Lo de este pasado miércoles en El Calado de la calle Ruavieja, 18 de Logroño ha sido un paseo por la Sonsierra y territorios de Rioja Alavesa de la mano de un productor de espíritu «sufridor» que ha creado un mapa genético a lo largo de once viñedos que ostentan la categoría de ‘Singular’. Un paisaje de suelos vivos que le ha servido para crear «vinos con más origen y menos maquillaje».
Así se presenta Juan Valdelana, la última generación en abanderar la bodega familiar de Elciego y el protagonista de la segunda cita del VII ciclo de Catas Underground organizado por NueveCuatroUno y Calado by Criteria de la mano de Argraf, Cartonajes Santorroman, Cork Supply, Ramondin e Intranox y maridado con los platos de Delicius Gastronomía.
Una cita en la que ha expuesto sus últimos diez años de esfuerzo, de búsqueda constante y sueños para descorchar cuatro referencias extraídas de algunos de esos ‘Viñedos Singulares’ y que completan este proyecto tan personal. Cuatro referencias, además, de maceración carbónica, por lo que la vinificación tradicional de Rioja Alavesa en la que el raspón y las bayas se elaboran en conjunto sigue muy presente en el hacer diario de este productor.

«La maceración carbónica fue el primer vino que elaboré. Este es mi modo de trabajar para intentar meter todo lo posible del campo en la botella. Estos vinos reflejan el paso del tiempo, porque simplemente somos transmisores de la naturaleza al consumidor y por eso no perder la maceración carbónica en mis elaboraciones supone no perder la identidad de un pueblo, mi identidad», sentencia Valdelana.
Desde ese blanco con alma de tinto que es Juan Valdelana Blanco 2022, un vino tiólico, «con seducción tanto en nariz como en boca», al recuerdo de los tintos finos de Rioja con el que se presenta Juan Valdelana Tinto 2022, un vino atemporal que evoca al fresón de huerta en palabras de su creador. Desde la potencia del blanco de VS Tronco Negro 2022 al tinto de VS Senda las Damas, catado en ‘premier’ y procedente de un viñedo plantado sobre roca madre de unos 40 a 80 centímetros de espesor para dar lugar a «auténticas esculturas» de cepas. «Todos son vinos con mariposas, algunos de una flor violeta, otros de pétalo de rosa blanca».

Todo ellos son los pequeños tesoros que, por suerte o por persistencia, Valdelana ha conseguido incluir en su mapa vitícola más personal, el que hace y deshace a su antojo, en el que juega, experimenta y crea. Pero sabe que todo esto no hubiera sido posible sin las manos de sus antecesores. «Las de esos viticultores que mantuvieron estas viñas viejas en pie antes de que yo llegara. Si queremos que corros de tierra sigan perteneciendo a manos de viticultores y no de grandes compañías hay que pagar sus uvas como se merecen. Si no cuidamos lo que tenemos, la gente no va a querer quedarse en los pueblos y en el campo, y así no se podrán mantener las tradiciones de un territorio, ni su música ni su cultura».


