La Rioja

«La regulación del aparcamiento no busca perjudicar al residente»

En respuesta a la queja de una vecina de la calle Marqués de la Ensenada de Logroño de la que se hacía eco El Sereno de NueveCuatroUno este martes, otro residente ha querido mostrar su opinión acerca de los problemas para aparcar en la zona a los que esta usuaria hace referencia.

«El debate sobre el aparcamiento no puede reducirse a que una calle esté vacía en un momento concreto ni partir de la concepción de aparcar como un derecho básico y fundamental de cualquier ciudadano. En este sentido, no comprendo cómo la existencia de plazas vacías en una zona que históricamente ha estado abarrotada puede perjudicar el acceso al aparcamiento. Me imagino que esta vecina estaría encantada con el hecho de tener que dar numerosas vueltas hasta lograr encontrar un sitio sin que eso le supusiera un agravio. La regulación del estacionamiento no busca perjudicar al residente, sino todo lo contrario: evitar la saturación permanente, el tráfico de búsqueda de aparcamiento y fomentar la rotación de vehículos que, de otra forma, podrían pasar meses sin moverse generando una mayor congestión. Es más, resulta contradictorio pensar que a mayor oferta de plazas de aparcamiento se resolvería la cuestión, ya que esto suele atraer más vehículos y provocar un problema mayor al que se pretendía subsanar, tal y como pasaba anteriormente», remarca Diego como vecino de la zona.

«El espacio público debe gestionarse desde criterios colectivos y no únicamente individuales. Plantear la pregunta de dónde aparcar mi coche está al mismo nivel que preguntar a las instituciones públicas dónde guardar la ropa o la comida después de comprarla. Y la respuesta es la misma, al igual que no exigimos armarios o despensas públicas en nuestras calles, exigir la cesión del espacio público para un uso privado y privativo es individualista y se aleja del bien común. La calle no es exclusivamente para guardar coches, es un recurso común que se rige por los principios de movilidad, residencia y convivencia urbana. Así, permítame decirle que como residente en esta zona estoy profundamente contento con la posibilidad de ver espacios abiertos, relativamente pacificados y tranquilos por los que transitar, tomar el sol en un banco o jugar con mis sobrinos sin preocupación. De la misma manera que se celebra el ensanchamiento de
aceras que se realizó hace unos años, es pertinente reconocer que una menor afluencia de coches hace de nuestra calle un lugar más seguro y apetecible para vecinas y comercios locales», incide.

«La cuestión no es solo dónde aparcar, sino qué modelo de ciudad se quiere construir y cómo repartir un espacio que nos pertenece a todos. Para mí, ante esta disyuntiva lo tengo claro: el interés general está por encima del uso ilimitado del vehículo privado. Y es que, a veces, que haya plazas libres no es un problema, sino la señal de que las cosas están funcionando como deberían», manifiesta Diego.

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