Lorenzo Cañas, que ha sido una referencia y que además está muy ligado a gente con la que trabajamos, como Francis Paniego. Siempre hemos tenido esa idea en la cabeza: contar La Rioja de otra manera. Hay un dato que a mí me parece muy potente, que es el de La Rioja como región con más estrellas Michelin por habitante, y creo que es algo que se podría aprovechar mucho más a nivel narrativo. Es una puerta muy interesante para contar el territorio desde otra perspectiva.

– ¿Iban con la idea de ganar o el premio ha sido una sorpresa?
– Para nosotros, solo estar en Málaga ya era un éxito. Dentro del documental gastronómico hay dos grandes espacios, que son San Sebastián y Málaga, y formar parte de esas secciones ya supone una validación muy importante para cualquier proyecto. Es verdad que en Málaga compites solo con documentales, y al final piensas: bueno, hay pocas películas, tienes tus opciones… pero aun así no es algo con lo que vayas contando. Nosotros íbamos más bien con la sensación de haber hecho un trabajo del que estábamos muy orgullosos. Creíamos que la película tenía un mensaje potente, que iba más allá de la gastronomía. Es una reivindicación de los territorios que están fuera del foco, de esos lugares que no siempre aparecen en el mapa principal pero donde también pasan cosas muy importantes. Y pensábamos que ese mensaje era bastante universal. Luego, cuando llega el premio, pues es una alegría enorme. Porque de alguna manera sientes que ese mensaje ha llegado.

– ¿Qué les han dicho los cocineros después de ver el resultado?
– Lo más bonito, para mí, es que ellos ya eran de alguna manera un estandarte antes incluso del documental. Ya habían asumido la responsabilidad de representar a su territorio y de contarlo de otra forma. Pero con la película ha pasado algo interesante, y es que ahora cada uno hace suyo el discurso del otro. Lo que realmente ha cambiado es que se sienten como un grupo, como gente que tiene algo que contar juntos. Han pasado de ser posibles competidores —porque al final todos quieren llenar sus restaurantes— a entender que, si al de al lado le va bien, a ellos también les beneficia. Además, todos comparten una historia bastante similar: son hijos de una generación que tuvo que marcharse de Jaén, y ellos son los que han decidido volver. Y no solo volver, sino hacerlo con éxito, construyendo proyectos en un lugar donde nadie lo esperaba. Eso tiene una fuerza enorme. En el documental aparece también esa idea, inspirada en un texto de Antonio Muñoz Molina, donde se contrapone esa generación que se fue y no volvió con esta nueva generación que sí ha regresado y ha sabido poner en valor sus raíces.

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