Las lluvias del invierno han dejado los montes riojanos empapados y con un aspecto que invita al optimismo entre los aficionados a las setas. Sin embargo, la temporada primaveral no ha arrancado con la fuerza que muchos esperaban. El exceso de agua y las bajas temperaturas nocturnas están retrasando la aparición de algunas de las especies más tempranas. Así lo explica el micólogo Josué Rodríguez, un profundo conocedor de los montes riojanos y de los rincones donde cada temporada brotan los primeros ejemplares.
«A simple vista parece que con tanta lluvia la temporada va a ser espectacular, pero ahora mismo hay demasiada agua y demasiado frío», resume. Según explica, la abundancia de precipitaciones ha dejado el suelo muy húmedo y frío, lo que ralentiza el desarrollo del micelio y, por tanto, la aparición de setas.
Uno de los mejores indicadores de esta situación es el marzuelo, una de las primeras especies que suele aparecer entre finales de invierno y comienzos de primavera. Este año, sin embargo, su presencia está siendo todavía muy limitada. «Ya tendríamos que estar cogiendo bastantes, pero se están cogiendo cuatro», comenta Rodríguez.
El problema vuelve a ser el mismo: el frío nocturno. En muchas zonas de montaña de La Rioja, especialmente en lugares como Canales de la Sierra o Ortigosa de Cameros, las temperaturas siguen bajando por la noche demasiado. Mientras las heladas continúen, la temporada no terminará de arrancar.
Aun así, el micólogo se muestra moderadamente optimista. Si las temperaturas empiezan a subir en las próximas semanas, la gran cantidad de agua acumulada en el suelo podría provocar una explosión de setas. «En cuanto suba un poco la temperatura, sobre todo por la noche, puede salir de todo», explica.
Algunas de las especies que podrían beneficiarse especialmente de esta situación son las que crecen en campas y zonas húmedas. Es el caso del perrechico o de la seta de cardo, dos de las especies más apreciadas en la gastronomía primaveral. También las riberas de los ríos podrían ofrecer buenas sorpresas con la aparición de colmenillas, otro de los grandes tesoros micológicos de esta estación.
Junto a ellas, en primavera también pueden encontrarse otras especies habituales como la senderuela, el champiñón silvestre o la seta de chopo. Más adelante, ya hacia finales de mayo o comienzos de junio, podrían empezar a aparecer incluso algunos boletus pinícola.
La primavera nunca ha sido tan generosa en variedad de especies como el otoño, pero las setas que aparecen en estos meses cuentan con una gran reputación entre los aficionados y en la cocina. “En primavera salen menos especies, pero precisamente por eso tienen más fama”, explica Rodríguez. Perrechicos, colmenillas o marzuelos se convierten cada año en auténticos trofeos para quienes recorren los montes en busca de estas delicadezas.
Sin embargo, la incertidumbre sobre la temporada no depende solo del tiempo de las últimas semanas. El cambio climático está alterando cada vez más los ciclos naturales de las setas. El otoño pasado, por ejemplo, fue especialmente pobre en La Rioja debido a la falta de lluvias y a las altas temperaturas que se prolongaron durante meses.
«Tuvimos un verano y un otoño sequísimos», recuerda el micólogo. Según explica, las estaciones se están volviendo más extremas: veranos más largos y calurosos, inviernos con cambios bruscos de temperatura que afectan directamente al crecimiento de las setas.
Mientras tanto, recuerda que la recolección debe hacerse siempre con respeto al entorno. La primera regla es sencilla: dejar el monte tal y como estaba antes de llegar. Rodríguez recomienda utilizar cestas o bolsas de malla, nunca bolsas de plástico, para permitir que las setas liberen sus esporas durante el transporte.
También insiste en recoger solo las especies que se conocen bien, ya que en primavera aparecen algunas setas muy tóxicas o mortales, como la amanita verna, que puede confundirse con otras especies comestibles.
Y, sobre todo, recuerda que el monte es un ecosistema que merece respeto. «Hay que respetar a todas las especies que nos encontramos y no olvidar que somos nosotros los que entramos en su hábitat», explica.
Por ahora, los aficionados tendrán que armarse de paciencia. Si el frío nocturno desaparece y las temperaturas comienzan a suavizarse, la primavera podría ofrecer todavía muchas sorpresas en los montes riojanos.


