El infortunio planea sobre la cofradía de la Virgen de la Soledad desde que hace dos años culminara la restauración del único manto que procesiona en la Semana Santa de Logroño. Una de las grandes joyas patrimoniales de la capital riojana que, en cambio, aún no ha podido lucir en todo su esplendor a causa de la lluvia.
Algunos aluden a una maldición, otros lo rebajan a la categoría de mala suerte. Pero, sea como fuere, la hermandad no se resigna y pone todo lo que está en su mano para ahuyentar a las nubes y que este próximo Viernes Santo, al fin, la Virgen luzca su manto con el mismo lustre con el que lo bordaron hace casi un siglo las Adoratrices. El hermano mayor de la cofradía, Luis Ducrós, afronta la próxima Semana Santa como si de una boda se tratarse y, por ello, ya ha programado una cita con las Clarisas para esquivar la lluvia.

Luis Ducrós, en su toma de posesión como hermano mayor de la cofradía.
– Tenemos la Semana Santa a la vuelta de la esquina, ¿cómo está siendo esta Cuaresma para la cofradía?
– Esta Cuaresma ha tenido muchos actos en Logroño, pero muy centrados en la apertura de Santa Teresita como sede de la Hermandad de Cofradías y en las cofradías que se instalan allí. Nosotros, que ya tuvimos hace dos años ese protagonismo con la restauración del manto, hemos optado por una participación más simbólica hacia el exterior, aunque de puertas hacia dentro el trabajo es siempre intenso: preparar una procesión -dos en nuestro caso (la hermandad también participa con la Dolorsa en El Encuentro)- implica mucho esfuerzo.
Este año hemos puesto el foco principalmente en la banda. Es una sección que trabaja durante meses, ensayando fines de semana, y creemos que merece tener visibilidad. Hemos participado en varios actos, como el Pregoncillo en la residencia de Santa Cruz, y en los próximos días estaremos en diferentes citas de la Semana Santa.
– Santa Teresita empieza a llenarse de cofradías: Flagelación, Cautivo, incluso Maristas valora su traslado… ¿Es una posibilidad que se plantee la Soledad?
– No. Nuestra sede es la concatedral de La Redonda. Ahí están nuestras imágenes, que además son propiedad del Cabildo. Nosotros las custodiamos y las procesionamos, pero pertenecen a la concatedral. Estamos muy a gusto allí y nuestra intención es seguir.

Detalle de la Virgen de la Soledad, en su paso procesional.
– ¿Cómo está su cofradía en lo social?
– Estamos en un gran momento. Este año se incorporan 17 nuevos cofrades y estamos en torno a los 200-210 hermanos. Para nosotros es un crecimiento importante, cercano al 5 o 6 por ciento. Además, las incorporaciones están muy repartidas: portadores, banda, acompañantes e infantiles. Y ya tenemos incluso personas que han confirmado que se quedarán el año que viene y este año participarán como invitados en nuestras procesiones.
– Todas las cofradías hablan de ese crecimiento. ¿A qué lo atribuye?
– Después de la pandemia se ha notado mucho. La gente ha redescubierto la Semana Santa y se ha dado cuenta de que las cofradías somos entidades abiertas, que no solo se accede a través de una relación de parentesco. Y como la gente que está llegando es joven, también atraen a otros jóvenes y esa es la clave.

El paso de la virgen, sin su palio. FOTO: EFE/ Raquel Manzanares
– ¿Qué no daría por ver, por fin, el manto restaurado en la calle? La lluvia está siendo inclemente con ustedes.
– (Ríe) Esta semana, y no es broma, vamos a visitar a las clarisas de Nájera y les vamos a llevar huevos para evitar la lluvia, como se hace con las bodas. Sor Josefa ya nos ha confirmado que nos recibirá y que luego haremos una oración para ver si realmente se cumple.
Desde que restauramos el manto, hace dos años, no hemos podido lucirlo en la calle; hay quien habla incluso de cierta maldición. No sé si llegará a tanto, pero lo cierto es que cuando lo llevamos a Málaga para restaurarlo cayó allí la mundial, diluvió. Cuando llegamos aquí y decidimos que en la procesión del Encuentro saliera la Virgen de la Soledad en lugar de la Dolorosa, como hacía 75 años, tuvimos que echar a correr antes de llegar al Espolón. Aquel Viernes Santo la procesión se suspendió por la lluvia y no pudimos salir. Y el año pasado, nada más salir de la Redonda empezó a llover y tampoco pudimos lucir el manto.

– Y, claro, eso ha alimentado la superstición.
– Lo cierto es que hemos tenido muy mala suerte y cada cual busca una explicación en distintos lugares. Hay quien apunta a que, cuando restauramos el manto, entre el forro y el bordado se introdujeron unos papelitos con oraciones que luego se reorganizaron en forma de pergamino para guardarlos… pero aún no están guardados. Y hemos decidido que el Domingo de Ramos, a la hora de montar el paso, se van a guardar. Por si acaso.
Y luego hay quien me atribuye a mí esa mala suerte, porque llevo tres años como hermano mayor y aún no he podido disfrutar de una procesión tranquila. Algunos me preguntan si voy a dimitir en caso de que llueva este año, pero lo que yo creo es que si eso sucede me echan antes de que dimita (risas).

La Virgen de la Soledad, bajo palio a las puertas de La Redonda.
– Como no va a llover, todas miradas irán dirigidas al manto. Pero también hay que reseñar la complejidad que implica procesionar con palio.
– Sí, tiene varias dificultades. Para salir de La Redonda hay que agacharse muchísimo, casi hasta el suelo, porque el arco no permite sacarlo a la altura habitual. Luego, al procesionar, al llevar varales impares se carga de forma desigual y eso hace que el paso cimbree. Y si hace viento, además el palio actúa como un paracaídas, lo que complica aún más el manejo.


